Rami Malek interpreta a Freddie Mercury en 'Bohemian Rhapsody'. Rami Malek interpreta a Freddie Mercury en 'Bohemian Rhapsody'.

God Save the Queen: Jacobo Celnik comenta 'Bohemian Rhapsody'

El periodista musical y autor de 'Rockestra' (2013), 'Bob Dylan: a las puertas del cielo' (2017) y 'La causa nacional, historias del rock en Colombia' (2018), escribe sobre la reciente 'biopic' de Queen, protagonizada por Rami Malek y dirigida por Bryan Singer.

2018/11/06

Por Jacobo Celnik

De Queen y Freddie Mercury hay cientos de libros, documentales (el más completo es The Great Pretender), videoantologías y conciertos en Betamax, VHS, DVD y Blu-ray, estudios antropológicos, ensayos, ponencias, tesis de grado, especiales de revistas temáticas, minidocumentales de canales de televisión especializados en música (VH1 Behind the Scenes); todo lo que usted se imagine sobre su legado, existe. La oferta para entender su obra es amplia e infinita porque Queen es un ícono inmortal de la cultura popular del siglo XX. No solo de Inglaterra: de todo el planeta. Su impronta es tan amplia y trascendental como la de The Beatles, David Bowie y The Rolling Stones. Tanto, que en una encuesta realizada hace un par de años por la revista Q, la banda ocupó el segundo lugar como el mayor referente de la cultura británica, solo superada por Bowie, el preferido de todos los tiempos.

Pero, ¿qué ha hecho de Queen una banda tan especial, que aún mueve masas? En primer lugar, su música; en segundo, el poder de la voz de Mercury. Ningún cantante en la historia del rock ha logrado sus registros. Basta con escuchar, una y otra vez, “Somebody To Love”, “You Take My Breath Away”, “Who Wants to Live Forever” (en vivo en Wembley), “Stone Cold Crazy”, “Hammer to Fall”, “I Want It All” y “Love Of My Life” para entender lo que digo. Hay quienes rebatirían esta idea sustentando que Robert Plant (Led Zeppelin), Steve Perry (Journey), Jon Anderson (Yes), Francesco Di Giacomo (Banco del Mutuo Soccorso), Ian Gillan (Deep Purple) y Dennis de Young (Styx) deben estar en el Olimpo junto a Freddie. Eso nadie lo discute. Pero el número uno siempre, siempre, será el vocalista eterno de Queen.

Se acaba de estrenar en todo el planeta la película Bohemian Rhapsody, el tan esperado biopic del cantante Freddie Mercury, una obra que tomó más tiempo del necesario y esperado, y que además tuvo que superar varios escollos, como cambios importantes en su guión, protagonistas y director. Los caminos con Mercury son “amplios y tortuosos”, como diría The Beatles. Pero los productores eligieron un camino fácil para la narración, acertado en los momentos emotivos (revivieron la presentación de Queen en Live Aid con todas las de la ley: memorable) y, sin complicaciones en la trama, sabemos de antemano su final, uno en el que no era necesario profundizar. La película es un producto comercial, en toda su esencia, pensada para un público muy amplio y no tan erudito.

Bohemian Rhapsody cumple, entretiene y roba unas cuantas lágrimas de nostalgia y emoción. Parte de su éxito es que evitó cometer los errores de algunas producciones antecesoras en el género biopic que se enfocaron en acabar y pisotear el mito y la leyenda del personaje central. Eso sucedió con The Doors (1991), de Oliver Stone, un largometraje que se centró en los pecados, excesos y demonios de Jim Morrison, en vez de exaltar el legado del humanista, del poeta, del artista y una de las grandes voces de la historia del rock. Y en eso acertó el director Bryan Singer, un maestro de la narración (como demuestra en The Unusual Suspect, con Kevin Spacey y Benicio del Toro), quien entendió perfectamente la premisa de cuidar hasta el último detalle de la imagen de un personaje que ha resistido el paso del tiempo y que hoy, con más motivos de peso, es el reflejo vivo de la grandeza del rock.

Singer no quiso equiparar su película con Walk The Line (2005), el impresionante filme sobre Johnny Cash o imitar a Ray (2004), el largometraje sobre Ray Charles. El director y los guionistas recorrieron un camino propio para revivir el mito a su manera y a la manera que el seguidor se los iba a agradecer. Pudieron construir un melodrama en torno a la complicada vida de Mercury (la relación con sus padres, su homosexualidad, su ser migrante, entre otros aspectos), al tiempo que muestran el camino que recorrió el cantante para cumplir sus sueños y sus metas con Queen para ser un campeón, a pesar de las complicaciones del entorno del rock y los excesos, tratados con mesura —no hay sexo, solo unos cuantos besos; ni tanta droga, salvo unas líneas de cocaína regadas en una mesa—.

En la película prima la música, prima el rock and roll y el retrato de un ser solitario que salió adelante a pesar de que se cansó de buscar el amor y de que no supo cómo enfrentar sus temores. El actor Rami Malek logra una interpretación magistral, muy acertada y acorde con el personaje. Seguramente recibirá nominaciones y premios por su esfuerzo. O tal vez no: no pasa nada. No es fácil hacer el papel del cantante más grande de todos los tiempos. Varios lo intentaron, en la vida real y en la ficción, y murieron en el intento. Que lo digan Paul Rodgers y Sacha Baron Cohen.

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La crítica, especialmente la prensa británica, no ha sido benévola con la película. Pero nunca lo fueron con Queen, siempre los atacaron por pretender sonar como Led Zeppelin, por admirar a Hendrix, por seguir los pasos de Bowie, por los arreglos de “Bohemian Rhapsody”, por hacer música disco y sintetizada en Play The Game, por el álbum Hot Space, por la banda sonora de Flash Gordon, por el clip de “I Want to Break Free”, por A, por B o por C, usted escoja un aspecto y ahí estará la mirada negativa de la prensa británica. Mi sugerencia es que no se deje contaminar por las opiniones de terceros o si el portal IMDB le da 8.4/10. Vaya, véala, llore en silencio como yo lo hice, como lo hizo hasta mi amigo Sandro Romero y la reina que estaba a su lado. Disfrute de la banda sonora de su vida, de mi vida, de nuestras vidas. Eso es la música de Queen, eso significa.  

Bohemian Rhapsody es y no es una película para seguidores acérrimos, no es, en definitiva, para doctores, críticos y especialistas en el tema Queen, porque se centrarán solo en los errores argumentales y en los anacronismos, que son varios (¿no hubo un editor de contenidos y fechas?) y que un fan del grupo los notará con facilidad. Pero eso no importa ahora. Eso se lo dejo a los periodistas de The Guardian que se han dedicado a masacrar la película. Porque la crítica válida y legítima le pertenece a los seguidores desinteresados del grupo. A los que tararearon, sin parar, “The Show Must Go On”, mientras pasaban los créditos finales de la película, como sucedió hace un par de días en el cine de Iserra 100 en Bogotá. ¡Sublime!  

***

P.D. Aquí una selección de las canciones más memorables en la voz de Mercury:

  1. Tie Your Mother Down (A Day At The Races)
  2. Princes of the Universe (A Kind Of Magic)
  3. Hammer to Fall (The Works)
  4. I Want It All (The Miracle)
  5. Las palabras de amor (Hot Space)
  6. You Take My Breath Away (A Day At The Races)
  7. Mustapha (Jazz)
  8. Melancholy Blues (News of the World)
  9. The Prophet´s Song (A Night At The Opera)
  10. Stone Cold Crazy (Sheer Heart Attack)
  11. Friends Will be Friends (A Kind Of Magic)
  12. Death On Two Legs (A Night At The Opera)
  13. Too Much Love Will Kill You (Made in Heaven)
  14. The Show Must Go On (Innuendo)
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