| 10/1/2019 10:00:00 AM

Un mundo perfecto, por Esteban Duperly

"La escena parece un fotograma de una película de Hollywood en la década de los cincuenta. Un barniz de un mundo de ensueño o de suburbio norteamericano domina la toma".

DIEGO GARCÍA (DIGAR). 1950. ARCHIVO FOTOGRÁFICO BIBLIOTECA PÚBLICA PILOTO DE MEDELLÍN. DIEGO GARCÍA (DIGAR). 1950. ARCHIVO FOTOGRÁFICO BIBLIOTECA PÚBLICA PILOTO DE MEDELLÍN. Foto: Diego García (DIGAR). 1950. Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto de Medellín

La escena parece un fotograma de una película de Hollywood en la década de los cincuenta. Un barniz de un mundo de ensueño o de suburbio norteamericano domina la toma. Es como si todo funcionara bien ahí: los carros lustrosos sobre las rampas de lavado y mantenimiento a la derecha, mientras a la izquierda hay unos cuantos en desorden, pero tan pocos que ni siquiera estorban. Todo parece fluir, parece limpio. Y hay espacios vacíos; no se intuyen trancones ni tráfico atascado. Para completar, en el tercio de abajo aparece un niño en bicicleta.

La toma es, en efecto, de 1950, y corresponde al registro con fines publicitarios de estaciones de combustible en Medellín. Entonces la promesa de la explotación del petróleo alimentaba imágenes como esta: un mundo confortable, moderno, con autopistas para moverse rápidamente, un niño y lugares así para recargarlos de gasolina; lugares como sacados del cine, donde se podía charlar mientras los números del surtidor giraban a la luz de un letrero con luces de neón que se encendía en las noches.

Ese sueño se ha transformado en una pesadilla distópica por cuenta del mismo negocio que lo incubó, y que hoy, lo sabemos, es incapaz de propulsar de manera limpia y sostenible las incontables máquinas que demandan los mundos perfectos.

*Duperly es periodista y fotógrafo.Duperly es periodista y fotógrafo.
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