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Un mundo nuevo

La tecnología digital, internet y la autogestión están revolucionando la industria del cine norteamericano. Grandes directores como David Lynch se la juegan solos con bajos presupuestos y control absoluto de sus producciones, como en Inland Empire, su última película. ¿Lograrán los directores de culto derrotar a los productores de Hollywood?

2010/03/15

Por Ricardo Silva Romero

Los inconcebibles largometrajes del norteamericano David Lynch van de mano en mano como novelas de culto. Y el cineasta de Missoula, Montana, cuya obra es una suma de producciones inclasificables que no le temen ni a las exploraciones formales ni a las nuevas tecnologías, sería el primero en celebrar que no se trate de una simple frase: obras tan representativas como Terciopelo azul (1986), Corazón salvaje (1990) y Picos gemelos (1992) han aumentado las colecciones de los cinéfilos, como los libros hechos “para unos pocos” aumentan las colecciones de los lectores, no sólo porque Lynch las haya filmado para sí mismo, para deshacerse de aquellas imágenes de pesadilla que llegan a su cabeza, sino porque han aparecido en una era avasalladora, desde 1977 hasta hoy, en la que las producciones estrenadas en los teatros de cine nos han llegado muy pronto convertidas en casetes, videodiscos digitales o archivos clasificados en alguna carpeta de algún computador. Y ello ha modificado, profundamente, la experiencia de ver una película.

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