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Separados por una línea imaginaria

De Bogotá a Quito se llega en menos de un día por tierra y, sin embargo, el abismo cultural entre los dos países es inmenso. El escritor colomboecuatoriano Roberto Rubiano reflexiona sobre esa extraña línea que nos divide.

2011/05/03

Por Roberto Rubiano Vargas

En el siglo XVI, durante la Conquista española, se ?tenía la noción de que la línea equinoccial que divide los dos hemisferios y cruza el país del Ecuador, era la frontera entre las riquezas. Al norte, debido al clima cálido, se creía que el oro fluía de las raíces de los árboles del río Meta bajo la forma de arroyos con oro en polvo. Al sur, se consideraba que el frío austral era el clima propicio para la plata. Mitos de la Conquista que fueron creando leyendas territoriales que algunos todavía creen; aquellos que piensan que los colombianos somos los colosos del norte o que los ecuatorianos son pastusos con valium. De hecho, el Museo del Banco Central del Ecuador tiene máscaras de oro y platino que hacen ver pobre al Museo del Oro de Bogotá.

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