Una historia de lazos de sangre que dan y que quitan, 'Los Fierros' pone en el centro a las relaciones y los incómodos lugares a los que nos pueden llevar. Foto: Gregorio Mariño Una historia de lazos de sangre que dan y que quitan, 'Los Fierros' pone en el centro a las relaciones y los incómodos lugares a los que nos pueden llevar. Foto: Gregorio Mariño

“La película bebe del cine negro y del 'western', pero su gran tema es la familia”

ARCADIA conversó con Pablo González sobre su segundo largometraje, ‘Los Fierros’. La cinta se estrena en Colombia y apuesta por una trama dramática e intensa, en la que la familia, el destino y la atmósfera funcionan como anclas de violencia.

2019/09/12

Por Alejandro Pérez

Pablo González vive una etapa efervescente. Guionista para Netflix, codirector de la serie que HBO hizo en Colombia, director de cine, el colombiano presenta desde hoy en las salas del país su segundo largometraje Los Fierros, una historia que no le teme a reflejar realidades violentas y a provocar sensaciones que nacen de los lazos de familia, del agobio del entorno, y de una industrialización que poco tiene de esperanzadora. ARCADIA habló con él.

Su primer largometraje ‘Cord’ fue bien distinto a ‘Los Fierros’, ¿qué lo llevó en esta dirección?

Cuando uno mira lo que he hecho puede decir que Los Fierros es la culminación de un género que ya he tocado: el cine negro. Hice una trilogía de cortometrajes, Juntos no es suficiente (2006), Hoy es un día distinto (2007), y Esto es un revólver (2009), que ganó el premio a Mejor Cortometraje en el Festival de Cine de Cartagena. Así que he trabajado mucho en esa tradición, pero también tengo otras películas mucho más experimentales. Cord, una película que hice con 18.000 euros -una cifra ridícula para cine-, pertenece más a la veta experimental. Los Fierros es una película de ficción, más clásica, pero apuesta por ubicarse entre película de autor y película comercial. Quiere atraer gente a las salas, pero también tiene más capas debajo y ojalá la gente las pueda leer y disfrutar.

Es una historia trágica, dura, y se sirve de un elemento muy atmosférico. No solo es el qué, el cómo suma mucho a la experiencia… 

La película bebe de unos referentes muy claros. Es un drama familiar, pero también tiene elementos de acción y de thriller. Desde el comienzo yo la vi en dos tradiciones, una era el cine negro, y la otra el Western... entonces, parte del vocabulario que construí, el cómo se ve y cómo se siente la película, está formado por estas dos corrientes. 

Como director siempre me es importante crear un universo. En este caso es uno realista, pero como el realismo no deja de ser un género, necesite crear un universo de todas formas para desarrollar mis historias. Hablando del Western, me esmeré mucho en hacer un universo autocontenido, en el que todo sucede en un solo lugar y en el que, de alguna manera, los personajes son símbolos de cosas más grandes (el sheriff es la ley, el gran rico el pueblo es el capitalismo y la propiedad privada). Tenía que ser un pueblo y ahí quería mostrar una visión rural en choque con lo industrial. Al final eso no es que te desconecte de la realidad, mi familia es de la Sabana de Bogotá y -a posteriori- me doy cuenta de que es un poco el proceso que yo he visto de industrialización en la Sabana.

Es un universo oscuro, bastante denso para sus personajes…

Quería reflejar esa visión del campo desencantada. También quería que todo este paisaje expresara lo que vive por dentro el personaje. La película está muy restringida cromáticamente (una gama de verdes, azules y cafés) como expresión de lo que le pasa a este personaje y, volviendo al tema del cine negro y del thriller, para seguir unas convenciones genéricas como el claroscuro, los ángulos bajos, los gran angulares... la película bebe mucho de esas dos cosas a pesar de que yo las siento también una película familiar, el gran tema de la película es la familia...

Háblenos del reparto, cuenta con talentos emergentes muy destacados y actores de trayectoria como Ana María Sánchez y Jairo Camargo...

A mí me gusta mucho lo que se hace con actores naturales pero me siento mucho más cómodo en mi trabajo con actores de formación y profesionales. Trabajar con Ana María, Jairo, con Alejo, con Rodrigo y con Emilia, para mí más que un esfuerzo es un goce. Yo creo que el trabajo de dirección de actores se centra de 60 a 65 por ciento, en hacer un buen casting.

Cuéntenos de Emilia Ceballos. En este personaje de Elizabeth se presenta como un personaje muy risueño desde el comienzo y sorprende bastante...

El casting fue arduo, buscamos y buscamos y buscamos... y Emilia fue realmente la última que vimos... en el buen sentido. Fue como “ohh, finalmente, ya listo esta es, la encontramos, ya paremos de buscar”. Emilia es muy buena actriz y me esforcé mucho por tratar de que fuera un personaje femenino fuerte. No quería caer en un cliché y no sé si al final la película lo logré o no, pero el intento mío era que esta fuera una mujer que no se define exclusivamente por su feminidad en un mundo absolutamente masculino.

Emilia Ceballos y Alejandro Buirtrago ofrecen grandes interpretaciones. Foto:Gregorio Mariño

Alejandro Buitrago ofrece una interpretación tremenda. Trabajó también con él en la serie Mil Colmillos, ¿qué puede decir de él?

Nosotros rodamos esta película antes, y yo insistí mucho para que lo vieran. Jaime Osorio, el otro director de Mil Colmillos, lo vio y pues reconoció que era un gran actor y lo integramos. Alejo es muy, muy, muy talentoso. Para mí no es trabajar con gente repetidas veces, más bien trabajar con gente muy talentosa. También, con una persona con la que tengo cercanía humanamente, y eso es muy importante. De hecho, cuando yo hago casting, una buena parte es sentarnos a hablar y ver la empatía entre nosotros, porque vamos a pasar un buen tiempo haciendo un proyecto juntos y quiero que sea con alguien que me cae bien... Alejo y yo tenemos esa ventaja, nos entendemos y nos llevamos bien, nos estimamos muchísimo, él básicamente tiene esa confianza en mí y esa es la relación ideal para un director con un actor...

Insisto con Jairo Camargo, un tipo que ha trabajado en teatro, en televisión qué ha hecho cine, en esa charla de casting, ¿cómo recibió la historia y le contribuyó en algo desde la experiencia que tiene?

Hay muchos actores a los que les gusta hablar mucho y hay actores que les gusta hablar poco, y el trabajo de uno como director es entender que cada uno tiene su método, entender cuál es y adaptarse para tratar de sacarle lo mejor. Jairo es un tipo extremadamente profesional y no habla pendejadas, va al grano, que es lo que se necesita. Obviamente, siempre hay un primer momento que uno se encuentra, en el que hay dudas, en el que se podía preguntar “¿Este pelao sabe lo que está hablando?”. Pero tan pronto empezamos a hablar y él se dio cuenta de que yo tengo una idea y de que respeto mucho su trabajo, entendimos que podíamos hacerlo. A partir de ese momento las cosas fluyeron. El es un actor muy hábil y muy talentoso también, el cual con dos o tres cosas entiende perfectamente lo que se está buscando con el personaje y que también trae mucho a la mesa...

La cancha no se improvisa. Jairo Camargo suma bastante a Los Fierros desde un papel que va de la desconfianza a la alegría a lo lamentable. Foto: Juan Antonio Monsalve

Usted ha grabado cualquier cantidad de cortos, y ahora en Los Fierros uno ve escenas como la carrera de motos que en términos de producción podían ser un tremendo reto... ¿qué fue lo más complicado de hacer esta película?

Lo más complicado de hacer esta película fue que se filmó en 18 días, un tiempo bastante corto. Evidentemente uno de los retos era la carrera, que se filmó en un solo día. La hicimos con dos pequeñas unidades, dos cámaras, una encargada de recoger las partes más de la escena (el comienzo, la salida, todo eso) y la segunda iba con las escenas de acción, haciendo pasadas, seguimientos, insertos. Y iba constantemente de un lado al otro. Previo a esto, hicimos un plano muy específico del lugar y sabíamos “a tal hora las motos van a estar corriendo en este lugar” y la escena iba a estar sucediendo en este y ahí nos íbamos moviendo y turnando para poder cubrir todo el material...

Nunca es un tema menor lograr una secuencia de acción exitosamente. Foto: Juan Antonio Monsalve 

Otro reto de esta filmación fue que este pueblo que yo construí, que no es un pueblo de verdad, está hecho de retazos de pedazos en el sur de Bogotá, en el Sur Centro de Bogotá, en la parte digamos hacia Soacha y Usme de Bogotá, en Zipaquirá, en Cota. Entonces uno de los retos era coger esto -que está un poco por todas partes- y darle unidad, para que se sintiera el mismo universo, el mismo lugar geográficamente, el mismo pueblo...

Cómo siente la escena del cine colombiano desde el punto de vista creativo, desde lo que se está proponiendo. ¿Qué destaca y qué falta hacer en Colombia a nivel de cine?

Me gusta mucho que está creciendo, que sigue creciendo, y no solo en número de películas, sino  en diversidad. Poco a poco eso se está atomizando y cada vez hay propuestas más interesantes e intermedias. Estamos superando esa necesidad de validación de las hegemonías cinematográficas europeas. En un tiempo sentía que se hacía una visión de nuestro país un poco acomodada, yo creo que poco a poco eso lo hemos estado superando y está cada vez más interesante.

Lo que me gustaría es que hubiera también un esfuerzo en la formación de las audiencias. Siento que tenemos una batalla muy difícil cuando hay que pelear contra películas como Avengers o cosas así, donde es muy difícil que se le abra un espacio a una película diferente colombiana, con otras temáticas. Y al público no se le forma ni se le dan las herramientas para consumir este tipo de cine también...

Frente a esa problemática, que es cierta, ¿usted cómo formaría público?

Yo lo que estoy tratando de hacer con esta película es jugar al juego del género y del thriller, con acción, adrenalina, motos, todo eso, pero también trato de meter un elemento debajo. Es como una pildorita que sabe a dulce, algo así… es un poco la apuesta. 

En Colombia además hay una prevención muy grande, “Ashh, ¡la violencia!”, y yo estoy en contra de esa idea de que no deberíamos mostrar esa imagen del país, el país en el que vivimos es un país extremadamente violento y me parece que el cine es un espacio de reflexión, donde nos vemos a nosotros, se piensa el país así mismo y definitivamente hay que pensar en esas temáticas también.

Claro, tienen que existir otras. No se trata de eliminar la violencia del cine colombiano, se trata de que sea el cine colombiano plural y de que tenga otras temáticas.. Nosotros apostamos con Los FIerros a género, a entretenimiento, emoción, adrenalina, pero tratamos de hacer un producto que no se quede solo en eso, que tenga como una segunda capa, tercera o cuarta o debajo que uno pueda leer.

Usted ha hecho guiones, hace poco los para Colmenares de Netflix, estaba trabajando con Jaime Osorio en Mil Colmillos, ¿en qué escenario se mueve mejor?

Yo hice muchos comerciales un buen tiempo, pero la verdad me siento más tranquilo en el terreno de la ficción, trabajando con actores contando una cosa narrativa, ahí es donde yo me siento bien. 

Entonces ahora, con todo lo que está pasando con las series premium y la televisión de calidad, pues es un medio que me gusta muchísimo también, un formato distinto con retos distintos que está principalmente orientado a la trama. Es esencialmente narrativo. 

El cine que a mí más me interesa es una experiencia sensorial también, no exclusivamente narrativa, me gusta cuando el cine desborda el aspecto narrativo y se vuelve también algo vivencial que puede  vivir el espectador. Las series son mucho más limitadas a lo narrativa pero tienen una ventaja sobre el cine y es que permiten una creación de personajes mucho más a profundidad y mucho más compleja. Entonces, unas por otras, cada uno tiene sus retos, sus cosas buenas y malas, pero no dejan de ser ficción y trabajo con actores que es lo que yo disfruto mucho.

Mil Colmillos viene pronto...

Me parece que el próximo año, pero contractualmente no puedo revelar mucho...

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