Una vida violenta, de Thierry de Peretti, explora los movimientos independentistas corsos y su reconfiguración en la segunda mitad del siglo XX. Still: Cortesía. Una vida violenta, de Thierry de Peretti, explora los movimientos independentistas corsos y su reconfiguración en la segunda mitad del siglo XX. Still: Cortesía.

‘Una vida violenta’: la convulsión en la marginalidad del Estado

‘Una vida violenta’ explora los movimientos independentistas corsos y su reconfiguración en la segunda mitad del siglo XX, con una mirada íntima y fresca a las vidas de algunos de sus integrantes más jóvenes.

2018/08/24

Por Nicolás Mejía

El Estado es dinámico y cada cambio en su estructura o en sus principios tiene un alto impacto en todo lo que comprende y lo que lo rodea. Con la presencia de sus instituciones, busca consolidar unos objetivos, una visión. Pero, en términos prácticos, hay incontables espacios que no han sido permeados en su totalidad por sus expresiones y que se organizan a su manera y crean sus propias normas en pro del sentido que se asignan. A veces, estos espacios marginales toman fuerza y resultan en convulsión. Una vida violenta, de Thierry de Peretti, explora los movimientos independentistas corsos y su reconfiguración en la segunda mitad del siglo XX, con una mirada íntima y fresca a las vidas de algunos de sus integrantes más jóvenes.

Stéphane es un joven apolítico que vive el día a día refugiándose en los libros, la música y sus amigos en la ciudad corsa de Bastia. Por un favor que le hace a un coterráneo en un viaje al continente termina en la cárcel cumpliendo una corta condena y, entre conversaciones y la inmersión en una literatura política, le encuentra un sentido a su vida en el movimiento independentista. Así, de regreso a Córcega acerca a sus amigos al movimiento, impulsado por individuos con poder en las altas esferas de la sociedad regional corsa y nacional francesa. Las armas se convierten en su medio de comunicación, para intentar expresar un malestar histórico en una marginalidad que se convierte en el espacio de las más variadas formas de explotación de la tierra y de un capital que circula ineficientemente en la región. Sus familiares y allegados se vuelven protagonistas de una convulsión que es un grito de ayuda y de reivindicación cultural, pero a su vez una espiral violenta donde se difuminan los ideales y se imponen las ideas de poder y de venganza.

La estructura del filme parece tener sus raíces en las películas clásicas de gangsters The Public Enemy (1931) y Scarface (1932)– por su similitud temática y por su inspiración en las fórmulas de la tragedia griega. Pero a su vez se distancia en el ambiente que crea y comunica al espectador. Las películas de gangsters suelen presentar protagonistas ambiciosos, que entienden el funcionamiento de todas las instituciones de facto que los rodean y que por esta conciencia única son capaces de desafiarlas para ganar poder y dejar una huella en el mundo. En su desarrollo, la historia se va cerrando sobre ellos, generando en la audiencia una sensación de angustia frente a un destino funesto anunciado. En cambio, Una vida violenta presenta unos personajes víctimas de una vastedad conceptual difícil de abarcar en una región apartada, tradicional, casi invisible para el mundo exterior. Sus protagonistas son jóvenes, ingenuos y soñadores. A medida que se hacen partícipes de su realidad, la vastedad se vuelve aún mayor, y la zozobra toma fuerza en la inmensidad, en la soledad y vulnerabilidad de los personajes.

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La película Scarface (1932) terminaba con el anuncio a modo de eslogan publicitario “The world is yours” como sentenciando lo inalcanzable para su protagonista. Una vida violenta, por el contrario, presenta unos personajes que no quieren el mundo, sino quieren encontrar unas raíces para hacerlas lo más propias posibles y morir en ellas. Es la impotencia de buscar lo que debería ser dado y de encontrarse en las amplitudes de la marginalidad completamente desposeídos.

Córcega es un ejemplo de las dinámicas que toman lugar en la marginalidad del Estado. De lo que pasa en los territorios europeos anexados a ideas de naciones con políticas económicas y culturales insostenibles. Es también un ejemplo de las regiones perdidas en el vasto continente latinoamericano donde el Estado está ausente y se imponen manos ambiciosas que manipulan las ideas de las gentes y provocan un círculo vicioso de atropellos y reacciones violentas. Es una metáfora del colonialismo económico y político y sus anunciadas consecuencias. Una vida violenta es una reflexión histórica y un anuncio sobre un espíritu que se mantiene vivo en todas las marginalidades en el mundo, en las distintas dimensiones donde hay bombas de tiempo estallando y reactivándose de nuevo.

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