Paula Robles y Laia Artigas en una escena de 'Verano, 1993'. Paula Robles y Laia Artigas en una escena de 'Verano, 1993'.

“Lo había vivido pero no por eso lo entendía”: Carla Simón

La directora de ‘Verano, 1993’, una película semi autobiográfica que narra el duelo de una niña de seis años cuya madre muere de Sida, habló con ARCADIA sobre el largometraje. Está en salas de cine colombianas desde el 19 de abril.

2018/04/24

Por Ana Gutiérrez

Frida tiene 6 años cuando su vida cambia por completo. La niña, que habita la Barcelona de los años noventa, se encuentra repentinamente huérfana y en manos de sus tíos, que viven en el campo y, además, tienen una hija de tres años. La historia que narra Verano, 1993, con producción de Carla Simon y rodada en el idioma catalán, es una obra parcialmente autobiográfica. Aunque para los adultos que ven la cinta se vuelve claro que Frida ha quedado sin padres gracias al Sida, más satanizado y menos comprendido que hoy, la película se dedica a retratar el confuso duelo y crecimiento emocional de la niña mientras ella y su nueva familia se acostumbran a vivir juntos. El largometraje estuvo en IndieBo el año pasado y llegó a salas de cine colombianas el pasado jueves 19 abril. Hablamos con Simón sobre el reto de recrear su infancia  y las realidades de procesar el duelo siendo una niña.

Verano, 1993 empieza con una muerte adulta vista por niños, Frida no entiende muy bien qué ocurrió y no le dicen mucho, la audiencia construye lo ocurrido por lo que está implícito. ¿Por qué narrar la película así?

Como la historia parte de mi propia infancia, en el momento en que empecé a pensar en la película me di cuenta de que el punto de vista que podía contar mejor era el de la niña, porque era el mío. La narración la construí a partir de mis recuerdos, que no son muy nítidos. Me acuerdo más de las emociones que sentí en el momento, pero no de los recuerdos completos. Hablé mucho con mis padres adoptivos, digamos, y ellos me contaron más cosas, y también las fotos de mi infancia fueron muy inspiradoras. Con todo eso escribí una primera versión del guion.

Tuve que leer mucho de psicología infantil: sobre cómo son los procesos de duelo y cómo los niños se enfrentan a la muerte para entender un poco más lo que viví. Porque lo había vivido pero no por eso lo entendía con profundidad. Esto me acercó mucho al viaje emocional de la niña, que al final era lo que me parecía más interesante de retratar. Los niños son muy complejos y no solo son inocentes Tienen muchas partes, muchas caras, y en eso fue muy importante el papel de las actrices que interpretan a las niñas de la historia. El guion estaba muy estricto, pero ellas aportan otro punto al darle forma a los personajes. Respecto a la cámara, esta era indispensable porque decidimos ponerla siempre a nivel de los ojos de la niña y contar la historia desde lo que ella ve y lo que ella oye.

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Ya que hablamos de lo importantes que fueron las actrices para la historia, ¿cómo fue el proceso de encontrar dos niñas tan pequeñas para hacerlo?

Estuvimos muchísimo tiempo  tratando de encontrar a las niñas, fue un proceso de seis meses más o menos. Le pedí a la directora de casting encontrar niñas que se parecieran un poco a los personajes del guion; porque a un adulto le puedes pedir que cree un personaje, pero a un niño... Ellos mismos aún no saben quiénes son, era mejor que tuvieran rasgos de su personalidad parecidos a los de Frida o Ana, la hermana menor. Paula, que hizo de Ana, y Laia, de Frida, eran muy interesantes por lo que se generaba entre ellas. Era una relación muy parecida a la que tienen Ana y Frida en el guion. El paso siguiente fue pasar mucho tiempo con ellas, y con los adultos también, para crear las relaciones que tenían en el guion. Hicimos esa backstory de los personajes improvisando momentos previos al verano de 1993, creando memorias compartidas y construyendo, poco a poco, esa intimidad.

¿Cómo fue el proceso de recrear, además, los años noventa? En la película es muy evidente la época... en la ropa, los carros, hasta los juguetes de las niñas...

La verdad es que fue una parte muy bonita y de alguna manera divertida de la película. Para mí era muy importante que pasara en los noventa porque, a pesar de que es una historia que podría ser actual, en el sentido de que los padres se mueran y una niña sea adoptada por su familia y tal, no podría haber pasado de la misma manera sin el contexto. La gente ya no muere de Sida, y para mí era muy importante contar eso porque fue algo que pasó mucho en España y hay muchos casos como el mío. Era por eso interesante mantenerlo ahí y, aparte, venía con esa idea romántica de retratar mi infancia en el momento que la viví. Lo hablamos mucho con la directora de arte, con la de vestuario. Las fotos de mi infancia nos sirvieron mucho de referencia. Era bonito porque era una película de época, pero una época que todos habíamos vivido y de la que todos nos acordábamos. Era muy nostálgico, hasta hay muchos juguetes míos en la película que mi madre aún guardaba y muchos de otros de los miembros del equipo que los conservaban.

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Es evidentemente una historia muy personal, basada directamente en sus memorias. ¿En qué momento decide contarla para una audiencia de cine?

El momento en que decidí contar la historia estaba en Londres, estudiando una maestría en Cine, y había hecho un corto sobre dos niños que encontraban a su abuela muerta. Lo escribí justo después de que muriera mi abuelo y al terminar me di cuenta de que el tema de los niños enfrentándose a la muerte era algo que quería seguir explorando, seguramente por mi propia historia. Y en Londres nos decían que era bueno hablar de lo que sabíamos, entonces me lo tomé al pie de la letra. El hecho de estar lejos de casa hace que le des más valor a lo que te define. Era una escuela muy internacional y de alguna manera eso hace que busques tus propias historias. Antes había tratado de escribir la historia de mi madre, pero me costaba mucho, me di cuenta de que no sabía exactamente cómo había sido su vida, entonces decidí empezar contando la mía. Me han preguntado mucho si lo hice para hacer una catarsis, pero en realidad no, es una historia que tengo muy digerida y, aunque aprendí más sobre los niños, no necesitaba hacerla para curar algo.

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