Fotograma de la película

Cóndores no entierran todos los días, Francisco Norden

2014/01/24

Por Sandro Romero Rey

El período de La Violencia en Colombia produjo un conjunto de novelas que pretendieron retratar el horror vivido en el país, a causa de las luchas entre liberales y conservadores. Sobre el tema quizás el libro que mejor ha resistido el paso de los años es Cóndores no entierran todos los días (1971)de Gustavo Álvarez Gardeazábal. El realizador audiovisual Francisco Norden estrenó, en 1984, una versión cinematográfica del libro que contó, entre sus reconocimientos, el haber sido invitada al Festival de Cannes de dicho año. A pesar de que la historia del cine colombiano comenzó con la adaptación de María de Jorge Isaacs, no son muchos los referentes literarios que sirven como punto de apoyo para su memoria audiovisual. Salvo versiones de García Márquez, Vargas Vila, Caballero Calderón, Álvaro Mutis, Jorge Franco o coproducciones a partir de libros de Fernando Vallejo o López Michelsen, la literatura y el cine colombiano han sido casi siempre líneas paralelas que no se tocan. Norden, tras la realización de su documental Camilo: el cura guerrillero y de algunos cortometrajes, se sumergió en una ambiciosa realización de época, adaptando el mundo del escritor tulueño a la atmósfera cundiboyacense y construyendo un filme argumental de sobria eficacia, gracias al conjunto de actores de los que se rodeó y a la fotografía del español Carlos Suárez. La película es la continuación de lo que Gardeazábal perseguía a través de la literatura: la demostración de cómo el horror de la violencia colombiana limita con los más desaforados delirios de la creación artística. Ya Fernando Vallejo había realizado un largometraje en México (En la tormenta, 1980) sobre el mismo período en el que se concentra el film de Norden. En el caso de Cóndores…, se trata de una película que marca un momento determinante para la historia del cine colombiano y se convierte en la obra de ficción más importante de su realizador, quien volvería a la aventura de la ficción 22 años después, con la película El trato. Cóndores no entierran todos los días será la película por la que Norden tendría mayor reconocimiento, no solo por sus valores cinematográficos, sino por convertirse, sin proponérselo, en un filme premonitorio: pareciera que “los pájaros” de los años cuarenta y cincuenta se reprodujeran sin vergüenza en los horrores colombianos del nuevo milenio.

 

 

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