Violeta Parra murió el 5 de febrero de 1967. Violeta Parra murió el 5 de febrero de 1967.

Sobre Violeta Parra, el deseo y la oscuridad

‘Violeta se fue a los cielos’ es una película que esquiva las convenciones de un género para honrar la vida y la muerte de la artista chilena.

2018/02/13

Por LAURA MARTÍNEZ DUQUE

Las películas biográficas suponen un desafío para el realizador que debe dar contorno a un personaje, acotar una vida a un par de horas, privilegiar unos rasgos y dejar por fuera otros en una operación que, finalmente, revela su propia interpretación de ese universo. O su sesgo.

Casi siempre el relato intenta ser preciso en términos cronológicos y narrativos. Hay una intención de avalar o justificar la celebridad en cuestión y, especialmente cuando son las biopics nacidas en Hollywood, suelen tener un tono aleccionador o motivacional. Películas que funcionan como una exaltación de la vida –de ese personaje que hizo algo maravilloso con su vida– o como vehículo de un mensaje del triunfo de la voluntad humana frente a la adversidad.

De todo esto se aleja el director chileno Andrés Wood en su película sobre Violeta Parra. Violeta se fue a los cielos no pretende ensalzar la figura de una de las artistas fundamentales del siglo XX y tampoco busca enseñarle al espectador la magnitud de su obra y su relevancia cultural. Es que la vida de esta chilena, hermana del poeta Nicanor Parra, solo fue maravillosa a la luz del tiempo. Aún cuando en 1964 se convirtió en la primera mujer latinoamericana en exponer su obra en el Museo del Louvre –su logro más rimbombante entre tantos otros– los medios solo se interesaron en ella cuando se suicidó a los 49 años.

Andrés Wood construye una película sin cronología o anclajes. Se preocupa más por lograr en el espectador una respuesta afectiva, anímica. Por llevarlo al mismo territorio lúgubre en el que habita su protagonista. En Violeta se fue a los cielos no hay información. Hay pulsiones dadas por la imagen, el sonido y el montaje para que el espectador se enfrente a una fatalidad anunciada desde el comienzo. Desde el título.

Para moldear el personaje de una mujer fuerte y revolucionaria el director presenta un cuerpo deseante y un alma frágil. La película logra un personaje fascinante –la actuación de Francisca Gavilán es una de las razones para ver esta película– cuya complejidad particular termina hablando de otras cosas. De la libertad del deseo, del amor y de la creación.

“Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate en el piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y toca la corneta. Odia las matemáticas y ama los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta”. Este pequeño manifiesto son las palabras de Violeta Parra y la sinopsis de la película.

Violeta Parra siempre le cantó a un amor que iba a matarla y Andrés Wood no busca la redención de su personaje maldito ni la justificación de aquel desenlace funesto. Al contrario, presenta a una mujer que siempre ejerció su deseo en contra de todas las convenciones que la confinaban a ser un tipo de mujer, de artista y de madre. Que incluso ejerció su deseo de no vivir más. El mérito de la película es ser igual de libre.

Estrenada en 2011, Violeta se fue a los cielos fue elegida para representar a Chile en los premios Óscar en la categoría de Mejor película extranjera. Ganó el Gran Premio Internacional del Jurado en el Festival de Sundance y en general hizo un gran recorrido por los mejores festivales de cine. Aunque fue la película más taquillera en Chile el año de su estreno, la exhibición comercial en otros países fue decepcionante.

Violeta se fue a los cielos puede rastrearse fácilmente en internet. Vale la pena verla ahora que resuena el apellido de este linaje de antipoetas. Vale la pena la obra en sí misma por cómo abraza la oscuridad para alumbrar a un fantasma precioso.

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