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Cóndores no entierran todos los días, Gustavo Álvarez Gardeazábal

2014/01/24

Por Luis Fernando Afanador

Después de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán y de la insurrección del ‘pueblo gaitanista’, los liberales y los conservadores pactaron la Unión Nacional alrededor del gobierno de Mariano Ospina Pérez. Este pacto se rompió por la presión de Laureano Gómez, que obligó al gobierno de Ospina a cerrar el Congreso e instaurar la hegemonía conservadora a través de la policía “chulavita”, la Iglesia y “los pájaros”, sicarios al servicio de ese partido. En 1950, durante el gobierno aún más dictatorial de Laureano Gómez, quien sucedió a Ospina –los liberales no participaron en las elecciones por falta de garantías–, se habían cometido en Colombia 50.000 asesinatos políticos, según los estudios de Paul Oquist y Daniel Pécaut. Tal es el contexto histórico en el cual se desarrolla Cóndores no entierran todos los días, la novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal, una obra emblemática de la violencia partidista de aquella época, mejor conocida como La Violencia, con mayúsculas, para diferenciarla de otros periodos de la violencia colombiana.

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