Fotograma de 'Catalina' de Denijal Hasanovic.

‘Catalina’: una película europea con corazón colombiano en Eurocine 2018

El largometraje del director bosnio-polaco Denijal Hasanovic es una mirada a las cicatrices de la guerra y el dolor de la migración. Hablamos con Andrea Otálvaro, la actriz paisa que interpreta el papel principal.

2018/04/11

Por Ana Gutiérrez

Catalina está perdida. La joven colombiana huyó de la violencia que le arrebató su madre hasta llegar a Europa, para acabar en un pequeño cuarto del aeropuerto de Sarajevo, detenida momentariamente simplemente por el país de origen escrito en su pasaporte. Su misión es llegar a los archivos relacionados a los crímenes de guerra que se sufrieron en lo que hoy es Bosnia y Herzegovina, pero en vez acaba desposeída por completo en un país tan ajeno a ella que es casi como si fuera otro planeta. La rescata Nada, una mujer que trabaja registrando las memorias de las víctimas de la guerra, algo que le revela a Catalina las cicatrices de un conflicto ajeno y la necesidad de tomar las riendas de su propia vida.

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El largometraje del director bosnio-polaco Denijal Hasanovic cuenta con grandes nombres del cine de Europa del este, un estilo pausado y meditativo, personajes realistas y el protagonismo de Andrea Otálvaro. La actriz paisa encarna a Catalina, una joven que está desubicada en todos los sentidos. Lo único que la mantiene a flote es su amor por la escritura y su deseo de encontrar un camino en la vida. Otálvaro fue elegida luego de un difícil casting y su actuación impactó tanto a Hasanovic que cambió el título original de su largometraje para denominarlo Catalina. Es con ese nombre que llega a Eurocine como una de las 55 películas y 15 cortometrajes de 19 países que se podrán ver desde el 11 de abril hasta el 2 de mayo en las ciudades de Bogotá, Medellín, Bucaramanga, Cali, Pereira, Barranquilla y Barrancabermeja. La obra, cuya producción, rodaje y edición tomaron 6 años, cuenta con diálogo en polaco, bosnio, inglés, español y una que otra frase en francés. Es una película europea, pero su corazón es colombiano, y el conflicto que se vivió en el país es un espejo de la guerra que arrasó Sarajevo. Hablamos con Otálvaro sobre una producción compleja, extensa y fascinante.

Catalina está muy aislada en la película, al punto que en una escena se tiene que sentar en silencio mientras hablan idiomas que ella no conoce en la mesa. Bosnia y Herzegovina parece como otro planeta, como si ella fuera un alienígena. ¿Sintió algo similar?

Cuando llegué a Sarajevo me sentía extraña por no poder comunicarme casi con nadie, porque realmente la gente allá no habla ni inglés. De pronto los jóvenes hablan un poquito, pero en un mercado o con el taxista no puedes expresarte. Todo era por señas. El primer mes fue muy raro porque yo llegué antes que todo el equipo y estuve muy, muy sola, como Catalina, como un alien en una ciudad muy distinta con gente muy distinta.

Y yo amé Sarajevo pero con lo parca, o lo encerrada, que estaba Catalina al estar en otro país se ve la situación de muchos inmigrantes que en serio no tienen para dónde coger, ni dónde dormir, ni qué comer, ni con quién hablar. Quiero que la gente entienda que uno a veces en serio se queda bloqueado, te cohibes tanto que eres casi como un ente.

¿Cómo funciona una grabación así, en varios idiomas, con personas de distintos países?

El set era de bosnios y polacos: los polacos estaban encargados de toda la parte de luces y cámara, y los bosnios el equipo de catering, asistencia de dirección y todo lo demás. Entonces lo que se podía en inglés se decía así y los que entendían le traducían a los que no sabían. Entre los actores hablabamos inglés.

¿Cómo fue trabajar con ellos? Son nombres muy establecidos en el cine de Europa del este...

Todos eran súper tesos en realidad, y porque yo era la nueva me puse a investigar a Lana Baric, a Mirjana Karanovic y a Andrzej Chyra que son como los tres otros principales. Mirjana hace de la mamá de Nada, ella es una actriz muy respetada allá, es muy buena. Andrzej es una celebridad polaca de verdad, tanto que cuando estuve en la Embajada de Polonia acá en Colombia la señora que me atendió me preguntó que si le podía traer un autógrafo de él. Y Lana, que es de Croacia, ha estado en muchas películas, en televisión, en teatro. Pero yo estaba tranquila porque tenía la seguridad de que si el director me escogió era porque yo era la que necesitaba.

Es poco lo que se dice explícitamente sobre los personajes, muchas cosas se dicen por implicación o quedan sin resolver, casi como la vida misma. Al punto que cuando Catalina llama a su papá, solo oímos la parte de ella de la conversación. ¿Cómo lo manejaron como actores? ¿Tenían la historia completa?  

Nosotros sí teníamos la historia completa, pero también son cosas que van saliendo sobre la marcha con las decisiones del director, Denijal Hasanovic. De hecho los diálogos del papá de Catalina estaban en la película y las líneas fueron dichas por un actor colombiano, pero Denijal decidió quitarlos. Yo le pregunté a Denijal, el año pasado, cuando fuimos al festival de Varsovia, por qué dejó tantas cosas sin responder y me dijo “porque el espectador tiene que llenar lo que falta, hay que dejarle cosas para que pueda complementar la película”. Es muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en Colombia. Hasta a mi también a veces me pasaba, cuando me llegó el guion por ejemplo, que había cosas que no entendía sobre por qué pasó una cosa o la otra porque es que se ve sutilmente en la actuación o en una frase. Es una película que hay que ver pensando en los detallitos.

Andrea Otálvaro. Crédito: Daniel Reina

En la película recurre el conflicto, tanto el nuestro como el de Bosnia-Herzegovina, es un tema que siempre está en el trasfondo. ¿Es más fácil hablar de un conflicto ajeno para entender el propio?

El conflicto siempre está presente, está en ellos todavía, en el corazón y físicamente: nuestro productor tiene una cicatriz enorme en toda la cabeza. Son personas que tienen casi que nuestra edad, son un poco mayores pero son muy jóvenes todavía. Es una ciudad y un pueblo que admiré mucho porque se atrevió a perdonar. Conviven ahí musulmanes, judíos y católicos, nuestro set tenía gente de Serbia, de Croacia, de Bosnia, y ellos están otra vez unidos. Eso tiene que partir desde el perdón porque si no la vida de ellos nunca hubiera podido seguir. Cargan el dolor de sus propias historias pero pudieron perdonar.

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Una de las escenas más memorables de la película ocurre en torno a una mujer víctima de la guerra que va a dar su testimonio...

Si, es muy duro, ella va a contar y no puede, tiene un nudo en la garganta de una manera muy literal. Ellos sufrieron tanto, y fue una guerra tan absurda...todas las guerras lo son pero la de ellos fue como el tope de lo absurdo: tan cruel y tan dura y tan en la ciudad. La película reúne todos esos dramas de todas esas vidas, muestra que así sigas adelante nunca olvidas eso, lo llevas siempre. A nuestro director se le nota, siempre lo lleva, en la tristeza, la nostalgia, en la sensación de ser extranjero.

Ya que hablamos de él, ¿cuál es la conexión del director con Colombia? ¿Por qué decidió hacer una película con una protagonista colombiana?

Él quiere mucho Colombia, admira mucho la cultura del país, cita a Gabriel García Márquez y hasta oye la música de Shakira. Él quería contar esta historia desde que le tocó sufrir lo que es ser inmigrante, porque en un momento a él le toca dejar su país por la violencia. Entonces, se puso a investigar de qué otro país podía hablar que tuviera también esas cicatrices de guerra y así se familiariza con Colombia.

Catalina es un personaje que puede frustrar mucho, está muy paralizada frente a la vida, pero a la vez es fácil identificarse con ella y ese miedo. ¿Cómo encarnar una figura así?

Que bueno que lo dices porque a veces yo también viéndola pensaba “si no le grita Nada, le grito yo y el público va a querer hacer lo mismo”. Catalina está en un momento que está confundida, que le miente al papá sobre su vida, que no tiene a nadie más porque está en un país extraño y realmente no sabe a dónde coger. Ese despertar que le hace Nada es totalmente necesario. Ahí es que esa amistad entre ellas dos toma sentido: le dice que debe tomar las riendas de su vida, porque nadie lo va a hacer por ella. Eso es lo bueno de Catalina, porque por más que uno se desespere o se frustre o se impaciente viendo que es como más lenta en reaccionar, ella le dice a la gente que es uno mismo el que determina su destino.

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