Pintura sobre cartulina Pintura sobre cartulina

Aquí no cabe el arte, Antonio Caro

2014/01/24

Por Humberto Junca

A comienzos del año setenta (con el país aún bajo el Frente Nacional) los Salones de Artistas fueron centros de debates candentes entre los viejos nacionalistas (“regresivos” como les llamó Marta Traba), los seguidores de los modernos (como Botero y Obregón), unos “novísimos modernos” (fueron llamados por la prensa coca-colos, ye-yés, go-gós, “modernos de la sorpresa” por Traba y más tarde conceptuales que parecía que iban en contra de todo, y unos “nuevos nacionalistas” (digamos) que querían un arte comprometido, revolucionario y popular. Estos últimos se habían hecho notar (lo que espantó a Traba) apoyados por movimientos estudiantiles que ejercitaban el músculo de lucha dentro de la universidad pública. Para esta izquierda radical el arte de los “novísimos modernos” no tenía sentido (era apenas una moda importada, decadente, elitista, imperialista) y exigía un Salón con un arte propio, para todos: entendible y democrático.

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