Benjamín Villegas. Foto: Camilo Rozo Benjamín Villegas. Foto: Camilo Rozo

El rediseño de Benjamín Villegas

¿Cómo capotea la crisis el dueño de la editorial independiente más exitosa y persistente de Colombia?

2013/06/14

Por Lorenzo Morales* Bogotá

Benjamín Villegas duerme mal pensando en libros. En un libro sobre mariposas, en otro sobre el páramo, uno sobre pájaros, otro sobre Bogotá a vuelo de pájaro. Coge ideas del aire o de oídas y las garrapatea en libretas que deja tiradas en los taxis. Cada idea la vuelve una obsesión que empieza a tomar forma, peso y color en su oficina de la calle 82. Allí tiene un pequeño hogar autosuficiente que él mismo levantó, con baño y una especie de diván que puede hacer de cama y una mesa de juntas que puede hacer de comedor. No tiene escritorio de mandamás sino una mesa cuadrada con cuatro sillas. Las paredes son una muralla de libros.

Durante el día suele estar prendido al celular en su papel de telefonista ilustrado o un piso abajo, con sus diseñadores. “Ese color está muy saturado”, dice mientras revisa unas pruebas en pantalla. “Mire si le puede bajar un poco”. “Achiquite esa foto”, ordena, muy rolo, en su uniforme de trabajo: corbata y un saco en V de lana. “Súbale al carmelito”. Está pendiente de cada detalle, examina cada foto, lee cada texto, relee cada pie de foto. Con frecuencia es el último en apagar las luces y el?último en cerrar con doble llave, y a oscuras, la puerta de Villegas Editores. Por estos días también duerme mal pensando en el futuro de su empresa.

Se puede decir, casi sin exagerar, que no hay biblioteca familiar en Colombia que no tenga un libro hecho por Benjamín Villegas. En treinta años levantó a pulso la editorial independiente más exitosa del país y la única que ha puesto libros colombianos de gran formato en el mercado internacional. Ha hecho más de doscientos títulos que condensan un impecable y luminoso álbum de lo mejor de Colombia en arte, arquitectura, fotografía y naturaleza. Sus pocos libros sobre cómo viven o comen en otras latitudes son, también, el reflejo de nuestras añoranzas y arribismos.

Su editorial creció sobre un modelo que no existía en el país: financiar libros sobre Colombia vendiéndole a las grandes empresas el derecho de regalarlos de forma exclusiva. Los remanentes, vencido el privilegio, los vendía al público. Los libros llegaban a las librerías después de haber pasado por la mejor vitrina: las opulentas salas y los escritorios de los ricos y poderosos. Un libro de Villegas fue por mucho tiempo el regalo sin alcohol más respetable que se le podía dar a un desconocido; hacía sentir culto al que lo daba y al que lo recibía.

Villegas logró imprimir en sus libros una rara mezcla de cultura, lujo y poder, a costa de una vida personal más bien austera. Su método ha sido una entrega enfermiza al trabajo, un intransigente gusto por las cosas bien hechas y una vida social cultivada al milímetro. “Villegas es el gran relacionista público del mundo editorial”, dice Nicolás Morales, director editorial de la Universidad Javeriana. “Logró meterse a las juntas de las grandes empresas y las convenció de que había que regalar libros. Eso es muy meritorio”, resalta.

En las reuniones con los clientes, Villegas podía llegar a ser obstinado e incansable. “Es una persona excesivamente conversadora”, dice Luis Fernando Charry, quien trabajó en Villegas Editores entre el 2005 y el 2010. “Si usted estaba haciendo un negocio con él y no quería oírlo más lo mejor era decirle que sí”. Su ábrete sésamo es siempre el mismo: “Hágale un regalo cultural al país”. Con esa estrofa le sacó libros al Grupo Bolívar, Santo Domingo, Ardila Lülle, Sarmiento y Pedro Gómez, entre otros.

No todos los libros de Villegas son buenos pero todos están bien hechos. “La calidad de sus libros es de lo más excepcional que ha existido en Colombia”, dice Felipe Ossa, gerente de la Librería Nacional y librero hace cuarenta años. Villegas, arquitecto de formación y diseñador de oficio, ha ganado premios importantes en Asia, Europa y Estados Unidos. Ganó el libro más bello en Leipzig, el Gourmand Cook Award en París, la mejor impresión en Hong Kong. En Colombia ha ganado todos los premios a la calidad editorial, el último el Lápiz de Acero a vida y obra, el mes pasado.

Pagar el costo del libro antes de salir a venderlo, parecía una fórmula sin posibilidad de fracaso. Villegas, con una empresa que fundó con un millón de pesos en septiembre de 1986, vivió una época dorada. Publicaba hasta veinte títulos de lujo al año, construyó su propio edificio en el sector más exclusivo de Bogotá, montó librerías propias en centros comerciales, abrió una línea infantil y otra de literatura. Sus hijos estudiaban en Europa. El ímpetu de entonces le dio hasta para meterse en el negocio ajeno de importar juguetes. No había coctel o evento social al que no invitaran a Benjamín, y ojalá quedara una foto.

“Un buen año”, tituló Semana una nota dedicada a Villegas Editores en el 2009. “Al parecer la crisis económica que ha afectado a la industria del libro no se ha sentido en la editorial fundada hace más de veinte años”. Ese año, Villegas publicó dieciocho novedades.

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