Joseph Beuys. Foto: Cortesía Cine Colombia. Joseph Beuys. Foto: Cortesía Cine Colombia.

“Un escultor social”. La polémica vida del artista Joseph Beuys

Era un artista, pero podría no haberlo sido si esta cuestión hubiese estado a su cargo, a pesar de que pintó, dibujó, esculpió, realizó ‘performance’ y enseñó en el nombre del arte como un motor de pacifismo. Un perfil del artista alemán, cuya polémica vida llega a las salas de cine en un documental de Andres Veiel.

2018/11/16

Por Ricardo Díaz Eljaiek

Este contenido surge de una alianza entre ARCADIA y Cine Colombia

La blanquísima piel de su rostro solía estar ensombrecida por el ala corta de un sombrero oscuro que llevaba siempre en su cabeza. Sus ojos, de un atractivo azul alemán, reflejaban cierta esencia timorata. Sin embargo, también eran la máscara de un pasado guerrero que muy conscientemente construyó y resultó en una lucha reivindicatoria que inspiraría en gran parte su versatilidad e innovación en el arte. Joseph Beuys, quien fue soldado nazi en la fuerza aérea alemana, sobrevivió a un accidente aéreo de la mano de una tribu de tártaros y le dedicó su vida de posguerra a un arte que promoviera la paz y la consolidación de la identidad del individuo. ¿Qué podría decirse de un nazi supuestamente arrepentido que, en el nombre del arte, probó hasta el chamanismo?

De la guerra al arte

Beuys nació en Krefeld, al occidente de Alemania, en 1921. De joven se mudó a Cléveris, en donde estudió la primaria y la secundaria, y donde empezó a cultivar sus talentos para el arte. Sin embargo, el clima político de la Alemania de mediados del siglo XX lo afectaría para siempre. En plena Segunda Guerra Mundial, entró con apenas 19 años a la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana. Hizo cinco años de servicio, en los cuales estuvo varias veces en prisiones de guerra británicas y tuvo un accidente aéreo que relataría de una manera rimbombante por el resto de su vida. En el recuerdo, su avión sufrió un accidente durante la batalla de Crimea (1944), en el cual murió su compañero y él quedó inconsciente, y una tribu de tártaros, quienes se presentaban neutrales en la guerra, curaron su brazo herido con aceite de animal y lo envolvieron en fieltro para mantener su temperatura. Seducido por el estilo de vida nómada, logró compaginar con la tribu y así sobrevivir.

En 1945 regresó a su hogar en Cléveris, donde pasó alrededor de diez años recuperándose de las heridas emocionales y físicas que le dejó su participación en la guerra. En esta suerte de retiro, Beuys consolidó una de las principales influencias en su arte. En la década de los cincuenta, sobrevivía con algunas comisiones de esculturas de bronce que le permitieron vivir durante ese tiempo. Sin embargo, la mayoría de su tiempo lo dedicó a los dibujos. A finales de la década, de 1957 a 1960, se dio el crecimiento en su postura respecto a su arte y su vida personal, que Beuys recordaría como los que aterrizaron su estilo. Además, en 1959 se casó con Eva Wurmbach, una estudiante de la academia en donde trabajaría dos años después.

Para 1961 ya estaba seguro de que quería dedicarle su vida al arte y se enfocó en su trabajo de performer, dejando en segundo lugar la escultura en bronce. Empezó a trabajar como profesor en la Academia de Arte de Düsseldorf. Al año siguiente se introdujo en el movimiento Fluxus, del estadounidense George Maciunas, en donde el proceso de producción artista recibía más atención que el producto y en 1969 presentó una de sus esculturas más icónicas: The Sled, un pequeño trineo de madera y metal acompañado de fieltro, tiras de tela, cera, una linterna y cuerda. Esta reminiscencia de su encuentro en Crimea con los tártaros fue descrita por él mismo como un “kit de supervivencia” se exhibe hoy en el MoMA de Nueva York.

Joseph Beuys. The Sled. 1969. Foto: MoMA.

“Un escultor social”

Beuys continuó explorando el concepto de escultura, ampliándolo hasta límites que, en ese momento, representaban un inicio abrupto. De la escultura de bronce pasó a la escultura general y luego a una más experimental, que se consolidó durante la década de los setenta. El 21 de mayo de 1974 aterrizó en el aeropuerto John F. Kennedy, en donde le hicieron las preguntas de rutina para los vuelos internacionales. Cuando inquirieron sobre su profesión, respondió: “Escultor. Un escultor social”.

Una vez en territorio estadounidense, efectuó uno de sus performances más icónicos: I Like America and America Likes Me. Dos hombres lo envolvían en fieltro, lo ubicaban sobre una camilla y metían dentro de una ambulancia. En ella, era transportado a toda velocidad de emergencia, con sirenas, luces intermitentes hasta la galería de René Block en Manhattan, que había sido transformada en un corral que contenía un coyote vivo. Con ayuda de una cobija, el cayado de un pastor y otros objetos cotidianos de la cultura norteamericana, como 50 copias del Wall Street Journal, Beuys estuvo encerrado en el corral por tres días.

Registro de I Like America and America Likes Me

El público observaba este “diálogo”, que lo mostraba a él con el cayado como un chamán. Pretendía así reconciliar de manera metafórica la cultura moderna, la primigenia y el mundo natural de los Estados Unidos. Con ella y con Celta + ----- (1970), en Suiza y Escocia, y Ausfegen (1972), en Alemania, empezaron los atisbos de activismo político, que fueron protagonistas de su pensamiento durante toda la década de los setenta: un aparente vuelco en su ideología con respecto a la guerra. Estuvo involucrado en la fundación de varios grupos entre cuyos objetivos se encontraban el desarmamento mundial, una mejor administración ambiental y reformas educativas.

También en esa década, Beuys empezó a sonar como un nombre polémico a grandes escalas. En 1970, Ursula Meyer escribió en Art News que “como profesor, Beuys supone una amenaza formidable ante sus compañeros”. En octubre de 1973 intentó forzar a la academia a la aceptación de todos los aspirantes, a través de movilizaciones estudiantiles. El primer intento fue un éxito, pero la segunda vez no se logró el objetivo. El 13 de octubre la policía tuvo que escoltarlo fuera de las instalaciones. Sin embargo, esto dio pie para una nueva obra: las fotos que se tomaron en las manifestaciones ese día, fueron impresas y distribuidas como postales bajo el nombre de La democracia es feliz.

Para ese entonces también estaba revolucionando la concepción que se tenía del arte. Su eslogan más famoso, “todo el mundo es un artista” fue una reflexión sobre qué significaba la palabra arte. Para él, el arte era una herramienta que todo el mundo, como entes creativos, podían usar para su propia transformación y la de la sociedad por medio de esas acciones que él llamó “esculturas sociales”. Por eso, protestaba con las palabras que lo recordarían hasta la actualidad: “No soy un artista en absoluto. Excepto si decimos que todo el mundo es un artista”. La más famosa de estas esculturas fue 7000 robles (1982), un proyecto de reforestación dirigido a las áreas destruidas por la Segunda Guerra Mundial, en donde sembró árboles a lo largo de la ciudad de Kassel en la documenta 12, cada uno acompañado de una piedra.

7000 acres, registro. Foto: Tate Modern.

El fin del siglo XX y el fin de su vida

En esa década, la de los ochenta, que presenciaron los últimos años de su vida, Beuys se dedicó a viajar el mundo en nombre de su controvertido arte y a explorar los últimos retazos de su creatividad en temáticas relacionadas con su próxima muerte. Llegó a destinos tan lejanos como Japón y Australia. Se recuerda la instalación El fin del siglo XX (Zúrich, 1985) y Palazzo Regale (Nápoles, 1985), en donde construyó un palacio reutilizando elementos anteriores de su arte con un nuevo enfoque, en un estilo autobiográfico. Es decir, el artista cantó su propio réquiem en sus términos personales.

En 1986 murió en Düsseldorf por una falla en el corazón, subsecuente a un largo periodo de enfermedad. Hoy en día, gran cantidad del pensamiento de Beuys permanece en la controversia. Algunos reclaman que incluso después de la guerra conservaba ideologías racistas provenientes del pensamiento de Rudolf Steiner. Este punto lo toca una biografía escrita por Hans Peter Riegel, para quien Beuys no fue un simple artista desquiciado o un genio inocente, sino que, por el contrario, era una figura reaccionaria y peligrosa.

A pesar de todo el debate, Beuys sigue siendo una figura fundamental para comprender el arte de la posguerra alemana y el desarrollo de la “escultura social” en los Estados Unidos y Europa. El año de su muerte recibió el premio Wilhelm Lehmbruck, en reconocimiento por su trabajo como escultor. Siete años después, el artista inglés Richard Hamilton diría: “ningún artista de su generación ha proyectado de manera tan poderosa esa disposición de su tiempo, legitimado por Duchamp, para que la vida del artista se convierta en su obra maestra”.  

Esa polémica vida del artista llega a las salas colombianas con el documental Beuys (2017), de Andres Veiel, que explora esa ambigua vida del artista, las polémicas sin resolver y sus obsesiones con la renovación espiritual de Occidente a través del chamanismo, mientras explora sus pasos marcados por una personalidad bromista que se toma muy en serio el concepto de arte.

‘Beuys’ llega a las salas de Cine Colombia en dos únicas funciones el martes 20 y el jueves 22 de noviembre a las 8:30 p.m. en Bogotá, Bucaramanga, Cali, Manizales y Medellín.

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