El cantante Robert Plant, el bajista John Paul Jones y el guitarrista Jimmy Page en concierto en el estadio Kezar en San Francisco, California. 2 de junio de 1973. Foto: Larry Hulst/Michael Ochs Archives/Getty Images. El cantante Robert Plant, el bajista John Paul Jones y el guitarrista Jimmy Page en concierto en el estadio Kezar en San Francisco, California. 2 de junio de 1973. Foto: Larry Hulst/Michael Ochs Archives/Getty Images.

Las formas de la permanencia: 50 años de Led Zeppelin

Seguimos las huellas de los músicos británicos. ¿En cuáles bandas se puede rastrear su influencia y cómo se manifiesta en la música comercial contemporánea?

2018/06/26

Por Jacobo Celnik*

El 12 de enero de 1969 apareció el álbum debut de Led Zeppelin. Intransigente, atrevido, experimental, sobrecogedor y extremadamente ruidoso, fue un producto único para su tiempo. Ninguna banda sonaba parecido o cercano a lo que ellos proponían. Ni The Yardbirds, sus ancestros directos, habían logrado tanto poder con su sonido. Varios aspectos inquietaron a la crítica y a productores como Glyn Johns, quien reconoció que “nunca había escuchado semejantes arreglos en una banda de rock o a un grupo de músicos tocar de tal forma”. Por primera vez un cantante de blues rock dividió las aguas y rompió para siempre el cordón umbilical que los unía con la vieja escuela de bluseros norteamericanos. Atrás quedaba el apego a Willie Dixon y Muddy Waters. Esta vez la aproximación era transgresora, a partir de la mirada de un joven inmaduro, poseído por enormes flujos de testosterona y desenfreno que le permitieron llevar la canción del rock a terrenos sexuales nunca antes vistos, ni siquiera por Mick Jagger, el más sexual de los frontman del momento. El secreto: un toque de soul y seducción.

Junto al cantante Robert Plant estaban los mejores músicos de sesión del Reino Unido. John Paul Jones, un bajista rítmico impecable con formación como pianista clásico, admirador del barroco y cuidadoso con cada nota. Detrás, John Bonham, un baterista sacado de otro planeta (quizás el más grande de la historia del rock), seguidor de Keith Moon de The Who y quien decidió seguir al pie de la letra el sonido de la guitarra de Jimmy Page (el fundador, dueño, amo y señor de la banda), un guitarrista oscuro, espeluznante y dramático, como nunca antes se había escuchado en el rock. El álbum Led Zeppelin I (1969) llegó en el punto final de una década única, pero su sonido venía del futuro.

Una megaestructura del rock

Sí, del futuro cuando los punks de la segunda mitad de los años setenta renegaron de la pomposidad y suntuosidad de la música de Led Zeppelin y, sin reparo, repitieron sin parar cada uno de sus feroces y crudos acordes. Basta con hacer una autopsia de “Communication Breakdown” para comprobar que sus notas aparecen en varios temas de Sex Pistols, Ramones, New York Dolls, entre otros. Del futuro a finales de los años setenta, cuando The Clash y The Police usaron los ritmos del reggae que Zeppelin había usado en 1973 en “D´yer Mak´er”. Del futuro a mediados de los años ochenta, cuando un centenar de bandas del glam rock de Estados Unidos encontró en los excesos de “Stairway to Heaven” y en la sensualidad y sexualidad de “Whole Lotta Love” y “Rock and Roll” (nunca antes unos gemidos llegaron tan lejos) las musas perfectas para crear himnos pegajosos que luego se conocieron como “power ballads”. Del futuro cuando el grunge de Seattle encontró las conexiones con el punk puro setentero que tanto renegó de su legado, clave para que tipos como Kurt Cobain o Chris Cornell entendieran su lugar y su tiempo y las posibilidades que la música de 1970 podía ofrecerles a sus bandas.

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El puente que construyeron Page, Plant, Jones y Bonham en 1969 es uno de los más largos, persistentes y duraderos de la historia del rock, solo equiparable con el de The Beatles. Una megaestructura que aún erige sus cimientos en todo el planeta gracias a las infinitas posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen para perpetuar su sonido. Las primeras raíces de su legado aparecieron en América del Norte a lo largo de la década de los setenta. Ser parte de la disquera Atlantic Records (Ray Charles, Yes, Aretha Franklin y Crosby Stills and Nash) les aseguró conquistar tierras lejanas desde el primer momento. Gracias a las cuidadas ediciones de sus primeros dos álbumes de 1969, miles de jóvenes norteamericanos conocieron, por la radio, un sonido fascinante que venía desde Inglaterra. Bandas como Rush, Cactus, James Gang, Grand Funk, Montrose, Heart y Aerosmith fueron pioneras en usar elementos avanzados de la música de Zeppelin para hacerlos convivir con el country, con el folk, el bluegrass, el blues, entre otros ritmos. En un viaje circular de influencias, los ingleses les mostraron a los estadounidenses y canadienses cómo darle la vuelta a los orígenes de los padres del blues y volver su sonido contemporáneo sin necesidad de repetirse.

“Cuando grabamos ‘Sweet Emotion’ acababa de salir el álbum Physical Graffiti (1975). Si escuchan con mucho detenimiento el referente es ‘Trampled Under Foot’, que es como un primo en segundo grado de esa canción. Tomamos ese groove fanfarrón y lo adaptamos al sonido de Aerosmith”, le dijo el guitarrista Joe Perry a la revista Rolling Stone en 2014. El impacto de Physical Graffiti está presente en casi todo el disco Toys In The Attic. El inicio de la batería de “The Rover” es la esencia rítmica de “Walk This Way”, incluso copia un pedazo literal al inicio, pero más rápido; el concepto es el mismo. Las armonías de la canción “Toys In The Attic” y la similitud del sonido de la guitarra con la voz vienen de “In My Time of Dying”. “Uncle Salty” usa algunos arreglos y sonidos de “Down By the Seaside”. Podría tomar una a una las canciones de Aerosmith y compararlas con las de Zeppelin, las coincidencias son impresionantes.

Un legado que voló lejos y muy alto. América Latina no fue ajena el impacto de Led Zeppelin. Aunque en países como Colombia, Perú y México la mayoría de artistas locales de inicios de los años setenta se vieron influenciados por The Beatles, Cat Stevens, Simon & Garfunkel y The Rolling Stones, en Argentina los liderados por Page fueron determinantes en la carrera de la primera edad de oro del rock nacional. Bandas y músicos como Billy Bond y La Pesada del Rock and Roll, Manal, Kubero Díaz, Pappo’s Blues, Miguel Abuelo, Vox Dei, El Reloj y Pescado Rabioso encontraron en los primeros cuatro álbumes de la agrupación inglesa la luz que marcó un camino a seguir. Luis Alberto Spinetta nunca escatimó en elogios para los ingleses. En un reportaje para la revista Pelo, de 1971, insinuó que su propuesta los enloquecía. “A mí el grupo que más me llega es Zeppelin. Me conmociona mucho, cada día más. Todos los conjuntos están integrados por mutantes, pero Led Zeppelin es uno de los más rayados y mutantes, se arriesga a cambiar su música y sigue siendo, por sobre todas las cosas, Led Zeppelin. La evolución es algo que crece; lo que crece tiene una raíz y lo que tiene una raíz también tiene una base que no se puede cambiar con el tiempo. No se puede empezar un edificio por el primer piso”.

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Esta banda creó el rock del futuro y estableció para siempre el rock moderno que conquistó los grandes escenarios. El 5 de mayo de 1973, tres años después de la disolución de The Beatles, eran los dueños del planeta gracias a superar varios registros e indicadores, entre ellos un récord que antes estaba en manos de Lennon, McCartney y compañía: el mayor número de personas para ver un espectáculo musical en vivo. Gracias a los 56.000 espectadores que los vieron en el estadio de Tampa tomaron una escalera al cielo que llegó más rápido de lo pensado. Fue la banda más grande y exitosa pos-The Beatles. Nadie logró equiparar sus números. Cambiaron las reglas del juego de los espectáculos en vivo y crearon unas normas tácitas que permanecieron durante los años setenta. Esa noche en Tampa recibieron 309.000 dólares por venta de boletas. En cuanto a la música, hay que decir que ni Dylan, ni The Beatles o The Who son responsables de la modernidad del rock. Aunque fueron pioneros en métodos y formas de composición, la agrupación de Jimmy Page concibió la forma del rock que se enquistaría en el adn de los músicos por casi 50 años. Un rock sin concesiones y multitudinario. Un tipo de rock que fortaleció a la industria del disco y sus tentáculos del mercadeo. El rock era el amo y señor del consumo de música en el mundo y los responsables eran cuatro ingleses visionarios.

En la actualidad, sin Led Zeppelin no podríamos hablar de Wolfmother, Jack White y The White Stripes, Foo Fighters, The Black Keys, Lenny Kravitz, Fleet Foxes, Jake Bugg, Radiohead, The Black Crows, My Morning Jacket, Big Big Train, Muse, Queens of The Stone Age, Kings of Leon, The Jets, Rival Sons, Tame Impala, Justice, The Mars Volta, Primal Scream, Joe Bonamassa, entre otros. La lista de los influenciados por los británicos es robusta, infinita. Cada uno de los artistas citados anteriormente encontró en la música inmortal de Led Zeppelin, en su estética, en sus arreglos, en su mística y su fuerza, los ingredientes ideales para crear canciones sin la necesidad de repetir o imitar, para reivindicar su pertinencia en nuestro tiempo. Un legado que rompió estereotipos y alcanzó espacios inimaginados.

En 1986 un trío de raperos de Nueva York decidió robar, literalmente, el inicio de “When The Levee Breaks” para usarla en el tema “Rhymin & Stealin”. Los Beastie Boys no solo habían lanzando uno de los álbumes más importantes para la historia del rap (Licensed to III), habían encontrado la manera de unir ritmos blancos con estética afro y urbana. Un paso adelantando en su tiempo que Plant ni Page hubiesen imaginado abarcar.

A 50 años del nacimiento de Led Zeppelin, solo Jimmy Page se aferra con fuerza a soportar en sus hombros el peso de la historia del grupo, a mantener viva su llama y memorabilia cada vez que una efeméride lo permite (hace tres años todo el catálogo de la banda se reeditó en ediciones de lujo con rarezas). Sin embargo, John Paul Jones y Robert Plant entendieron que lo acontecido en esos 12 años que cambió la historia del rock y de sus vidas, para bien y para mal, se quedaba en ese periodo. Incluso Plant ha dicho que, más de medio siglo de emociones, se deben conmemorar 38 años de oscuridad para la familia Bonham. Para Plant no tiene sentido vivir del recuerdo, salvo que ese recuerdo tenga un propósito creativo coherente. Ese fue el principio para que la reunión de 1994 entre Page y Plant ocurriera. Es y no es Led Zeppelin lo que quedó plasmado en el desconectado No Quarter (2001). Hay un sentido más profundo desde lo musical que simplemente rehacer viejos clásicos. Por eso Plant se alejó radicalmente de un legado que se defiende solo. La batalla eterna de Led Zeppelin le pertenece a cada uno de los artistas que hoy en día mantienen vivo su legado. Ese es el sentido y el triunfo de su inmortalidad.

* Escritor y periodista especializado en temas musicales. Su más reciente libro se titula La causa nacional: historia del rock en Colombia (2018).

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