Judy Garland y Shirley Temple vivieron como nadie antes el escrutinio del público y sus consecuencias. Fueron las primeras estrellas infantiles en la maquinaria de Hollywood. Foto: David Hindley Judy Garland y Shirley Temple vivieron como nadie antes el escrutinio del público y sus consecuencias. Fueron las primeras estrellas infantiles en la maquinaria de Hollywood. Foto: David Hindley

"Es fácil olvidar que Judy Garland fue como el primer hombre en la luna", Rupert Goold

ARCADIA habló con el director de ‘Judy’, cinta que navega la vida y obra de la legendaria actriz y cantante. Por su impresionante rol protagónico, Renée Zellweger fue nominada a Mejor actriz en los Globos de Oro y le apunta a un premio Óscar.

2019/12/13

Por RevistaArcadia.com

Rupert Goold no tenía, hasta ahora, más que una película a su haber como director de cine: True Story (2015), en la que trabajó con James Franco y Jonah Hill y logró un atrapante drama periodístico. El teatro ha sido su hogar natural y, desde esa inspiración, se proyectó a la televisión con producciones de corte shakespeariano como The Hollow Crown (2012), en la que dirigió a Jeremy Irons, Ben Wishaw y Tom Hiddleston, entre otros prominentes actores.

Ahora da su mayor salto al estrellato al dirigir a Renée Zellweger en Judy, una cinta partiuclar sobre una figura más que particular: Judy Garland. Tanto él como su protagonista fueron a extremos por conseguir el mejor resultado, y si bien las primeras reseñas no fueron tan amables, con el paso del tiempo y conforme llega a más audiencias, ha ido enamorando al público. 

ARCADIA habló con Goold  sobre este drama, sobre su protagonista y sobre la mujer cuya vida inspiró esta poderosa interpretación. Esto dijo.

¿Es cierto que Renée Zellweger empezó a prepararse más de un año antes de empezar el rodaje?

Sí. Nunca tienes muy claro cuán seriamente alguien se va a tomar un rol, pero ella sabía que su interpretación tenía que ser trascendental, tenía mucho en juego. Todo se construyó alrededor de Renée, de la creencia que su interpretación llevaría la película. Judy no es como Bohemian Rhapsody or Rocketman, en las que tienes canciones muy conocidas cada cinco minutos. Aparte de ‘Somewhere Over the Rainbow’, la mayoría no conoce las canciones. Percibí lo nerviosa que estaba, en un constante estado de negación, pero me gustaba ese nerviosismo pues demostraba humildad frente al reto. Al final, la magia que conseguimos en el escenario es la sumatoria de miles de pequeños ladrillos, de maquillaje y vestuario, de práctica y ensayo de canto. Y construyes y luego quitas el andamiaje y ahí se revela el personaje.

¿Tomó elementos de la obra teatral ‘End of the Rainbow’? 

El secreto horrible es que no la vi. Asumí el proyecto como una película en su propia ley y solo leí el guión de la obra en un punto avanzado de la película. La idea básica partió de ver la historia desde el final de su vida, decisión que podía dar unidad al caos y particularidad de la vida de Judy.  Para desarrollarla, fuimos integrando el periodo de El mago de Oz, enlazando las relaciones entre ambos periodos y explorando cómo mucho de lo que tuvo que luchar, y de sus sueños y esperanzas, partieron de lo que se le negó a una joven edad. 

¿Qué trasladó de su experiencia en el Almeida Theatre al rodaje de Judy? 

Creo que la proximidad con los intérpretes. Hay algo en pasar tiempo con los actores en los ensayos, trabajando con ellos, que te acerca a ellos y te permite ver el efecto que tiene, lo que sucede en sus ojos, especialmente con cantantes. Y me gusta la idea de captar algo de eso. El trance en ello, el gozo en ello, a veces el costo que tiene también: el aislamiento, el shock y el agotamiento. Estás por tu cuenta allá afuera, pero también frente al enorme acto público de recibir el amor o el juicio de la audiencia.

"Amaba actuar y nació para hacerlo, así tuviera una relación difícil con los escenarios", dice Goold sobre Judy Garland.

Este rol es uno que no muchas actrices podían haber asumido...

Fue genial encontrar a Renée. Creo que hubiéramos podido tomar otro camino, doblar la voz de alguna manera. El hecho de que Renée sea una ‘comedienne’ es genial, el que sea pequeña, como lo era Judy Garland, también, pero fue mucho más que eso. Renée tiene una cualidad humana, la gente siente que la conoce, algo que le sirvió mucho en Bridget Jones, ser una mujer que es todas las mujeres. Garland tenía esa cualidad, ella no era una Ava Gardner o una Marilyn Monroe, pero tenía algo que en la gente provocaba abrazos, cercanía. Le hablaban como si fuera parte de sus familias. Con Renée pasa algo similar, y no es que sea vulnerable de manera innata, pero se siente como una más. También me interesó que Renée se tomó su tiempo y distancia de la industria y, claramente, sintió en esa intensidad de Hollywood algo abrumador, ¿quién no? Sin embargo, regresó más madura y hambrienta. Eso también fue interesante en relación con Judy, quien se reinventó varias veces y vivió periodos en los que la gente la dejó de lado y descartó para papeles de cine, televisión y giras de conciertos. Y ella volvía con algo trascendental, usualmente con un pequeño cambio de imagen.   

¿Qué reacción tuvo al verla por primera vez como Judy? 

Hicimos un test de cabello y maquillaje particular, después de otros cuatro o cinco. Y enfocamos la cámara en ella, con una peluca de vinilo, maquillada, y con sus dientes y vestuario. Todo el mundo pensó “caramba, se ve increíble”, mientras yo pensaba “se parece muchísimo pero algo falta”. Solo ese primer día de rodaje vi el personaje. La imagen ya estaba, pero ese día llevó esa vida interna, como lo hacen los grandes actores.  

¿Qué tan disfrutable fue enmarcar la cinta en la Londres de los años sesenta?

La ciudad en esa época tenía cualidades casi oníricas, se vivía el máximo pico de la psicodelia. Cuando llegó, Garland debió sentirse parte de otra era, de los cuarentas, cincuentas, mientras se vivía a lo ‘Carnaby Street’. Claramente ella se arrojó al mundo social de Londres y su teatralidad natural respondió a las modas de ese periodo. De hecho, uno de los grandes placeres de hacer la cinta fueron los vestuarios extremos que en parte eran clásicos de Garland (diamantes y colores magníficos) y en parte extravagancia de los salvajes sesentas.

También había en esa Londres una cualidad salida de Oz, personajes extraños en lugares extraños, y ella se muda de de esa ortodoxia brillante y limpia de California a la bohemia excéntrica, y vivió experiencias extrañas en bares y hoteles. Creo que Londres era más tolerante con sus debilidades y de alguna manera las abrazaba. Cuando mostramos la película en Estados Unidos, hubo un cálido recibimiento por lo que era la ‘gloria’ de Judy. Los británicos tienen un amor innato por aquellos que son algo vulnerables y dañados, casi en la onda de Amy Winehouse.

Creo que transmitimos eso y también creo que ella va a cobrar distintos significados en países distintos. Espero que lo universal sea ver a Judy,  una madre soltera trabajando en medio de los problemas de la vida real como ‘No tengo plata’, ‘Quiero la custodia de mis hijos’ y, aparte, esa extrañeza caricaturesca de ella. También espero que perciban a una mujer con un corazón enorme y trata de hacer lo mejor para su familia. 

¿Rene´e Zellweger le dijo que le aterrorizaba cantar en vivo?

También estamos filmando ese terror. En parte la película mira a lo que significa ser famoso y lo que puedes sentir cuando crees que no puedes estar a la altura de las expectativas. Garland sintió eso, y le dije a Renée “toda esa ansiedad que sientes, la sentiremos en cámara”. No quería una voz doblada, quería que Renée cantara, quería ver a Renée en Judy. 

Esta no es una ‘biopic’ estándar, se enfoca en un punto muy específico de la vida de su personaje...

Creo que Garland tenía un deseo muy claro: quería sobrevivir estas actuaciones, ir a casa para luego retirarse y no volver a hacerlo nunca más. Creo que ella sabía que estaba asumiendo algo en contra de su buen juicio, y le consternaba salir ilesa porque sabía qué efecto tenía en ella cantar y actuar, qué efecto tenía estar lejos de casa y viviendo ese estilo de vida. Así que para ella se trataba de un acto completo: “Si logro llegar al final de esto, puedo salir con dinero para vivir el resto de la vida. Así como quien apuesta que tiene una mano por jugar y quiere hacerlo bien”.

Parte de la magia de la cinta viene de la extravagancia natural de Garland y de la extravagancia de los sesentas en Londres. Aquí, con su joven marido Mickey Deans, interpretado por Finn Wittrock.

En este periodo, Judy Garland también se casó por quinta vez con Mickey Deans, alcanzó a vivir algo de alegría en ese punto de su vida?

Sí, lo fue, y se casó con alguien mucho menor que ella, una jugada de una ‘cougar’ antes de que el término existiera. Una de sus fallas fatales era su necesidad de atención. Era una mujer fuerte e independiente pero se la pasaba entregando su vida a hombres  inútiles o, en su efecto, que si bien tenían buenas intenciones no sabían cómo navegar la situación. Creo que las raíces de esto vienen de su infancia, con un padre gay y ausente. Así que buscó figuras paternas sustitutas, una de las cuales fue la cabeza de estudio Louis B. Mayer, quien tuvo una gran influencia en su vida profesional. Garland fue una romántico incurable y siempre creyó que ese hombre que venía era el adecuado.    

¿Por qué escogió a Rufus Sewell para interpretar al tercer marido de Judy, Sid Luft?

Sid era un tipo musculoso, en el buen sentido y en el malo, un macho alfa dominante. Con Judy tenían una relación volátil pero fueron los amores de la vida del otro. Era un rol complejo, él juega al malo, quiere llevarse a sus hijos mientras a la vez le dice “sé lo que te hace sufrir y contar lo que luchas, pero el que estén conmigo es por el bien de ellos”. Rufus es un actor romántico, un gran actor, y quería que la audiencia sintiera que aún casada con Mickey Deans, si Sid le hubiera dicho “reconstruyamos nuestro matrimonio”, hubiera podido suceder.

Mencionó antes el tema de Judy como una madre soltera y trabajadora, y cómo eso iba a conectar con mucha gente...

Me conmueve mucha la imagen de ella “alimentando” el teléfono para hablar con sus niños. Para quien sea que viva una separación así, es algo muy duro, y hoy lo es un poco menos con Skype y Facetime. No en su época, donde ir de gira reducía mucho esa ventana y hacerlo en diferentes husos horarios lo dificultaba aún más.

No suele pensarse en Garland como una madre soltera y trabajadora, pero eso fue por mucho tiempo.

Usted acude a un flashback en el que Judy prefiere regresar por un aplauso más de la audiencia antes que salir en una cita con Mickey Rooney...

Sí, algo aterrador para el 99 por ciento de nosotros es para algunas personas algo con lo que nacieron. Aún si Judy sentía terror frente a la gente, también sacaba de esa experiencia una extraña energía cinética.

¿Cree que el sistema de Hollywood en la época la dañó de por vida?

Ahora tenemos muchos estudios y exploraciones sobre los abusos sistémicos del poder en la sociedad. Y es fácil olvidar que Judy fue como el primer hombre en la luna. Ella y Shirley Temple fueron las primeras en ser globalmente famosas desde niñas, así que vivieron cosas que nadie más vivió en términos del escrutinio público y de la enorme presión que conllevaba. Los estudios tenían que manejar esa situación y, en su defensa, se puede decir que en la época no tenían lugar las discusiones sobre salud mental que hoy suceden. Ahora, había cabezas de estudio que claramente facilitaban malas prácticas y abusos, y algunos fueron crueles y manipuladores con ella. Además venía de una familia bastante extraña para la época, y su padre era abiertamente gay. 

Judy empezó a actuar a los dos años, vivió una vida muy poco ortodoxa, y todo sumó a la manera en la que terminó. También tengo que decir que amaba actuar y nació para hacerlo, así tuviera una relación difícil con los escenarios y, sin duda, por medio de sus adicciones vivió noches y experiencias terribles; pero cuando funcionaba, no había otro lugar más feliz para ella.

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