Guerrilleros liberales con Guadalupe Salcedo (izquierda), en 1945.

Siguiendo el corte, Alfredo Molano

2014/01/24

Por Alonso Salazar

Alfredo Molano es el hombre que más ha contribuido, desde una disciplina indefinible pero seria, a conocer lo que acostumbramos llamar la “otra Colombia”.

Molano nació en Bogotá en 1944, estudió en la Universidad Nacional, donde obtuvo el título de Sociólogo, luego se fue a París, considerada la meca de las Ciencias Sociales. Regresó a ejercer como profesor, pero el sedentarismo lo agobió y decidió ser nómada. Sin duda, Molano es un pensador de Izquierda, con mayúscula, pero es heterodoxo. Hasta en su pinta se ve: es un hombre menudo, con cuerpo de adolescente, bigote y pelo blanco, de mochila arahuaca y tenis o botas, según la ocasión.

La frase puede no ser exacta, pero alguna vez le escuché decir que había que aprender rigurosamente los métodos y, luego, olvidar rigurosamente los métodos y abrirse con todos los sentidos al mundo. Por eso, cuando publicó Siguiendo el corte, se preguntaba Orlando Fals Borda, gurú de la sociología: “¿Cómo hace Molano para obtener semejante montaña de datos tan interesantes e importantes para la sociedad y la historia del país y del Llano? ¿Actuó como sociólogo, como literato, o como periodista?”. Y el propio Fals Borda se responde: “Me tiene sin cuidado”.

El profesor Juan José Hoyos nos enseñó que “el periodismo es un viaje a pie”. Molano ha sido el mayor viajero que ha tenido este país; por caminos que desde el trópico ascienden a los cielos y ríos inmensos que hasta hace poco desconocíamos. Con su trasegar cumplió el mandato del reportero, pero amplió la definición a las Ciencias Sociales, como la Etnografía y la difícil Sociología, que requieren trabajo de campo.

El investigador desciende de la Colombia de los Andes, que sigue mirando de lejos, como los españoles en la Colonia, los territorios de borde, calentanos, ignorados o percibidos como indeseables. Las palabras que conforman los títulos de sus obras lo dicen: selva adentro, trochas, fusiles, viajes, tapón del Darién, Orinoquía… En la otra geografía física, busca otra geografía humana.

Siguiendo el corte es un cuadro del gran fresco sobre cultura, colonización y violencia que es su obra. Nos brinda la dimensión subjetiva de la historia: el amor, el odio, la venganza, ansias disímiles, el cuadro humano que no se representa en los procesos “objetivos” de los historiadores.

Ya en su presentación de los Años del tropel (1985), Molano había definido el testimonio –el relato en primera persona, presente en casi toda su obra– como una voz colectiva que permite conocer lo que la historia oficial ha obviado: la voz de los excluidos.

¿Qué es Siguiendo el corte? Simplemente es arte, es gran literatura. Una obra que nos completa. Por eso es trascendente. Rompiendo ortodoxias, Molano encontró esa otra parte del alma que nos hace falta para completarnos como nación: lo negado.

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