Tomada por Sergio Trujillo Magnenat Tomada por Sergio Trujillo Magnenat

Corazón abstracto

En la historia del arte en Colombia se da por sentado que Marco Ospina es el padre de la abstracción. Pero Carolina Cárdenas, antes que él, ya había abierto el camino.

2013/11/14

Por Halim Badawi. Bogotá.

Salvo por tres o cuatro excepciones, hasta la década de 1970 el arte académico o moderno producido por artistas mujeres fue reducido (por parte de la historiografía) a su carácter decorativo, calificado por algunos como “pintura dominguera”, por otros como obra conventual y, cuando mucho, como imitación menor del trabajo de sus colegas masculinos. Por su parte, la mujer era fuente de inspiración recurrente para los artistas hombres. Conocemos los rostros de las aristocráticas mujeres que inspiraron los delicados retratos de Epifanio Garay a finales del XIX, pero no conocemos sus voces, ni la voz de las artistas que hicieron parte de la extensa nómina de estudiantes de la antigua Escuela de Bellas Artes de Bogotá (donde oficiaba Garay) o de las participantes en exposiciones nacionales como Rosa Ponce de Portocarrero, quienes constituyen una nota al pie en la virilizada historia de la Academia en Colombia.

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