Laureano Gómez. Laureano Gómez.

El gran inquisidor del arte

Durante su paso por la embajada colombiana en Alemania entre 1930 y 1932, en pleno surgimiento de Adolf Hitler, el conservador Laureano Gómez se familiarizó con las preferencias estéticas del nacionalsocialismo. De vuelta al país, el controvertido político y futuro presidente utilizó los medios para arremeter contra el ‘arte degenerado’, en uno de los más sonados casos en que la política nacional intervino en la cultura.

2016/06/28

Por Halim Badawi* Bogotá

Tal vez, desde finales del siglo XIX, hemos asumido que el arte es un territorio libre. Solemos repetir que el artista es el soberano de su obra, y que este debe mantenerse ajeno a cualquier injerencia política o económica. Hemos aceptado que esta independencia no solo mantiene viva y dinámica a la cultura, sino que es una condición innegociable para la creación auténtica. Este imaginario, ya debatido en el siglo XVII, ha sido recogido por una gran parte de los artistas y críticos modernos, e incorporado a las legislaciones occidentales, que comúnmente han consagrado, como bien supremo de la democracia, la libertad de expresión a través de la escritura, la oralidad y las artes.

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