"El plano final —oscuro, trágico y apocalíptico— nos recuerda que el mayor terror es aquel que se incrusta en nuestro deseo": Óscar Garzón sobre 'Los pájaros'. Imagen cortesía de Park Circus/Universal. "El plano final —oscuro, trágico y apocalíptico— nos recuerda que el mayor terror es aquel que se incrusta en nuestro deseo": Óscar Garzón sobre 'Los pájaros'. Imagen cortesía de Park Circus/Universal.

‘Los pájaros’, de Hitchcock, o el terror latente del deseo

Desde los primeros minutos de este clásico del director británico se presentan las dos líneas paralelas que subyacen en el misterio irresoluble de su terror: el deseo femenino y la animalidad pura, la gran trama inexplicable que habitamos y desconocemos.

2019/05/20

Por Óscar Garzón M.

Hay una extrañeza latente en el suspenso de Los pájaros, de Alfred Hitchcock, que la separan de otros clásicos del terror y el suspenso: su misterio nunca resuelto. El director que observaba el homicidio desde la locura (Psicosis), los elaborados planes para encubrir un crimen desde la manipulación de la mirada (Vértigo) —en últimas, la fascinación por la maldad humana en sus modos más elaborados—, finalmente pone su atención en aquello que escapa a toda ley, a todo sentido lógico y a todo rasgo aparente de humanidad. En Los pájaros, el suspenso y el terror trascienden lo humano; es la animalidad pura la gran trama inexplicable que habitamos y desconocemos.

Estrenada el 28 de marzo de 1963, Los pájaros tuvo una recepción mixta en el público y la crítica. Lejos de ser un éxito rotundo, el nuevo filme de Hitchcock fue señalado por algunos como la culminación perezosa de quien antes lograba crear suspenso con la altura visual que caracterizaba a un maestro del medio. Para Brendan Gill de la revista The New Yorker, Los pájaros era un divertimento fallido que “tristemente se entrega abiertamente al sadismo”. Para otros sencillamente era ridículo e inverosímil que los pájaros atacaran sin mayor explicación: su amenaza parecía un mero capricho. Sin embargo, y como es usual en la obra de Hitchcock, la recepción de la película ha sido reelaborada con el paso del tiempo y hoy en día es considerada por muchos como una de las películas más complejas del director británico. Si antes la elaboración estaba en la trama de un misterio por resolver, aquí Hitchcock dibuja un universo alegórico y poético poderoso que nos da pistas nuevas sobre el significado del terror en la experiencia humana.

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En 2016, la película fue considerada «cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry. Imagen cortesía de Park Circus/Universal.

Una mujer desea; el terror sobrevuela

Desde los primeros minutos de Los pájaros se presentan las dos líneas paralelas que subyacen en el misterio irresoluble de su terror: el deseo de la mujer y la animalidad que la rodea. El diseño sonoro introduce el ensordecedor trinar de los pájaros que rodean a Melanie Daniels (Tippi Hedren) mientras llega a una tienda de mascotas. Un niño —inocente y a la vez deseante— se cruza con ella y le silba. Una vez adentro Daniels conoce a Mitch y se hace pasar como empleada del lugar. El hombre busca un par de pájaros para su hermana menor. Los pájaros —lovebirds— no están disponibles, pero Melanie inmediatamente hace propio su objetivo: quiere seducir a Mitch. Rodeada de pájaros enjaulados en un lugar cerrado, Melanie está en control absoluto de su propio deseo. Aquello que está contenido, pronto saldrá a reclamar lo suyo.

La clave para comprender e interpretar el terror latente que significa el ataque inexplicable de los pájaros quizás radique en comprender el modo en el que Melanie se relaciona con el mundo a su alrededor. Melanie —como un pájaro solitario— migra de una gran ciudad, San Francisco, a la pequeña comunidad de Bodega Bay para conquistar a Mitch. Su elegancia y su propensión cosmopolita inmediatamente chocan con el mundo cerrado de Bodega Bay. El mundo de este pueblo costero se siente viejo y anclado en dinámicas de un tiempo donde aún la sofisticación, la libertad y la soledad de Melanie parecen no haber arribado aún. Mitch —como un príncipe solitario, inocente y algo vacío en su ingenuidad— vive rodeado de mujeres que de alguna manera intentan una vida doméstica con él. Su madre, Lydia Brenner (Jessica Tandy), teme perderlo y morir sola, a pesar de que aún tiene una hija menor. Su antigua pareja Annie Hayworth (Suzanne Pleshette), la profesora de la escuela local, aún vive con el sinsabor de un amor imposible con Mitch.


"Los pájaros parecen materializar su poder destructor justo en los momentos en los cuales la inocencia se manifiesta". Imagen cortesía de Park Circus/Universal.

A este mundo, un mundo en el cual las dinámicas del deseo y el amor han sido truncadas, llega Melanie llena de determinación con la representación más directa de su deseo: la pareja de pájaros en una jaula para la hermana de Mitch. Sin embargo, la primera manifestación del conflicto entre el deseo de Melanie y el mundo que la rodea se da en el primer ataque de los pájaros: una gaviota golpea la cabeza de Melanie justo en el momento en el que los amantes potenciales se reencuentran. Como si las neurosis o el deseo desbordante del mundo fueran una fuerza indomable y aplastante, Melanie empezará a comprender que lograr una relación con Mitch la obligará a despojarse de su seguridad y su determinación, convirtiéndola en un ser prácticamente indefenso y catatónico.

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No en vano, un motivo recurrente en Los pájaros es el de la inocencia. Los pájaros parecen materializar su poder destructor justo en los momentos en los cuales la inocencia se manifiesta: el encuentro amoroso de dos amantes o el cántico de una ronda infantil en la escuela del pueblo. Los niños son blancos recurrentes y es en ellos donde vemos, casi desde la literalidad más ruidosa, que el deseo reclama para sí la muerte de la inocencia. Los pájaros —omnipresentes, múltiples y aparentemente infinitos— no son más que la manifestación de lo ominoso e inexplicable que significa desear a otro. Su naturaleza es también un reflejo de la violencia propia que destruye todo lo que se pretende domesticar. Así los personajes recurran a espacios encerrados (la casa, la escuela, el restaurante, la cabina telefónica) para resguardarse, la fuerza de lo animal es tal que ninguna institución y ningún orden resisten el poder intrínseco de lo que constantemente nos atraviesa.

Melanie, finalmente, al subir a la habitación matrimonial y encontrar en su interior la representación del poder de su deseo, entiende que no ha logrado darle orden y sucumbe ante los pájaros mientras gime el nombre del hombre que quiso para sí. De allí saldrá catatónica y fragmentada, despojada de sí misma. La madre de Mitch, Lydia, la recibe en su regazo. El plano final —oscuro, trágico y apocalíptico— nos recuerda que el mayor terror es aquel que se incrusta en nuestro deseo. Ningún asesino será más letal que ver al fondo de aquello que siempre resultará indomable.

‘Los pájaros‘, de Alfred Hitchcock, se proyectará el martes 21 de mayo a las 8:00 p.m. y el domingo 26 de mayo a las 12:30 p.m. en salas de Cine Colombia como parte del ciclo de Clásicos para Obsesivos Compulsivos. Haga clic aquí para conseguir entradas.

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