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La oscura desnudez

Una mirada a la película biográfica que narra, con todos sus matices y rupturas, la corta vida del pintor Egon Schiele, la cual fue marcada por una profunda fascinación con los cuerpos femeninos. Se estrena en Colombia el 11 de enero.

2018/01/05

Por Lony Welter

Jugando en el tiempo, la película Egon Schiele: la muerte y la doncella del director Dieter Berner desentraña las relaciones del artista con su familia y sus amigos. Hijo de un burgués adinerado quien, enloquecido, lanzó al fuego todas las riquezas de la familia, Egon Schiele aprovechó su buena educación y su nombre para convencer a sus mecenas de apoyarlo y sustentarlo a lo largo de su vida. Fue apadrinado por Gustav Klimt y a pesar de su corta edad, la vanguardia lo reconocía como una figura importante.

Las curvas de una mujer desnuda nunca agotaron el pincel de este crudo pero sofisticado artista de mediados del siglo XX. Iniciando sus primeros estudios con la colaboración de su hermana menor Gerti, quien posaba para él como una fiel musa, se alimentaba el talento del astuto y seguro joven austriaco. Las figuras sombrías pero carnosas que caracterizan su obra surgieron muchas veces de azarosas posiciones reflejadas en un espejo. Este último elemento fue herramienta clave en las creaciones de Schiele.

La película plantea sobretodo la extrañeza del vínculo de Schiele con las mujeres que lo rodearon a lo largo de su vida. Su hermana, sus amantes, sus modelos y sus esposas: todas incidieron notablemente en su desarrollo creativo. Cautivador y atractivo, Schiele parecía tener un particular encanto que le servía para conseguir siempre lo que quería. El delicado límite entre la colaboración, la conveniencia e incluso el incesto, es recorrido constantemente por el personaje retratado en la película. Así mismo, la ambigüedad de su fascinación por la feminidad sugeriría en algún punto un atisbo de abuso. No obstante, la trama de la película no indaga en esto y deja al espectador la tarea de sacar sus propias conclusiones.

Mujer con Medias Negras, 1913, Egon Schiele.

Más allá de querer referenciar la vida de un pintor de manera cronológica y exacta, lo que la película propone es el estudio de una faceta de su personalidad que fue desarrollada extensamente en su arte. Esta obedece a sus instintos sensuales y claramente eróticos, y a su contemplación sobre la desnudez humana y su oscuridad. En su época hasta fue tildado de pornógrafo, calificativo que Schiele despreciaba, y con el cual hoy sería injusto y errado describirlo. El cuadro que da nombre a la película (Tod und Mädchen, la muerte y la doncella) llamó quizá la atención del director por la mirada directa de las dos figuras que parecen reconocerse en su desamparo, abrazados con ahínco sobre una sábana blanca en medio de un incierto entorno. La mirada de Schiele apunta a un querer capturar un movimiento o quizá un acercamiento entre seres humanos a quienes inevitablemente la muerte separará.

La muerte y la doncella, 1915, Egon Schiele.

Esta película también aborda la mirada masculina sobre el cuerpo femenino. El tema actualmente es un punto álgido y urgente por discutir en todo tipo de sociedades. El ejemplo de un artista de la talla de Egon Schiele podría dar un buen punto de partida para ejemplificar lo vulnerable y ambiguo que puede ser un vínculo entre un hombre y una mujer cuando se establece desde una jerarquía. En el caso de Schiele sus musas no siempre fueron beneficiarias de esa veneración romántica y poética. Varias padecieron el desencanto y el rompimiento, descubriendo una realidad en la que ellas, en últimas, no estaban más que al servicio del artista hombre.

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