Margot Robbie en 'Yo, Tonya'. Cortesía Cine Colombia. Margot Robbie en 'Yo, Tonya'. Cortesía Cine Colombia.

‘Yo, Tonya’: una historia "real"

La película narra la carrera de la patinadora artística Tonya Harding y su papel en el mayor escándalo del deporte. El largometraje, nominado a tres premios Óscar, llega a cines colombianos el 15 de febrero.

2018/02/15

Por Ana Gutiérrez

“¿Por qué no puede ser solo sobre el patinaje?” le pregunta Tonya Harding a un juez después de un evento de patinaje en el que fue juzgada más por su personalidad y su clase social que por su presentación. Pero en la vida real de Harding, más conocida por su papel en el violento ataque contra la patinadora Nancy Kerrigan en 1994 que por ser una atleta verdaderamente excepcional, nunca fue posible solo hablar del deporte.

Yo, Tonya, dirigida por el cineasta australiano Craig Gillespie, producida y protagonizada por Margot Robbie, con un elenco completado por Sebastian Stan y Allison Janney, es una comedia oscura pero increíblemente divertida sobre el meteórico ascenso y súbita caída de Harding. A pesar de tener un enorme talento y logros, como ser la primera mujer estadounidense en hacer un triple axel en competencia, no logró ser aceptada por la comunidad de patinaje. Criada en la pobreza por LaVona, una madre brutal y exigente, Tonya era diferente a todas las otras patinadoras: sus disfraces eran hechos en casa, usaba canciones de ZZ Top o el tema original de Jurassic Park en sus rutinas, era vulgar y estaba acostumbrada a la violencia. Por fuera de la pista de patinaje, la vida de Tonya estaba marcada por el abuso, desde los insultos públicos de su madre hasta su terrible matrimonio con Jeff Gillooly, su primer amor. En respuesta, la actitud de Tonya se vuelve una mezcla de “que se jodan si no les gusta” y una búsqueda desesperada de reconocimiento y aceptación.

La película se destaca por la fuerza de sus mujeres. Robbie lideró la obra tanto delante como detrás de cámara y su versión de Tonya es fascinante aún cuando rehusa toda responsabilidad por su desgracia. Allison Janney, haciendo de LaVona, es igual de poderosa, interpretando una mujer cruel pero con su propia lógica. La madre de Tonya habla con un abrigo de piel, una cánula de oxígeno y un pájaro sobre el hombro, una imagen insólita tomada directamente de la vida real. Este es solo uno de los toques de humor negro que hacen tan divertida una película que narra, en realidad, una serie de tragedias. Ha sido reconocida por varias nominaciones, entre ellas tres para los premios Óscar de este año, dos de los cuales son para Janney y Robbie. Pero también es loable la manera en que retrata el patinaje. Toma un deporte de difícil acceso que, en otras manos, podría resultar aburrido. En vez, produce algunas de las mejores escenas de acción de la oferta del año pasado, logrando que la audiencia entienda y anticipe los increíbles y famosos triple axel de Tonya. Sin embargo, como lo anota la misma Tonya, el deporte es secundario al drama personal que vivió.

Allison Janney en Yo, Tonya. Cortesía Cine Colombia.

Yo, Tonya, basada en “entrevistas libres de ironía, completamente contradictorias y totalmente reales con Tonya Harding y Jeff Gillooly,” según anuncia en la tarjeta de título al principio del largometraje, no trata de llegar a la verdad de lo que ocurrió con el incidente de Kerrigan. Ni siquiera del matrimonio de Harding. Al contrario, explora la versión que cada uno de esos tres personajes, LaVona, Tonya y Jeff, han creado para sí mismos. Es una mirada a la manera en que la memoria sirve los propósitos de las personas en vez de ser una verdad objetiva, explorando las contradicciones que aceptan y sus justificaciones internas de sus acciones para poder seguir. La película no condena a Tonya pero tampoco la redime, en vez presenta sus palabras y deja que la audiencia decida. De cierta manera es una película que responde a la preocupación actual por la “posverdad” pero también a la narración generada por los medios masivos. Al igual que el caso de OJ Simpson, el ataque contra Kerrigan coincidió con el crecimiento del ciclo mediático. Ambos fueron de los primeros casos cubiertos de todos los ángulos y las 24 horas del día, y son historias que se están revisitando para entender tanto los crímenes como el efecto a largo plazo de ese cubrimiento, con el que seguimos lidiando.

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