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El Festival Internacional de Cine de Cali 2017 según Luis Ospina

El director artístico del evento habló con nosotros sobre la relación de la ciudad con el séptimo arte y recomendó algunos largometrajes imperdibles.

2017/11/02

Por Ángel Castaño Guzmán

No hay dudas: la de Luis Ospina es una de las carreras cinematográficas más interesantes de la filmografía nacional. En alguna entrevista Ospina –director de los largometrajes Pura sangre y Soplo de vida además de un interesante conjunto de documentales– dijo que su método de trabajo era la risa.

Además de creador, Ospina ejerce con suficiencia las labores de la gestión cultural: desde hace nueve años es el director artístico del Festival Internacional de Cine de Cali, una apuesta que busca poner en el mapa de la industria del séptimo arte a la sucursal del cielo y de la salsa. Hablamos con él antes de la novena edición del evento, que se celebra del 9 al 13 de noviembre de 2017.

En alguna entrevista, con ocasión de la primera versión del Festival de Cine de Cali, dijo que éste podría cumplir un papel similar al del Cine Club de Cali y a la revista Ojo al cine a la hora de cualificar a las audiencias. Háblenos de la gestación de un movimiento generacional que tantos reconocimientos ha recibido.

Como ya todos lo sabemos, Cali fue pionera en el cine nacional desde sus inicios, ya que en el Valle del Cauca se hizo el primer largometraje mudo María (1921), así como la primera película parlante Flores del Valle (1941).

Pero la producción local prácticamente desapareció después del primer largometraje colombiano en color, La gran obsesión (1955). Ante la ausencia de producción comenzaron a formarse en Cali algunos pequeños grupos interesados en el cine. Eran algunos cine clubes y eventos que incluían al cine en su programación, entre ellos el cine club de La Tertulia y las muestras de cine de los Festivales Internacionales de Arte de los años sesenta. En esos mismos años incluso hubo algunos cineastas pioneros ahora tristemente olvidados como Gregorio González, Augusto Garcés, Diego León Giraldo y el artista Hernando Tejada, quienes lograron hacer un puñado de cortometrajes. Pero la cinefilia caleña realmente comenzó gracias al Cine Estudio 35, fundado por Carlos Mayolo y Jaime Vásquez, y sobre todo a la entusiasta labor de Andrés Caicedo, quien después de fundar el Cine Club del TEC pasó a crear en 1971 el Cine de Cali en el Teatro San Fernando y el Cine Subterráneo en la Ciudad Solar, un centro multidisciplinario creado por Hernando Guerrero.

Alrededor de Andrés Caicedo conformamos con Carlos Mayolo, Ramiro Arbeláez y Eduardo Carvajal lo que ahora se llama el “Grupo de Cali” o “Caliwood” y fundamos la revista Ojo al cine. Esta conjunción de jóvenes cinéfilos se puede decir que tiró la primera piedra de una cinefilia que todavía existe en la ciudad y que tuvo su continuidad con la labor de la Cinemateca La Tertulia, la Escuela de Comunicación Social de Univalle y el Festival Internacional de Cine de Cali.

En el momento de hablar de la cinefilia caleña se debe mencionar a la universidad del Valle y al Canal Telepacífico. ¿Qué tipo de relaciones ha tenido el festival con esas instituciones y con otras similares de la ciudad?

Para la producción audiovisual local fue muy importante la creación de la Escuela de Comunicación Social de Univalle y el canal regional Telepacífico, ya que gracias a esas dos instituciones se comenzó una búsqueda de una identidad audiovisual que el Valle del Cauca había perdido, en especial con el programa semanal Rostros y rastros de Universidad del Valle Televisión, en el cual debutó la generación posterior al Grupo de Cali: Óscar Campo, Jorge Navas, Antonio Dorado, Carlos Moreno, entre muchos otros. La Universidad del Valle sigue siendo el semillero del cine caleño pues casi todos los cineastas de la nueva generación han sido surgido de ahí: Óscar Ruiz Navia, César Acevedo, William Vega, Camila Rodríguez, Diana Montenegro, Nati Imery Almario, solo por mencionar algunos.

El FICCALI ha mantenido, desde sus inicios, una estrecha relación no solo con la Universidad del Valle sino también con otras universidades locales, entre ellas la Autónoma y la Javeriana, así como con la Escuela de Cine Digital de Pakiko Ordoñez. De hecho el Festival siempre ha tenido la sección Enseñe a ver, en la cual se exhiben películas de estudiantes de cine y comunicación social.

Para el FICCALI siempre han sido muy importantes los encuentros académicos y se le ha dado espacio al Diplomado de Univalle y al Encuentro de Investigadores. La mayoría de nuestros invitados tiene encuentros con el público universitario y dictan master classes sobre su oficio. Este año no solo habrá un Taller de Guion sino también un encuentro de productores para apoyar la industria local

Entre otros invitados internacionales, este año al Festival vendrá Barbet Schroeder, un cineasta muy vinculado a Colombia. ¿En qué charlas participará y cuáles películas traerá?

El director francés Barbet Schroeder tiene una larga historia con Colombia pues vivió aquí de los siete a los once años antes de establecerse en Francia. Solo volvió a Colombia cuando a mediados de los años ochenta fue al Festival Internacional de Cine de Cartagena a presentar su película Tricheurs. En dicho festival Schroeder entabló una relación con el Grupo de Cali y se desplazó para Cali, ciudad que visitó numerosas veces en los años ochenta, una vez en compañía del gran director de fotografía Néstor Almendros, otra con el más importante crítico francés Serge Daney y otra vez con la reconocida artista Sophie Calle. De esta amistad con la pandilla de Cali surgió la idea de hacer La Virgen de los sicarios, en la cual trabajamos varios de los integrantes de Caliwood.

En numerosas ocasiones Schroeder ha dicho que a pesar de haber nacido en Teherán, de tener un pasaporte suizo y residencia francesa se siente colombiano de corazón. Por eso, este año el FICCALI decidió hacerle un homenaje y qué mejor oportunidad para exhibir su más reciente película El venerable W., última parte de su Trilogía del mal, que inició con General Idi Amin Dada: un autorretrato y El abogado del terror, todas programadas para esta 9ª edición de nuestro Festival. Asimismo, se exhibirá su último cortometraje “Dónde estás, Barbet?, una inteligente reflexión sobre el odio. Y como complemento proyectaremos un documental sobre él realizado por su colaboradora y amiga Victoria Clay Mendoza Some More Barbet y, desde luego, su película colombiana La Virgen de los sicarios. Además habrá un diálogo entre Schroeder y el director artístico del Festival.

Una de las novedades de la novena versión del festival es la difusión de cine coreano, una industria cinematográfica pujante y fuerte. ¿Qué podrá encontrar el público asistente?

Este año el FICCALI le dio carta blanca al programador Jin Park del Busan International Film Festival, quien el año pasado hizo en Corea una gran retrospectiva de cine caleño, para que escogiera una muestra de lo más representativo del cine de su país del siglo XXI. En este período Corea del Sur ha producido una de las cinematografías más importantes del cine contemporáneo en géneros tan diversos como el thriller, el gore, el drama y la animación.

No estaría de más conocer algunas de las razones por las que, considera usted, alguien no se puede perder el FICCALI.

Siendo el Director Artístico me queda muy difícil recomendar unas películas sobre otras, ya que si fueron seleccionadas fue porque las consideramos dignas de verse. Además la oferta es muy grande para poder ver todo en cuatro días. Pero ya que me lo pregunta recomiendo todas las películas de las tres Selecciones Oficiales Competitivas: largometrajes internacionales, largometrajes nacionales y cortometrajes internacionales. Asimismo todas las películas del Homenaje a Barbet Schroeder, con quien habrá un coloquio sobre su Trilogía del mal. También habrá un coloquio sobre materiales de archivo con el gran documentalista brasileño João Moreira Salles a raíz de la presentación de su último film-ensayo sobre los eventos de mayo del 68. En cada una de las secciones hay por lo menos una obra maestra. Por ejemplo en El cine y su espejo está la reflexión que hace Thom Andersen sobre los textos de cine de Gilles Deleuze en The Thoughts That We Once Had. En la sección Obras maestras únicas está difícil la escogencia porque están Límite de Mario Peixoto, la película mítica pero poco vista de la vanguardia brasileña, la extraordinaria película independiente Wanda de la actriz Barbara Loden y esa rareza de la época franquista Vida en sombras de Llorenç Llobet-Gràcia, todas inéditas en Colombia y en copias restauradas. Eso sin olvidar  El rostro impenetrable, el curioso western dirigido por el gran Marlon Brando.

En la sección Post-mortem daremos a conocer la película póstuma del gran maestro portugués Manoel de Oliveira Visita ou Memórias e Confissões, un film bien particular ya que fue rodado en 1981 pero que su autor archivó en la Cinemateca de Portugal con la condición de que solo fuese exhibido después de su muerte. En esa época de Oliveira tenía 73 años; falleció 33 años después a la edad de 106. Es un film-ensayo autobiográfico que se adelanta a su época pues este tipo de cine, con contadas excepciones, solo se puso en boga a partir de los años ochenta. Para los amantes de la música tenemos dos grandes documentales: uno del director de culto Jim Jarmusch Gimme Danger sobre Iggy Pop and The Stooges y Eat That Question: Frank Zappa in his Own Words de Thorsten Schütte. En film, hay mucho que ver…

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