La Orquesta de Lucho Bermúdez en el Club Campestre de Medellín a finales de los años cuarenta. La Orquesta de Lucho Bermúdez en el Club Campestre de Medellín a finales de los años cuarenta.

Prende la vela, Lucho Bermúdez

2014/01/23

Por Iván Benavides

Durante las fiestas novembrinas de 1938 en Cartagena, sobre el ritmo frenético del mapalé, suena por primera vez la poderosa orquestación de un tema que narra la alegría de una rueda de baile. Cuando Lucho Bermúdez compone “Prende la vela”, las élites de nuestro país rechazaban la música tropical. Mientras el maestro mencionaba a los negros como “vigilantes de nuestros movimientos artísticos y espirituales”, Enrique Santos Montejo, Calibán, director de El Tiempo, escribía con desdén acerca de su música, a la que definía como “una merienda de negros”. Éramos un país parroquial, conservador y pacato, en el que todo estaba por hacerse. Ese rechazo por nuestra música popular era un síntoma manifiesto del desprecio por el pueblo por parte de una minoría esnob, algo que desafortunadamente sigue ocurriendo en algunos sectores de nuestra sociedad.

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