Fotogramas de izquierda a derecha: Miriam Miente, Burning y Monos. Fotogramas de izquierda a derecha: Miriam Miente, Burning y Monos.

Diez películas imperdibles del FICCI 59 según ARCADIA

Estas son las diez películas imperdibles del Festival de Cine de Cartagena (FICCI), que este año presentará 166 filmes de 44 países, un número inabarcable para el espectador en Cartagena. Rescatamos algunos títulos, a modo de sugerencia o guía preliminar.

2019/02/25

Por Andrés Suárez* Bogotá

1. A Land Imagined, Siew Hua-Yeo

(2018) | Ficciones de acullá

En Singapur, dos oficiales investigan la desaparición de un inmigrante chino, o un inmigrante chino sueña que dos oficiales investigan su desaparición. Lo que a primera vista parece un thriller policiaco, cuya estética sugiere influencias de directores como Wong Kar-wai y Nicolas Winding Refn, poco a poco provoca la confusión entre el sueño y la realidad. La explotación laboral a la que se ve sometido Wang le ha quitado, paradójicamente, la capacidad de dormir y por ello se refugia noche tras noche en un cibercafé, donde se termina de reforzar la idea de un mundo frío y artificial; la tierra que imaginaba y de la que ya no puede escapar. Ganador del Leopardo de Oro en la pasada edición del Festival de Cine de Locarno, el segundo largometraje de Siew Hua-yeo logra el justo equilibrio entre un cine político y poético. Además de denunciar las precarias condiciones de los inmigrantes provenientes de países como China, Malasia y la India, también propone, en extáticas escenas, genuinos (y urgentes) lazos de amistad y fraternidad: la posibilidad de una comunidad.

2. Burning, Lee Chang-Dong

(2018) | Ficciones de acullá

Reconocida por la crítica internacional con el Premio Fipresci de la Competencia Oficial del 71° Festival de Cannes, esta es una adaptación libre del relato "Quemando graneros", de Haruki Murakami. La película toma como punto de partida un triángulo amoroso poco inusual –cuyo tercer actor es un hipnótico y enigmático joven de clase alta, Ben– y desemboca, de manera magistral, en un thriller psicológico en cuyo centro resultan inseparables la muerte y el deseo. Entre charlas anodinas, encuentros espontáneos y una repentina desaparición, Jong-soo, protagonista de esta historia, observa cómo se teje imperceptiblemente una amenaza; advierte la imposibilidad de salvar a Hae-mi de una violencia inexplicable, inminente e incluso caprichosa.

3. Monos, Alejandro Landes

(2019) | Ficciones de aquí

En medio de la jungla, un pequeño ejército de adolescentes es responsable de la vigilancia y el cuidado de una mujer estadounidense secuestrada por un grupo armado incierto e invisible, con el que los jóvenes soldados solo tienen contacto a través de breves intercambios por radio para recibir algunas órdenes. En la guerra representada por Landes, despojada de referencias históricas significativas para explorar libremente la experiencia de la violencia, participan hombres y mujeres, y un personaje cuya androginia resulta indescifrable. Sus cuerpos, en constante ebullición, son llamados a la libertad e incluso a una abrupta anarquía. Mediante un potente diseño sonoro y una fotografía monumental, el director de Porfirio (2011) supera en este tercer largometraje el realismo de sus trabajos anteriores. En esta fábula ofrece una reflexión sobre dos de los grandes desafíos que, según él, establecen los más recientes acuerdos de paz en Colombia: las disidencias de los grupos armados y la reinserción de los excombatientes a la sociedad civil.

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4. Lapü, César Jaimes y Juan Pablo Polanco

(2019) | Documentes hecho en casa

Aunque es difícil clasificarla, esta ópera prima, estrenada en la Competencia Internacional de Documentales de Sundance, propone una exploración formal en torno a la mortalidad y nuestra relación con los muertos. Doris, una joven wayuu, debe exhumar los restos de su prima para cumplir con uno de los rituales más importantes de su cultura: la anajawaa o el segundo entierro. Los paisajes de La Guajira, bellamente fotografiados, y la imagen de la joven mujer muerta, materializada con gran sensibilidad, son testigos del registro de este duelo, que evita las formas tradicionales de la etnografía audiovisual.

5. Miriam miente, Natalia Cabral y Oriol Estrada

(2018) | Hace calor

Las madres de Jennifer y Miriam organizan los preparativos de la fiesta de quince años de sus hijas, mientras ellas pasan las tardes al sol y de vez en cuando ensayan con sus parejas el baile principal de la celebración. A diferencia de su amiga, y a pesar de que todos quieren conocerlo, Miriam nunca ha ensayado con su novio, Jean-Louis –quizás rubio y de ojos azules, quizás hijo del nuevo agregado cultural de la embajada de Francia–; nadie lo ha visto. Después de una relación por internet y concertar un encuentro, Miriam ha decidido mentir al descubrir que Jean-Louis es negro. Nadie aceptaría algo así, ni siquiera ella, que es hija de un hombre igual. Con previa experiencia en la realización de documentales, Cabral y Estrada exponen una vez más los prejuicios raciales y sociales de República Dominicana a través de una inquietante historia que, como Black Sheep, de Ed Perkins (2018), el corto documental nominado al Óscar, llama la atención sobre las formas en que se siembra culturalmente el autoodio y provoca una lamentable confusión de identidad.

6. Los días de la ballena, Catalina Arroyave

(2019) | Ficciones de aquí

El 21 de mayo de 2018, un mural que pretendía visibilizar y reconocer a las víctimas LGBTI de Chaparral como sujetos de reparación fue borrado por supuestos grupos de limpieza social. Como ya lo han hecho jóvenes realizadores como Juan Sebastián Mesa (Los nadie, 2016) y Laura Mora (Matar a Jesús, 2017), Catalina Arroyave aborda en su ópera prima la violencia de grupos organizados en Medellín y el papel de los jóvenes en ella. En esta película, la anécdota es similar a lo ocurrido en Chaparral, pero a la inversa: una joven pareja de artistas callejeros borra la amenaza que ha sido inscrita en los muros frente a su taller por denunciar colectivamente los pagos extorsivos que se les imponen; borran la inscripción de la muerte para dibujar sobre ella. A pesar de sus limitaciones, este filme propone una reflexión pertinente en torno a la responsabilidad social de los artistas, y sobre todo insiste en la urgencia con que una generación busca actuar –a pesar del terror– y defender los derechos fundamentales de una sociedad cada vez más acorralada.

7. Temblores, Jayro Bustamante

(2019) | Hace calor

Citada por su director como la segunda parte de una trilogía sobre la represión política y social en Guatemala, Jayro Bustamante presentará por primera vez en la región su segundo largometraje, Temblores, seleccionado por la sección Panorama de la 69° Berlinale. Al igual que su ópera prima, Ixcanul –Premio Alfred Bauer de la Competencia Oficial de Berlín en 2015 y selección oficial del FICCI 55–, un fenómeno natural da título y grandilocuencia a este drama protagonizado por Pablo, un hombre casado y con hijos que pone en peligro los principios éticos y morales de toda su familia al confesar su homosexualidad. El conservadurismo y el fanatismo religioso son el marco de la inevitable exclusión social, laboral y familiar de este hombre que, atormentado por las dudas, la culpa y la necesidad de recuperar a sus hijos, accede a probar un intensivo proceso de “rehabilitación”, patrocinado por una doctrina religiosa que gana más y más adeptos en América Latina. La lúgubre y agobiante atmósfera, que construyen en conjunto una dirección de arte y una fotografía sobresalientes, resulta, en ocasiones, claustrofóbica y expresa la nociva autorrepresión de su protagonista.

8. Midnight family, Luke Lorentzen

(2019) | Documentes: algo que declarar

Ante la falta de ambulancias gubernamentales que hagan frente a las cientas de emergencias que se presentan a diario en Ciudad de México, los Ochoa han encontrado en ello una oportunidad laboral. El registro de los pormenores de esta empresa familiar, que resulta naturalmente emocionante, también es la ocasión para atestiguar algunos de los problemas sociales que, en secreto, afectan a los habitantes de una ciudad como esta: la drogadicción, el suicidio y la violencia doméstica, entre otros. Como en cualquier mercado, los Ochoa compiten –literalmente– con otras ambulancias particulares para atender los llamados, y cada noche deben encontrar el equilibrio entre sus necesidades económicas y la humanidad que requiere esa ocupación. Sin embargo, muchas veces, tras invertir tiempo, dinero, gasolina y equipo médico, regresan a casa con las manos vacías. Lorentzen, quien dirige, opera la cámara y edita su segundo largometraje, logra registrar la intimidad de esta familia de paramédicos, esquivando el potencial amarillismo de las imágenes e incluso ofreciendo divertidos momentos de distensión.

9. Inferninho, Guto Parente

(2018) | Muestra Brasil

Concebido en primera instancia como el proyecto de una obra de teatro, este extraño filme, cuya estética coincide en parte con los recursos más representativos del cine de Aki Kaurismäki, narra la historia de un club miserable que acoge en las noches a clientes tan tristes como él. Sin embargo, este modesto local, administrado por una elegante y atribulada mujer trans llamada Deusimar, es el hogar cálido de un grupo de personajes marginados y extravagantes. Ellos ven en peligro el que parece ser su único lugar en el mundo cuando un proyecto municipal pretende apropiarse de su querido Inferninho. Esta es una bella historia de amor y una melancólica fábula sobre la vida y la fraternidad, que demuestra una vez más las posibilidades del más interesante cine cuir (y por tanto, político) que se produce actualmente en Brasil.

10. Still recording, Saeed Al Batal y Ghiath Ayoub

(2018) | Guerra y paz

“La imagen es la última línea de defensa contra el tiempo”, indica Saeed a los camarógrafos que luego registran con él los enfrentamientos en que participan sus compañeros del Ejército Libre Sirio en contra del régimen oficial. Sin embargo, como bien lo indica Farocki en su filme-ensayo Imágenes del mundo y epitafios de la guerra (1988), las imágenes producidas por las tecnologías de la guerra también les han separado de su realidad: la representación de la guerra, el teleobjetivo de las armas de fuego y la distancia que ellos suponen alteran la percepción del mundo y se vuelven desechables. Pero es cierto: la imagen es la última línea de defensa contra el tiempo, que comprende la muerte. Gran parte del material extraído de un total de 450 horas de grabación constante, y que constituye la versión final de este documento –el cual obtuvo uno de los premios otorgados por la Fipresci y el máximo reconocimiento de la Semana de la Crítica de Venecia–, parece buscar corroborar no solo la inconmensurable tragedia de la guerra, sino también los sutiles y significativos signos de vida que persisten en Duma y Guta en medio de ella. Este documental se presenta en una de las pocas secciones que en esta edición del festival tienen continuidad, tras su creación en el FICCI 57 a causa de los resultados del plebiscito nacional por los acuerdos de paz de La Habana, con el propósito de “contribuir a la maduración del debate público sobre la guerra y la paz”.

* Realizador. Asistente de programación de la Cinemateca Distrital

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