En 'Doble vida', Guillaume Canet, Juliette Binoche y Vincent Macaigne hablan de la vida, de sus parejas y amantes, del cambio en el mundo editorial. En 'Doble vida', Guillaume Canet, Juliette Binoche y Vincent Macaigne hablan de la vida, de sus parejas y amantes, del cambio en el mundo editorial.

"Cómo nos adaptamos, o no, al mundo que nos rodea, ese es el tema"

En ‘Doble vida’, el director francés Olivier Assayas receta una fuerte dosis de conversaciones francas y humorísticas en torno a los cambios en el mundo editorial y, en el fondo, el mundo entero. Habló con ARCADIA sobre su cinta, Juliette Binoche, Marvel y Netflix.

2019/11/01

Por Alejandro Pérez

¿Qué separa a ‘Doble vida‘ de sus otras cintas?

Mis películas son una especie de conjunto, dialogan las unas con las otras aún si son muy diferentes, o precisamente por eso. Al hacer cine necesito hacer algo que no haya hecho o, al menos, abordar los temas de otra manera. La idea es progresar y tomar ciertos riesgos.

Cuando escribí ‘Doble vida‘, no seguí un proceso normal. Es un filme basado casi exclusivamente en el diálogo, en el que la palabra es esencial y las ideas fundamentales. En ese sentido, se acerca a películas como ‘Irma Vep‘, una comedia de ideas, u otra como ‘Final de agosto, principio de septiembre‘, una comedia sentimental que también tocaba temas delicados como la transición, la posteridad, y que plantea preguntas un poco más melancólicas que lo que se podría pensar por ser si género.

Así mismo, una cinta como ‘Doble vida‘ aborda el cambio como tema amplio, aborda cómo nos adaptamos o no a la manera en la que cambia el mundo que nos rodea. Esto suscita ideas, convicciones esenciales. Desde ese punto, es un filme sobre la revolución numérica, que toca toda actividad humana. Es interesante poner en el centro ese debate una manifestación tan antigua en nuestra civilización como la palabra, la frase, lo escrito, e interrogarse por esa transformación.

¿No le preocupó que abordar el cambio desde el mundo editorial perdiera a un público general?

No. De hecho, tomé como punto de discusión lo escrito pues es la manifestación que nos ata a todos desde más tiempo. La historia nos llega por medio de lo escrito, desde siempre, está en el corazón de la civilización, así sea occidental u oriental. Su transformación nos toca a todos.

Pienso que no importa si el espectador es un vendedor de seguros, un banquero, un escritor, lo que sea, cada uno, a su manera, vive el mundo y la transformación de su trabajo y del universo en el que funciona de una manera profunda y compleja. Es una cinta que yo hubiera podido enmarcar en cualquier rama de la actividad humana. Las competencias y los trabajos se transformaron, y cada quien enfrenta una dura evaluación de lo que aprendió. Me apasiona nuestra generación, la de quienes vivimos pre revolución numérica y pos revolución numérica, muy sensible a estos cambios.

La magia de la cinta viene de sus conversaciones matizadas, ágiles, divertidas, francas, ¿escribe todos los diálogos o deja a sus actores improvisar?

Un filme de actores necesita una velocidad y energía que se produce de sus interacciones, por eso, pensé que habría más improvisación de la que hubo. Nos mantuvimos cerca del guion, si bien en ciertos, especialmente a Juliette Binoche y a Nora Hamzawi, les di libertad para sumar su sentido sagaz y cómico. Eso sumó mucho. Pero hay menos improvisación en esta cinta que en otras que he realizado.

Establece un código de humor en varios detalles, como cuando el personaje de Juliette Binoche habla de Juliette Binoche...

Una cinta como esta, quizás minimalista, lineal, me llevó a pensar en romper los códigos en ciertos momentos. Es decir, en quitar el velo del cine, hacerle sentir al espectador que sabemos que nadie engaña a nadie, y así, crear una complicidad irónica. También creo que va un poco más lejos que esto. En ‘Doble vida‘ el espectador hace parte del diálogo, en todas las escenas es el tercero o cuarto personaje, porque tiene una opinión sobre lo que se habla. A veces estamos de acuerdo con uno o con otro, pero el diálogo interior con los protagonistas existe.

Sus personajes tienen fuertes sus opiniones sobre estos cambios, ¿cuál es la suya?

Me ubico del lado de la complejidad, del lado de las contradicciones. El mundo está lleno de estas. Así pues, en general, cada vez que habla un personaje, siento que puedo estar más o menos de acuerdo, que sus opiniones y puntos de vista son válidos y merecen ser escuchados y defendidos. En el fondo, creo que los defiendo a todos y defiendo a los protagonistas. Creo que, en un sentido, si me preguntas con cual me identifico, me identifico con todos a la vez. Me interesa pues la única manera de comprender el mundo es ponerse en el lugar del otro. Entender que las convicciones propias dependen de un momento y una situación. Así se dimensiona la complejidad del mundo.

Cuéntenos sobre Juliette Binoche, han trabajado mucho juntos, ¿cómo ha sido su experiencia personal y profesional con ella?

Cuando hago un filme con Juliette no siento que trabajo con una actriz, sí con una amiga. Somos cómplices en amistad, en trabajo y vida, y lo hemos sido a través del tiempo, además, porque nos conocemos desde hace mucho. Éramos jóvenes, y yo había escrito la película Rendez-vous (1985) con André Téchiné, la primera que la dio a conocer. Así que crecimos en paralelo, desde mediados de los ochenta.

Buscamos luego el momento para trabajar juntos y, desde ahí, vivimos una verdadera complicidad artística. Ela me aporta libertad, juego. Su fantasía alimenta al filme, alimenta a su personaje. Yo, a la vez, le doy su espacio para crear. Ella me aporta mucho, yo le aporto también. Su personalidad, su humor, me inspiran y juega muy bien con mi manera de escribir y crear. Espero trabajar con ella otra vez, pronto.

Valérie, interpretada por Nora Hamzawi, es divertida, sagaz y fascinante. ¿Había trabajado con Nora antes?

¡No! La conocí justo cuando preparaba esta película, y fue un encuentro apasionante porque Nora es libre en su tono, es original, y no se parece a las otras actrices del cine francés. Tiene un temperamento cómico muy fuerte, ella escribe comedia, escribe ‘one-woman shows‘. Es su primer rol, "serio" en una película y creo que se divirtió mucho. Ahora la considero mi amiga, la admiro.

Dependiendo del idioma, en algunos países su estreno se llama ‘Doubles Vies‘ o ‘Non-Fiction‘. ¿Ambos títulos le funcionan?

Es una historia interesante. El filme se llama ‘e-Book‘, al comienzo. Así la escribí. Pero me sugirieron cambiarlo y accedí. El distribuidor internacional necesitaba un título y propuse ‘Non-Fiction‘, en inglés, y gustó mucho, pero entonces se manifestó el distribuidor francés, y dijo que en Francia no iba a funcionar, que nadie iba a entender. Así que di con Doubles Vies (Vidas dobles). Esa es la historia.

Mucho se debate hoy sobre el cine de superhéroes, la influencia del streaming, el cine industrial... ¿dónde se ubica?

Es muy complejo responder a esto, evidentemente. Yo estoy del lado de la libertad. Hay cine que es libre y hay cine que no lo es.

Para mí, el cine de Marvel no es cine libre. Tiene calidad y cualidades que muchos aprecian pero hace parte de lo que llamo ‘ficción industrial‘. En ese cine no encuentro la voz de alguien que me habla, no encuentro algo esencial. Se trata de entretenimiento en un sentido duro de la palabra.

Yo apoyo una idea del cine que goza de libertad para actores, para el equipo técnico, para los realizadores, en el que hay placer. Eso es esencial para mí, por eso me simpatiza la industria de Hollywood. Es marketing, es abogados, el placer de la creación se ha perdido. Desde ese punto de vista no me gusta el universo Marvel.

Sobre Netflix, al menos rescato que ha producido películas que aprecio, y que trabaja con alguien como Alfonso Cuarón, un amigo y un cineasta que admiro mucho y creó Roma. Así estos filmes se vean en una pantallita cuando están hechos para verse en la gran pantalla. No he visto la película de Scorsese, ‘The Irishman‘ pero sé que él influyó mucho en mi trabajo. Así que me da mucha curiosidad. Y es una cinta que ningún estudio quiso hacer, y para la cual el apoyo de Netflix fue fundamental.

Y sí, es algo paradójico que solo un público privilegiado podrá ver esta película en el cine, como se pensó y como debería verse. Cuando Scorsese filmó ‘The Irishman‘, estoy seguro de que pensó en la gran pantalla. Luego, con el tiempo llegará a las cinematecas para verla como es debido.

Rescato también de Ntflix darle pista a creadores como Noah Baumbach, con ‘The Meyerowitz Stories’. Esa libertad se encuentra ahí. La industria de Hollywood se volvió muy conservadora, se cuida de los artistas y de la libertad creativa. En Francia sufrimos menos de esto, hay más libertad.

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