El artista Headache Stencil trabaja en un grafiti en su estudio de Bangkok (Tailandia) el 3 de septiembre de 2018. Foto: AFP | Romeo Gacad. El artista Headache Stencil trabaja en un grafiti en su estudio de Bangkok (Tailandia) el 3 de septiembre de 2018. Foto: AFP | Romeo Gacad.

Tailandia: arte urbano contra el régimen

En un país donde las manifestaciones políticas están prohibidas, algunos artistas tailandeses están llenando las calles de Bangkok con caricaturas del jefe de la junta militar en forma de gato o dentro de una señal de "dirección prohibida".

2018/09/24

Por AFP

En un país donde las manifestaciones políticas están prohibidas, algunos artistas tailandeses están llenando las calles de Bangkok con caricaturas del jefe de la junta militar en forma de gato o dentro de una señal de "dirección prohibida".

Headache Stencil se ha fijado el desafío de dar dolores de cabeza a los militares que dirigen el país desde el golpe de Estado de hace cuatro años, con el polémico jefe de la junta, el general Prayut Chan-O-Cha, a la cabeza.

Este artista forma parte de una minoría que ha dado un tinte político a su trabajo, en un país en el que, incluso antes del golpe, los artistas preferían mantenerse alejados de la política.

"Mi primera obra fue una imagen del primer ministro [Prayut] combinada con la del doctor Evil en Austin Powers", cuenta a la AFP este excreativo audiovisual.

El artista callejero Headache Stencil junto a su caricatura del jefe de la junta militar en una calle de Bangkok, el 4 de septiembre de 2018. Foto: AFP | Romeo Gacad.

Con la cara tapada, se prepara para una sesión de pegado de carteles en una calle cercana a su casa, en un suburbio de Bangkok.

Para denunciar la diferencia entre los presupuestos de educación y defensa, quiere llenar las paredes con su última creación: un militar en un balancín con una niña, manteniéndola en la parte alta, sin dejarla bajar.

"Tenemos más presupuesto para armas que para formar cerebros", denuncia Headache Stencil, de 36 años, que prefiere ocultar su identidad por seguridad.

Una de sus caricaturas, que representa al ministro de Defensa atrapado por su pasión a los relojes de lujo, tuvo tanto éxito en las redes sociales que la policía vino hasta su barrio barrio e intentó localizar su estudio.

Poco después el artista decidió retirarse durante un tiempo, sin llegar a exiliarse, como hicieron muchos intelectuales tailandeses.

Abogados

En Tailandia se puede ir a prisión por llevar una camiseta con un lema contra la monarquía o publicar en Facebook un artículo de la BBC considerado contrario a la realeza.

Headache Stencil participa en este momento en una exposición junto a otros grafiteros en la recién estrenada sede en Bangkok de la galería londinense Graffik.

Pero, ahora, antes de sacar nuevas obras, siempre consulta con un abogado, aunque eso no le impide denunciar los retrasos de la junta para organizar elecciones.

"No se puede jugar a este juego. Habría que dejar al pueblo que decida sobre su futuro", dice el artista, que está preparando una acción sobre esta cuestión que debería aparecer en las calles de la ciudad antes de fin de año.

También organiza talleres para jóvenes tailandeses que quieran iniciarse en el arte del grafiti de protesta, sobre todo en el norte y el noreste de Tailandia, dos regiones conocidas por su oposición a los militares.

Los artistas tailandeses que exponen en su país suelen ser apolíticos y tratan en sus obras temas como la religión o la vida privada.

El 19 de octubre, debería abrir la primera gran Bienal de arte contemporáneo del país, subvencionada por un multimillonario tailandés. El tema, "Beyond bliss" ("Más allá de la alegría") no debería incomodar demasiado a los militares.

Entre los 75 artistas que participarán en la muestra, que cuenta con cabezas de cartel como el pintor estadounidense Jean-Michel Basquiat y la artista serbia Marina Abramovich, figuran también tailandeses como el grafitero Alex Face y Kawita Vatanajyankur, especializada en performances.

La artista tailandesa Kawita Vatanajyankur usa su cuerpo para pintar una obra en su casa de Bangkok, el 6 de septiembre de 2018. Foto: AFP | Romeo Gacad.

Esta joven de 31 años empieza a abrirse hueco en el panorama internacional con sus videos, en los que se transforma —en su última serie— en una "herramienta de producción" de los obreros del textil.

En un estudio en forma de cubo instalado en el jardín de su casa, en un barrio elegante de Bangkok, se graba colgando cabeza abajo, con el pelo convertido en un pincel de imprenta o su cuerpo actuando como lanzadera de un telar.

Dice que no habla directamente de política, pero reivindica su compromiso para denunciar las condiciones de trabajo en sectores como el textil o la pesca.

"La explotación de los obreros y el tráfico de seres humanos es responsabilidad nuestra", insiste.

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