Fotograma de 'La región salvaje' de Amat Escalante. Fotograma de 'La región salvaje' de Amat Escalante.

El director mexicano Amat Escalante estrena película en Colombia

El primero de febrero se estrenó 'La región salvaje', un mundo de conflictos psicológicos, sociales y sexuales, y un oscuro universo de ciencia ficción, que recibió el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Hablamos con su director.

2018/02/08

Por Camilo Rodríguez* Ciudad de México

Nacido en Barcelona por mera coincidencia, Amat Escalante ha vivido la mayor parte de su vida entre el bajío mexicano y los Estados Unidos. De su juventud recuerda la segregación cultural que presenció en la preparatoria norteamericana, donde hizo sus estudios, y las hermosas callecitas coloniales que recorría con fascinación en la ciudad de Guanajuato. De espíritu autodidacta y anárquico, Escalante dejó la preparatoria, y si bien trató de realizar estudios especializados de cine en Barcelona, se dio cuenta de que la academia lo sofocaba y desistió a los pocos días. Confiesa ser un cinéfilo apasionado –durante varios meses de su juventud estuvo viendo todos los días La naranja mecánica de Stanley Kubrick–. Guarda un gran cariño por Luis Ospina y, en cuanto al estilo de rodaje y al casting, siente una gran afinidad con Víctor Gaviria, en particular con su película Rodrigo D: no futuro.

El cine de Amat Escalante tiene un tinte provocador y exige una mirada no convencional. Sus películas encarnan una visión compleja, crítica y libre de la realidad humana, lo cual no se reduce a la denuncia social o al hiperrealismo, como se ha dicho en varias ocasiones. Sus personajes, muchas veces representados por actores no profesionales, se definen prácticamente durante el rodaje y suelen desmarcarse del maniqueísmo ético que solo incluye las categorías de “buenos y malos”, “protagonistas y antagonistas”.

La independencia creativa y el poder expresivo de la imagen cinematográfica son las directrices de su producción. Suele comparársele con Werner Herzog, Lars Von Trier y Bruno Dumont, pero su estilo es de corte claramente documental, incluso cuando la ciencia ficción entra a jugar un papel esencial en sus película. Su obra, además, es indisociable de la de su maestro y amigo, Carlos Reygadas.

Merecedor de reconocimientos como mejor director en el Festival de Cannes por su película Heli (2013) y en el Festival de Bratislava por Sangre (2006), Escalante enseña a apreciar más profundamente el cine, y con apenas 38 años se perfila como uno de los nuevos referentes del cine latinoamericano contemporáneo. Su película más reciente, La región salvaje, está en cines colombianos desde el primero de febrero.

Ha vivido bastante tiempo en Estados Unidos y México. Su madre es norteamericana y su padre, mexicano. ¿Cree que eso le otorga una mirada privilegiada?

No estoy completamente seguro de eso, pero cuando era joven, antes de decidir mi vocación, el hecho de estar entre los dos países me provocaba una nostalgia hacia el lugar donde no estaba. Y aun así no me siento ni de acá ni de allá. Haber conocido ambas formas de vida me hizo adoptar una mirada crítica hacia las cosas que no funcionan tanto en México y como en Estados Unidos. Recuerdo la división que había en la escuela pública donde estudié, una división racial y cultural. En México, en cambio, la división es de clase económica, pero ocurra básicamente entre blancos y morenos. Supongo que advertir ambas situaciones (y sus diferencias) causó una impresión particular en mí.

Entiendo que tiene una visión negativa de Hollywood. ¿Qué puedes decir al respecto?

No es que tenga una visión negativa, sino que me gusta probar cosas que en el cine de Hollywood no se pueden probar. Una película de Hollywood nunca podría hacerse como se hicieron Heli o La región salvaje. Aprecio mucho el hecho de no pertenecer a la maquinaria de Hollywood y ser libre tanto económica como creativamente. En La región salvaje nunca tuve a nadie que me dijera qué podía o qué no podía hacer, qué se vende y qué no, qué halaga a ciertas minorías o no. Esos parámetros son limitantes y nefastos para el cine. De todas formas, tampoco me considero “anti hollywood” porque también me ha inspirado mucho el cine de Hollywood.

En sus personajes hay una ambigüedad ética. Se asemejan mucho a los de realizadores como David Lynch, que produce películas con las que el público debe dejar de lado los típicos esquemas morales, que son cómodos.

Admiro mucho a David Lynch. Blue Velvet y Eraserhead son películas que disfruto mucho y fueron una gran influencia para mí. Respecto a los personajes, a mí me gusta que el público decida, como en la vida real. Tú decides quién es el bueno y quién es el malo. Cada quien decide cuál es el partido político “bueno” y rechaza al “malo”. En la vida diaria estamos rodeados de anuncios, mensajes y ficciones que te interpelan para que elijas de qué lado estás, por quién vas a votar, etc. Yo quiero simplemente traer esa sensación de la vida a mis películas.

Uno de los temas de La región salvaje es la ausencia de libertad como motivo de violencia. Eso sucede particularmente con un personaje que debe reprimir su homosexualidad, y aun así él mismo es un gran agente de violencia.

Buscar la raíz de la violencia es algo que siempre me ha interesado. Las afectaciones. Por ejemplo, en Heli trato de analizar por qué un adulto, varón, de cierta edad, puede llegar a cortar cabezas. Seguramente quienes vivieron eso tuvieron una infancia triste, olvidada o violenta. Aunque esas no son las únicas razones, me interesa mucho explorar ese proceso. En La Región Salvaje el personaje de Jesús quiere estar con un hombre pero la sociedad no se lo permite. Él, entonces, tiene que vivir una farsa. Eso es lo que crea en él tanto rencor y violencia.

Y el título de la película, La región salvaje, ¿cómo surgió? ¿Qué evoca?

Cuando enviamos la propuesta de la película a un fondo de apoyo económico, nos pidieron un título. Se me ocurrió en unos segundos, pensando básicamente en los títulos de las telenovelas. Creíamos que iba a ser provisional, pero lo interesante es que empezó a cobrar más sentido, sobre todo cuando la película empezó a aproximarse más a la ciencia ficción. Pensamos en el título como una zona geográfica, una región salvaje del mundo, pero también un lugar de irracionalidad en el inconsciente humano.

¿Y el género de la ciencia ficción? Muchos han hablado de Amat Escalante como un director realista.

Bueno, a mí siempre me ha gustado ver mi cine desde otro género, desde el género del terror. Soy un gran admirador de Bruno Dumont y siempre he querido filmar como si la cotidianidad fuera una película de terror. La región salvaje pidió un diseño particular y una banda sonora que se mueven entre la ciencia ficción y el terror.

En La región salvaje hay una criatura ficcional, una especie de pulpo que brinda placer y muerte a hombres y mujeres. ¿Cómo surgió la idea de integrar a este ser a la película? ¿A qué responde su presencia?

Muchas cosas de la película no estaban intelectualizadas antes del rodaje. Esta era una de ellas. De hecho, recuerdo cuando estábamos en el proceso de edición en París. Yo iba saliendo del metro y vi un pequeño perro chihuahua, luego alcé la mirada y descubrí la cara de Gaspar Noé, a quien conozco de varios encuentros y festivales. Nos reconocimos y comenzamos a hablar. En ese momento le hablé de La región salvaje, y desde entonces mantuvimos una comunicación constante. Yo creo que en ese proceso él fue muy importante. Según él, la criatura era una versión del “ello” de la teoría psicoanalítica de Freud: esa facción en la consciencia (inconsciencia) humana que se rige por el instinto. Después de documentarme un poco más, me di cuenta de que Gaspar tenía toda la razón y pude articular la idea para concretar ese ser.

Usted ha trabajado con actores naturales en sus películas anteriores, pero esta vez no fue así. ¿Por qué? ¿Y cómo ha sido esa experiencia?

Como lo he hecho otras veces, abrí el casting para captar actores de formación pero también aficionados. Para mí, desde el casting hay un proceso creativo gracias al cual voy encontrando voces y caras que me inspiran. Por eso nunca soy muy preciso en los guiones de los personajes. En La región salvaje hay tres actores que nunca habían actuado en cine. Una de ellos, Verónica (Simone Bucio), la encontré en Facebook y, de hecho, no tenía interés de actuar. Por eso también tuve un proceso particular con todos ellos. Los veía a parte y trabajábamos sobre el guión; repasábamos unas líneas y cambiábamos los diálogos para adaptarnos a sus personalidades. Fue algo que me pidió la película misma, su estructura.

No puedo evitar preguntarle sobre la violencia. ¿Cuál es la función de la violencia en su cine?

Siempre me ha inspirado la injusticia: el sufrimiento de alguien ante la felicidad de otra persona. En un país de contrastes tan dramáticos como lo es México, no es difícil encontrar historias o fuentes de inspiración. Cuando encuentro mi historia, trato de rascar, de informarme con notas de periódico y noticias para explorar e ir más adentro. Sin embargo, antes de cualquier denuncia social lo que más me mueve es el interés cinematográfico y el hecho de contar algo por medio de la imagen. Desde luego, eso no me hace insensible a la situación actual en México y es algo que me apena mucho. Lo comento con mi familia con frecuencia.

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