Fotograma de 'Afterimage' de Andrzej Wajda. Foto: Cortesía Cine Colombia Fotograma de 'Afterimage' de Andrzej Wajda. Foto: Cortesía Cine Colombia

'Afterimage': el canto del cisne de un genio del cine polaco

Sandro Romero Rey reseña la última película del director polaco Andrzej Wajda, sobre la tormentosa vida del pintor Strzeminski bajo el régimen soviético.

2018/06/14

Por Sandro Romero Rey

En 1998, el director Eugenio Barba escribió: “Wajda hizo una película precisamente para que yo estudiase teatro en Polonia. Era Cenizas y diamantes. La vi en Oslo, en el otoño de 1959. Fue como un puñetazo en el estómago”. Para los jóvenes artistas de su país, el nombre de Andrzej Wajda representó mucho más que un símbolo. Sus películas iniciales (Generación, Kanal, la citada Cenizas y diamantes) se convirtieron en danzas de rebeldía, a través del malogrado actor Zbigniew Cybulski conocido, en su momento, como el “James Dean del comunismo”. El cine de Wajda sería visto como una manera de entender el inconformismo hacia las utopías del socialismo, desde un país donde se mezclaba la irreverencia con el catolicismo, el jazz con Stalin, los estragos de la guerra, con las nostalgias de la paz.

Wajda fue un activo e incansable creador de formas, representante de una sutil manera de levantar la bandera de las respuestas contra el orden establecido. Tras la trágica muerte de su actor emblemático, el realizador le rendiría un homenaje a la joven estrella en la película de culto titulada Everything for sale, de 1969. En la década sagrada, muchos de los jóvenes realizadores de su país que comenzaron a triunfar en los festivales europeos, consideraron a Wajda su maestro. Creadores como Roman Polanski o Jerzy Skolimowski admiraron siempre la figura de este artista eternamente joven, quien esgrimió el escupitajo de la libertad con películas de distintos registros, hasta convertirse en un clásico de la primera mitad del siglo XX.

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En Colombia, sus películas llegaron gracias a los cineclubes y a la terca curiosidad de muchos amantes del cine de las catacumbas ideológicas. Sus dos films más beligerantes, El hombre de mármol (1976) y El hombre de hierro (1981) llegaron a nuestras pantallas por la puerta de atrás y, cuando el video casero terminó imponiéndose, rodaron de mano en mano hasta convertirse en films indispensable para una mirada crítica acerca de lo que sucedía más allá de la Cortina de Hierro. Gracias a este viaje, entre el azar y la búsqueda frenética, títulos como La tierra prometida o la inolvidable Las señoritas de Wilko, serían consideradas obras maestras entre los cinéfilos de todo el mundo. Cuando su trabajo pudo atravesar las fronteras, hubo obras de su numerosa filmografía que terminarían siendo delicias para los espectadores del mundo entero, como su visión personal de la Revolución Francesa a través de Danton (1983), protagonizada por la star Gérard Depardieu. Finalizando la década del ochenta, en la primera versión del Festival Iberoamericano de Teatro en Bogotá, se tuvo el privilegio de contar con una puesta en escena del gran maestro polaco: Crimen y castigo de Dostoievski. El acontecimiento sucedió en el Teatro La Candelaria y fue el testimonio más cercano de los impecables artificios creativos del gran creador polaco.

La inmensa producción de Andrzej Wajda se mantuvo activa hasta completar los noventa años. En 2016, el Festival Internacional de Cine de Toronto recibió con beneplácito la copia de su película Powidoki, la cual se tradujo como Afterimage y que, en los países hispanos, se ha conocido como Los últimos años del artista. El film, número cincuenta de su cuenta personal, es el retrato del malogrado pintor polaco Wladislaw Strzeminski, creador de vanguardia, víctima del realismo socialista y de las arbitrariedades del stalinismo. Con interpretaciones impecables, una puesta en escena de rigurosa amargura y una elegante reconstrucción de una época temible para los países del Este, Afterimage es el mejor ejemplo de cómo un artista puede irse de este mundo con la misión cumplida, concluyendo un proyecto al que le dedicase más de veinte años de su vida diseñándolo y puliéndolo, hasta rendirle homenaje a un pintor que cae en desgracia, tratando de mantener una ética y un impulso contestatario, más allá de las consecuencias.

La proyección de Afterimage en Colombia es la mejor manera de regresar a la obra de un genio del cine mundial y de acercarse, a través de la gran pantalla, a una manera de concebir la realización de films que pertenece a una época de rojas banderas y doradas respuestas de insatisfacción. Un mes después del estreno de Afterimage en el festival canadiense, el 9 de octubre de 2016, moriría Andrzej Wajda en Varsovia. Su nombre, desde hacía muchos años, ya estaba tallado en la placa de mármol de los que no van a desaparecer nunca.

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