Medallas de Bronce (1974), acrílico sobre cartón. 33x38 cm. Medallas de Bronce (1974), acrílico sobre cartón. 33x38 cm.

Felix Ángel y la soledad del corredor de fondo

El homenaje de Art Medellín a Ángel cierra un ciclo en la relación de este artista tajante y radical con la ciudad que lo expulsó en los años setenta. Sin dar señales de estar reconciliado con el medio artístico local, el novelista, poeta, dibujante, pintor, muralista y gestor cultural habló con 'Arcadia' desde Washington.

2016/09/29

Por Pedro Adrián Zuluaga* Bogotá

Antioqueño y anti antioqueño, grupal y solitario”, así definía Marta Traba la obra y la personalidad de Félix Ángel. No hay conciliación fácil entre una sociedad cuya religión es el trabajo, el ahorro y la productividad (“gente necia / local y chata y roma”: León de Greiff) y los inestables caminos de la sensibilidad. La irrupción de Félix Ángel entre los artistas de Medellín a comienzos de la década de los setenta fue meteórica. Dos primeros premios en pintura (1971 y 1973) y un premio especial en dibujo (1972) en sendos salones de Arte Joven del Museo de Antioquia catapultaron su temprano prestigio. En 1975, la aparición de Te quiero mucho, poquito, nada estremeció al pacato medio local. El libro, dedicado a la respetable ciudadanía de Medellín y a su distinguida clientela, “quema entre las manos”, como escribió por entonces Alberto Aguirre, quien en su librería fue el único que se atrevió a distribuir los 1.000 ejemplares firmados y numerados, como si fueran grabados. Esta novela sobre Pipe Vallejo, “hombrecito-niña-niño-cacorro… Monstruo entero niñomediobello”, no solo fue pionera en el gesto de nombrar ese amor que no se atrevía a decir su nombre, sino que es un libro de artista. Los collages y dibujos de esa mítica edición muestran que la visión estética de Félix Ángel estaba cambiando para convocar lo fragmentario, lo pornográfico, el homoerotismo desafiante.

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