Olivier Assayas. Olivier Assayas.

Una charla con Olivier Assayas, el heredero de la Nueva Ola del cine francés

Con motivo de la retrospectiva dedicada al realizador francés en el Festival Internacional de Cine de Morelia, ARCADIA conversó con él sobre su visión del cine y su trayectoria personal.

2018/11/14

Por Camilo Rodríguez*

Olivier Assayas es el heredero tardío de la Nueva Ola del cine francés. Como sus representantes, se dedicó primero a la crítica (escribió en los legendarios Cahiers du Cinéma durante cinco años), luego a los cortometrajes (fue seleccionado en el Festival de Cannes de 1982 con Dejado inconcluso en Tokio), después a los largometrajes (con múltiples reconocimientos como el premio de la crítica internacional o el premio Jean Vigo) y, finalmente, a las series (en 2010 obtuvo el Globo de Oro a mejor miniserie por Carlos, aunque él mismo la considera como “una película de cinco horas y media”). Ha trabajado como guionista para Roman Polanski y ha dirigido actores de la talla de Robert De Niro, Penélope Cruz y Juliette Binoche.

A sus 63 años, Assayas sigue siendo un hombre curioso y crítico que conoce los matices del oficio cinematográfico como pocos y, este año, fue uno de los invitados internacionales del Festival Internacional de Cine de Morelia, en México. Nos encontramos en su habitación del hotel Casa Grande, que tiene una hermosa terraza dominada por azulejos y mueblería de madera. Hay poco ruido pese a la cercanía del centro de la ciudad. Escucha las preguntas con atención. Al principio responde de manera lacónica, pero luego se extiende con una seguridad y precisión oratoria envidiables. Su chillona voz parece cuestionar cada cosa que afirma. Le resulta difícil expresarse sin gesticular con ambas manos.

¿Cómo ha sido su experiencia en el Festival de Cine de Morelia?

Es mi segunda vez en el festival. La primera fue en 2010, hace diez años, cuando era un festival más joven pero con casi la misma fuerza. Recuerdo que vine a presentar Después de mayo, que había sido premiada en Venecia por el guion, y Carlos, mi última gran producción. Es claro que el Festival de Morelia ha tomado mucha fuerza en los últimos tres o cuatro años. Es una gran referencia para el cine latinoamericano, ha crecido enormemente en términos de cantidad de películas y está avalado por la asistencia de directores como Jim Jarmusch, Guillermo del Toro o Abbas Kiarostami.

Trailer de: Carlos, (2010).

A pesar de la calidad de su obra y el reconocimiento mundial a su labor, su figura puede pasar desapercibida para el gran público y algunos medios. ¿En qué movimiento cree usted que se sitúa su obra?

Yo pienso, como muchos otros cineastas en Francia, que practico el cine en condiciones de libertad que son las que fijaron los cineastas de la Nueva Ola: Godard, Chabrol, Truffaut, Röhmer. Ciertamente, tengo la impresión de estar en un marco de independencia y bajo unas condiciones que producen un cine hecho con la misma libertad que ejerce un novelista cuando escribe su literatura.

La relación entre cine y literatura, su pasión por los libros, es evidente en sus obras. Pienso, sobre todo, en Los destinos sentimentales, esa adaptación de la gran novela de Jacques Chardonne…

Es cierto, nunca se había hecho una película de autor de tan largo alientocasi tres horas de duración, ambientada en un largo periodo histórico que va desde el fin del siglo XIX hasta la víspera de la segunda guerra mundial. Mi relación con la literatura fue muy fuerte desde mi primera infancia. Aunque crecí en el campo, en la provincia francesa, mi padre tenía una biblioteca con novelas de Balzac, a quien debo mucho, y otros eminentes escritores como François Mauriac o Jacques Chardonne. Para mí, una película es ante todo una escritura.

¿Y por qué no dedicarse a la escritura también?

(Ríe) Mi formación académica es de dibujante y diseñador. Si abandoné el dibujo fue porque no soportaba esa soledad, y me temo que la literatura es muy similar. Prefiero trabajar con gente, su compañía y el contacto que brindan en un set produce una emoción incomparable.

Trailer de: Les destinées sentimentales, (2000).

Al conocer su trayectoria y saber que ha trabajado de la mano de Roman Polanski, me resulta difícil hacer pero también evitar esta pregunta: ¿cómo percibe usted la denuncia por la ola de agresiones reportadas en el medio cinematográfico, el fenómeno Weinstein y, sobre todo, las acusaciones en contra de Polanski?

Este es un debate que me concierne bastante, como a todo el mundo. Cuando todo esto salió a la luz, tuve una discusión con una amiga, Asia Argento, que estuvo entre las actrices que denunciaron a Harvey Weinstein. Nos enviamos un par de mensajes y coincidimos en que afortunadamente por fin se estaba empezando a desmantelar todo este círculo vicioso de relaciones malsanas en el cine. Sin embargo, semanas más tarde, ella me envió un mensaje en donde seguía una cadena de acusaciones contra Roman Polanski, con quien yo trabajé en la escritura del guion de su película Basada en hechos reales. Le respondí que son dos cosas diferentes, pues no quiero entrar a debatir este asunto señalando nombres propios.

Cuando se habla de él [Polanski] no es lo mismo que hablar de la sucesiva agresión sexual, industrial, de alguien como Harvey Weinstein. Ella me respondió con un mensaje bastante hostil y agresivo, tomándome como parte en el apoyo moral de la agresión sexual masculina. Sinceramente creo ser todo lo opuesto. Tiempo después, por fortuna nos reconciliamos, en buena parte pero reconozco que este ataque personal y directo me hizo plantearme muchas preguntas y debatir conmigo mismo sobre mi buena conciencia. Además, creo que la posición de las mujeres en el cine es particularmente difícil. Las actrices necesitan ser deseadas, no solamente necesitan seducir sino, literalmente, ser deseadas, no sexualmente, pero sí deseadas por el ojo mismo. Y este círculo del deseo las pone en una posición de fragilidad muy complicada.

He visto películas de todo tipo en su cinematografía: dramas de época, melodramas románticos, cine dedicado a la juventud, thrillers policíacos, películas de historia y acción. ¿Siente que hay algún género que le hace falta explorar todavía?

Yo no tengo la impresión de explorar géneros, yo utilizo los elementos de los géneros como un medio para expresar una emoción o una serie de emociones. Desde esa perspectiva, no me considero un formalista, trato de no serlo: lo que me importa más en las historias son los personajes, su intimidad. A veces los géneros me ayudan a llegar allí, pues su estructura sirve para provocar la emoción que busco alcanzar a través de ellos.

Trailer de: El agua fría, (1994)

Hablando de la Nueva Ola y de los géneros, me parece ver un vínculo muy fuerte entre joyas del movimiento como Los cuatrocientos golpes o El amor a los veinte años y películas suyas que abordan el tema de la juventud como El agua fría o Después de mayo

Es cierto que tengo una gran admiración y devoción por la obra de Truffaut, pero el mensaje de esta época del cine es precisamente el de la libertad del creador, que define su propia lectura o percepción del fenómeno. Cuando hago cine, no tengo al cine como modelo sino a la vida como modelo. Por tanto, no pienso en Truffaut o Chabrol cuando estoy filmando. Trato de hacer películas con la misma autenticidad que ellos, con la misma sinceridad, pero siempre hablo de mi propia experiencia.

Esa libertad seguramente se ha visto condicionada por dificultades propias del mundo del cine. ¿Qué le ha costado más trabajo para hacer una película?

Muchas veces las condiciones de austeridad y de premura han complicado mucho las cosas, pero yo pienso que lo más complicado resulta ser el hecho de no tener ningún margen de error a la hora de rodar, un tiempo muy reducido en la posproducción, cosas que hacen del oficio una labor casi circense a veces. Afortunadamente, en la mayoría de mis películas yo escribo los guiones sin saber exactamente a dónde quiero ir, y eso es algo que descubro en el set o que voy descubriendo en la víspera del rodaje.

De todas maneras, cada película es un desafío distinto, o por lo menos debe serlo, desde mi punto de vista. Lo más ambicioso que yo he hecho desde el punto de vista formal y por todas las dificultades que implicó ha sido Carlos: grabar en diferentes países, en diferentes idiomas, tocar un tema histórico bastante sensible como el terrorismo ligado a la causa palestina…

¿Y cómo sucede la gestación de una película en su experiencia? ¿Tiene un método en particular para encontrar las historias que quiere contar?

No, en absoluto. Para mí la escritura de una película se impone sola, es siempre un proceso diferente y que sucede de una forma misteriosa. En otras palabras, las historias se me imponen a mí, pero es como si hubiera algo dentro de mí mismo que estuviera predispuesto o inclinado hacia un tema o una historia, y cuando esa relación es clara en mi mente, cuando tal o cual personaje comienza a perseguirme y no desaparece, entonces yo empiezo a escribir.

Trailer de: Basada en hechos reales, (2017).

Según cuentan usted trabaja actualmente sobre una nueva película (risas), un proyecto sobre la guerra fría probablemente con Penélope Cruz, Gael García y Wagner Moura que aparentemente sigue la línea de Carlos

Así es, trabajo sobre una película que espero rodar en 2019, está basada en una historia real, un poco como Carlos, construido sobre hechos verídicos, una historia de espías cubanos. Además, sería la primera vez que tendré la oportunidad de hacer una película en español.

¿Qué busca ver cuando se acerca al cine contemporáneo? ¿Alguna referencia en especial?

Por el momento, solo sé que me interesa cada vez menos el cine que se hace en Hollywood. Un cine cada vez más industrial, menos artesanal y muy poco profundo. Entonces, obviamente, lo que me llama la atención es el trabajo de cineastas independientes que buscan explorar la complejidad del ser humano de una manera original. La última película que he visto y me ha conmovido profundamente es Roma, de Alfonso Cuarón.  

Y para terminar, ¿qué consejo podría darle a los jóvenes creadores dedicados al cine?

El único consejo para jóvenes realizadores, o para los jóvenes artistas es el de darse la entera libertad de seguir su intuición, su instinto y no escuchar nada de lo que le digan. En la creación no hay que escuchar a nadie más que a sí mismo.

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*Periodista cultural y escritor.

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