En las praderas del fin del mundo / Vine a buscar el desierto. En las praderas del fin del mundo / Vine a buscar el desierto.

ARCADIA recomienda el nuevo libro de la poeta Andrea Cote y los relatos de ‘Vine a buscar el desierto’, de Isabel Botero

Estos son nuestros dos recomendados literarios del mes.

2019/08/26

La voz y el desierto

Quince años de distancia hay entre el primero y el más reciente libro de la colombiana Andrea Cote. Algunas cosas han cambiado en su poesía, pero las más importantes se repiten, como el paisaje cálido y la voz íntima y epistolar. La poeta nació en Barrancabermeja, y en Puerto calcinado (2003) usó sus recuerdos para escribir poemas que son una hermosa carta al mundo; un mundo que no envía ni enviará respuestas, como dijo Emily Dickinson.

En las praderas del fin del mundo (2019) es omnipresente un paisaje seco, porque la escritora vive desde hace algunos años en El Paso, Texas, rodeada de desierto y praderas. Nuevamente, la aridez; y que casi todos los poemas se escriban para un destinatario. “Padre, madre, ya tengo el peso de un hombre”, comienza el primer texto del libro. Se refiere a su hijo, a quien está dedicado el conjunto, pues ahora Cote es madre. Pero la voz se mantiene depurada, perfeccionada. Hay poetas que dan vueltas alrededor de un estilo, puliéndolo, y otros que huyen de la recurrencia a una misma voz. Andrea Cote pertenece a los primeros. Y esa voz permanente se ha convertido, es justo decirlo, en una de las más hermosas y sinceras de la poesía latinoamericana actual.

Juan de Frono

La vida lejos

Muchos cuentistas contemporáneos proponen un ritmo y un tono: acciones y la pulsión de narrar con frases cortas. Estos veinte cuentos de Isabel Botero –que en 2018 ganó la convocatoria “Libro de cuentos inéditos” de la Alcaldía de Medellín– se inscriben en esa tendencia, aunque a menudo se desmarca para extenderse en párrafos de frases largas, de subidas y bajadas; plantea, además, un mundo que es a la vez extenso y chico: es amplio y desconocido, pero basta aventurarse a vivirlo. De ahí que las protagonistas vivan en La Habana, o lleguen a Tel Aviv, o trabajen en Buenos Aires, o viajen por España, o se vayan de Nueva York. Estos cuentos muestran un mundo posmoderno y globalizado.

La autora explora la simpleza de la vida en otros lados, que vista desde lejos parece glamurosa. Muestra también los dramas de personas que andan buscando un hogar lejos del sitio donde la suerte los echó a vivir. Y más allá del estilo con que viajes, aviones, aeropuertos, ciudades cosmopolitas, vecinos extraños y comidas del mundo piden ser narrados, estos cuentos tienen mucha poesía.

Esteban Duperly

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