AFP. Svetlana Alexievich recibió el Premio de la Paz de los Libreros en la pasada edición de la Feria de los Libreros en la pasada edición de la Feria del Libro de Fráncfort AFP. Svetlana Alexievich recibió el Premio de la Paz de los Libreros en la pasada edición de la Feria de los Libreros en la pasada edición de la Feria del Libro de Fráncfort

Una mujer paciente

Arcadia recuerda este artículo publicado en noviembre de 2013 cuando la Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexievich, comenzaba a incluirse en los listados y las quinielas de Ladbrokes, la más popular casa de subastas que todos los años pronostica los probables ganadores.

2013/11/14

Por Hernán D. Caro. Berlín.

Voces, cientos de voces, voces provenientes de la guerra y el sufrimiento descomunal del siglo XX, voces que hablan de su propio pasado con una mezcla de asombro, horror y alivio. Una anciana recuerda cómo una noche en que los alemanes seguían de cerca a su compañía, una mujer soldado que acababa de dar a luz en medio del fango y la sangre de la batalla ahogó con sus propias manos a su hijo recién nacido para salvar la vida de sus compañeros. Otra cuenta cómo treinta años después aún no puede ir al bosque, pues siempre debe pensar en los soldados despedazados que ayudó a enterrar bajo los árboles carbonizados, y cómo, cuando por fin regresó a casa, pensaba que ya no había hombres completos en el mundo, “tantas eran las piernas y los brazos amputados que había visto”. Son las voces de las sobrevivientes rusas de la Segunda Guerra Mundial, que sirvieron en el frente como enfermeras, francotiradoras o cargadoras de cadáveres, y quienes nunca antes habían contado su vida, pues “la historia y el lenguaje de la guerra siempre han sido propiedad de los hombres”. En otro lugar, un testigo del desastre atómico de Chernóbil, en Ucrania, relata: “Cuando regresé a casa tiré a la basura todas las cosas que tenía puestas en Chernóbil. Solo mi gorra se la regalé a mi hijo pequeño. Él la había querido y la llevaba puesta todo el tiempo. Dos años después le diagnosticaron un tumor en el cerebro… El resto lo puede añadir usted misma… No quiero hablar más”. Y una mujer cuenta muy lentamente la historia de su gran amor, a quien vio descomponerse en el lapso de una semana en el hospital en que se encontraba después de pasar algunas horas cerca del reactor que acababa de explotar.

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