Foto: León Dario Peláez Foto: León Dario Peláez

Treno, Clemencia Echeverri

2014/01/24

Por María Victoria Uribe

Cuenta Clemencia Echeverri que un día cualquiera recibió la llamada telefónica de una mujer angustiada que le dijo: “No sé qué haremos, señora; se llevaron a mi hijo… A media noche llegaron y se lo llevaron”. La mujer llamaba desde una vereda de Caldas. La conversación telefónica fue para Clemencia un llamado áspero y seco, un llamado de reclamo y sin réplica. Dice la artista: “Sentí por un momento que caminaba por la casa, cuartos interminables, uno a uno, las camas tendidas, la madera reseca y sonora, corredores sin fin. Seguí buscando y encontré las chambranas peladas, el comején trabajando, los sanitarios sin agua, los baños sin espejos… retratos amarrillos en las paredes, mis abuelos, mis bisabuelos, mis padres, los perros, la quebrada”.

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