Sam Rockwell, Frances McDormand, Allison Janney y Gary Oldman, ganadores de las estatuillas de actuación de los premios Óscar 2018. Crédito: Frederic J. Brown / AFP. Sam Rockwell, Frances McDormand, Allison Janney y Gary Oldman, ganadores de las estatuillas de actuación de los premios Óscar 2018. Crédito: Frederic J. Brown / AFP.

Lo que la Academia premió (y lo que no)

Anoche, 4 de marzo, se celebró la ceremonia número 90 de los premios Óscar. Un repaso de los galardonados y de los olvidados.

2018/03/05

Por ÓSCAR GARZÓN

Durante tres horas y cincuenta minutos la industria audiovisual más poderosa de occidente fracasó mientras se aplaudía a sí misma: con 26 millones de personas sintonizadas en Estados Unidos, la ceremonia número 90 de los Premios Óscar de la Academia se convirtió en la ceremonia menos vista en su historia.  Al mirarlo como lo que es —un irregular programa de televisión en vivo de casi cuatro horas— no sorprende que los espectadores le sean esquivos. Como si se tratara de la campaña presidencial de un país no muy lejano, los productores de la transmisión intentaron de todo: hacer concurso de discursos cortos, cámaras escondidas, perros calientes gratuitos, dulces, canciones, robots y extranjeros entrañables, juegos y espectáculos. Y muchos famosos. Famosos ganando y famosos perdiendo a diestra y siniestra. Actores y actrices. Directores y dos directoras. Productores y guionistas. ¿Y de cine? De cine nada o muy poco. Política sí. Si bien no hay mucho cine, los Premios Óscar son la oportunidad perfecta para construir una imagen concreta: aquella del Hollywood liberal progresista que —de alguna manera— encuentra la manera para tener un segmento dedicado a la supremacía del poder militar estadounidense sin sonrojarse. A la luz de estos elementos en común (política y espectáculo) no resulta sorprendente que hayan sido elegidos los siguientes ganadores. Un breve análisis de las categorías principales con una sugerencia adicional para recordar todo lo cinematográfico que está por fuera de la mirada de la Academia.

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MEJOR GUION ORIGINAL / MEJOR GUION ADAPTADO:

Jordan Peele, Get Out

James Ivory, Llámame por tu nombre

Dos generaciones valiosas hicieron su relevo en el escenario. James Ivory se convirtió, a los 89 años, en el ganador más viejo de un premio Óscar. Si bien su adaptación pierde la poderosa narración en primera persona de Elio presente en la novela de André Aciman, su adaptación de Llámame por tu nombre es fiel al espíritu idílico y abiertamente romántico de la novela. Por otro lado, el comediante Jordan Peele logró convertir en sátira la frágil frontera entre los blancos liberales y la comunidad afroamericana. Curiosamente aquellos liberales que Peele satiriza en su película no son muy diferentes del prototipo liberal de la Academia que entrega estos premios. O no entendieron que la burla estaba dirigida a ellos o simplemente están comprando a Peele para que sea uno de ellos. No sorprendería que el año próximo Jordan Peele sea invitado a ser parte de la Academia. En ese caso, su película es su mejor consejo.

Fuera de la Academia:

Matías Piñero, Hermia & Helena

Esta historia del director argentino oscila entre la adaptación (en este caso Shakespeare) y la originalidad. Con diálogos excesivamente reflexivos y episodios que replantean la estructura general, Hermia & Helena nos recuerda que existen otras maneras de concebir la escritura para el cine lejos de la narración clásica que la Academia privilegia.

MEJOR DIRECTOR:

Guillermo del Toro, La forma del agua

Del Toro se convirtió en el tercer mexicano en ganar este premio en los últimos cinco años (Cuarón hizo lo mismo por Gravedad y González Iñárritu fue doble ganador por Birdman y El renacido). Su dirección está particularmente subrayada por la caricatura vacía de sus personajes, los giros predecibles de su guion biempensante y la música sentimental que amplifica lo ya informado. Si dirigir es construir un camino para la mirada, Del Toro quiere que veamos lo ya conocido. Y lo ya conocido aquí son caricaturas y posiciones morales seguras.

Fuera de la academia:

Amat Escalante, La región salvaje

Dirigiendo la mirada hacia el terror profundo del deseo reprimido, Escalante construye una de las secuencias más inquietantes con un monstruo: este sí realmente aterrador y seductor. Su mirada logra transitar con creces la frontera entre lo fantasioso y lo contemporáneo y es allí donde surge una de las más inquietantes críticas a nuestro tiempo.

ACTUACIÓN:

Gary Oldman, Las horas más oscuras

Frances McDormand, Tres anuncios por un crimen

Alison Janney, Yo, Tonya

Sam Rockwell, Tres anuncios por un crimen

Históricamente la Academia se ha inclinado por reconocer un tipo de actuación: aquella que es histriónica, camaleónica y metódica y que hace honor a la tradición naturalista de Stanislavski. Este año no fue la excepción. Las categorías de actuación de reparto premiaron a Alison Janney y a Sam Rockwell, dos actores que han construido una carrera sostenida en personajes secundarios que privilegian un tono cómico y que, muchas veces, terminan siendo presencias superiores a sus películas. En las categorías de actuación protagónica el tema en común parece ser la fortaleza y la construcción de un carácter en medio de la duda: Frances McDormand se contiene en igual medida que expresa dolor a través de su personaje, Mildred. Gary Oldman, en un tono completamente distinto al de McDormand, interpreta a Winston Churchill como la caricatura histriónica necesaria para crear un mito. Aunque su interpretación esté lejos de la pausa y la mesura presente en otros trabajos como Tinker Tailor Soldier Spy (2011) este premio es el reconocimiento a una carrera de uno de los grandes actores anglosajones.

Fuera de la Academia:

Kim Min-hee, On the beach at night alone

Más que una actuación clásica es la representación de un estado de duelo, desasosiego y reflexión. Sus gestos evocan el poder de la memoria, el pasado y la ensoñación. La actriz coreana construye de la mano de Hong Sang-soo uno de los personajes más memorables del cine oriental.

MEJOR PELÍCULA:

La forma del agua

Probablemente la película aparentemente inofensiva más engañosa en ganar este premio desde Crash (2005), esta liviana fábula en clave de romance pretende señalar los prejuicios sociales y ponerse de lado de los marginados a través de la conmiseración y el sentimentalismo. Sus caricaturas no revelan nada más allá de la caricatura misma y su monstruo no está a la altura de otras creaciones del mismo Del Toro. Que la Academia la haya elegido es apenas natural: en ella encuentra el reflejo para construir la imagen de empatía y belleza con lo marginal,  mientras que formalmente refuerza la tradición clásica de su industria.

Fuera de la Academia:

Zama

Rechazada por los grandes festivales además de la Academia, esta película argentina solo obtuvo un lugar fuera de competencia en el Festival de Cine de Venecia del año pasado (donde, por demás, también ganó la película de Del Toro). Zama, en sí misma puesta en los márgenes por los programadores europeos, explora el tema de la espera y la violencia inherente al colonialismo a través de la mirada de una de las realizadoras más importantes de nuestro continente: Lucrecia Martel.

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