Fotograma de 'El pacto de Adriana', de la chilena Lissette Orozco. Fotograma de 'El pacto de Adriana', de la chilena Lissette Orozco.

La duda familiar: sobre el documental chileno ‘El pacto de Adriana’

Estrenado el pasado 19 de julio, este documental chileno, escrito y dirigido por Lissette Orozco, remite a temas álgidos en lo que respecta el esclarecimiento de sangrientos procesos sociopolíticos no solo de Chile sino de toda América Latina.

2018/07/27

Por Lony Welter

“Me crees, ¿verdad?”, parece insistir Adriana Rivas, la protagonista del documental de la cineasta chilena Lissette Orozco. Su cara expresa dolor, angustia y tristeza desesperada. Su sobrina, Orozco misma, la escucha atenta y paciente, mientras ella a su vez se embarca en una investigación sobre el pasado de su país y la dictadura militar, entretejiendo la juventud de su tía y sus vínculos más cercanos con importantes figuras políticas de la cúpula de Pinochet.

Orozco, quien debuta como directora con este trabajo, no se detiene a mostrar en detalle el proceso del golpe, ni las oscuras décadas que lo precedieron, en las que el país sufrió una represión extrema. En cambio, y por una necesidad natural y auténtica, se enfoca en dibujarnos a su tía “Chany”, quien estuvo presente a lo largo de toda su infancia y adolescencia, procurándole a la directora desde pequeña una cierta mirada de mundo más abierta, libre y audaz que la que tenía el resto de su entorno familiar. Su admiración, amor y respeto por ella la llevaron a querer indagar más sobre su vida, cuando su tía resulta estar presuntamente involucrada en una serie de cuestionables y siniestras actividades que se llevaron a cabo varias décadas atrás, mientras trabajaba como secretaria en un ente estatal chileno.

A través de numerosas conversaciones vía Skype, de fotografías, entrevistas y llamadas telefónicas, Orozco va penetrando en la persona que su tía alguna vez fue, y va tomando conciencia y perspectiva de lo que su indagación y su decisión de llevarla a cabo poco a poco forjan: un testimonio impaciente que la confronta con una nueva consciencia. Y es que lo que sucedió hace años aún conserva una vigencia devastadora de la cual nadie puede olvidarse voluntariamente, y aunque evocarla sea lo correcto, esto no sucede sin que signifique la destrucción de un statu quo a cualquier nivel y de cualquier tipo.

Tráiler de El pacto de Adriana

La densidad de los personajes, la justísima utilidad de la cámara, de las voces y el ambiente dan cuenta del rompecabezas que es la historia que todos estos elementos presentan y, así mismo, la complejidad de los temas que tocan: la verdad, la memoria, la culpa. El trabajo de montaje no podría ser más acertado para estructurar con tal precisión la progresión narrativa de la película, que estará presentándose en diferentes salas del país hasta finales de julio.

El pacto de Adriana es una pieza reveladora, que apela a la importancia de la verdad y los testimonios explicativos en un escenario posterior a hechos trascendentalmente violentos en un país. Verdad que es frágil y vulnerable, cuya realidad se expone a los intereses más obvios pero también a las emociones y sentimientos más íntimos de quienes la portan. La responsabilidad de la memoria se puede hacer insoportable, pero esa carga, así como la de la culpa, no siempre es determinante para accionar algún tipo de comportamiento o decisión en una persona.

Algo paradójico para cerrar: a pesar de que son conceptos aparentemente opuestos, tanto la verdad como la mentira, por más familiares que nos resulten, nunca parecen perder una capacidad de remover en nosotros algún tipo de duda. Eso es El pacto de Adriana.

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