Bad Bunny en el festival Coachella el 21 de abril de 2019 en Indio, California. Foto: Kevin Winter | Getty Images. Bad Bunny en el festival Coachella el 21 de abril de 2019 en Indio, California. Foto: Kevin Winter | Getty Images.

Benito Antonio Martínez Ocasio, directamente del espacio

A mediados de 2016, Bad Bunny todavía empacaba productos en un supermercado en Vega Baja, Puerto Rico, pero ya producía sus propios temas de trap, que publicaba en SoundCloud. Hoy es el artista latino más popular en Spotify y el quinto cantante más oído en el mundo. Notas de un fanático.

2020/02/25

Por Simón Ganitsky*

En medio de los silencios que separan las primeras notas del beat, se escurre y se impone un lamento: “Ye, ye, ye, ye, ye”, canta una voz viscosa. En la mezcla parece el murmullo filtrado de un sintetizador análogo, pero su modulación nos recuerda que estamos ante un desgarre, ante una ruptura, ante un acontecimiento que es corporal a la vez que sonoro. Es así como Bad Bunny inaugura y firma muchas de sus canciones, con un grito que es lamento, pero también goce, cuerpo y afirmación. Con su ye, ye, ye, ye, ye tan plástico, Bad Bunny anuncia que lo que viene en la grabación es su canto.

Su nombre completo es Benito Antonio Martínez Ocasio, y se puso Bad Bunny por una foto de la infancia en la que sale disfrazado de conejo y hace cara de malo. Nació en Vega Baja, Puerto Rico, el 10 de marzo de 1994, y es una avalancha de la que apenas nos han llegado los primeros desprendimientos. Aun así, ya ha arrasado con una buena cantidad de prejuicios y con casi todas las resistencias. 2019 fue su año. Es más, hay quienes consideran que fue el cantante de la década, a pesar de que solo estuvo en la escena principal de la música latina los últimos tres años.

Su ascenso ha sido vertiginoso: a mediados de 2016 todavía era empacador en un supermercado en Vega Baja, a la vez que producía sus propios temas de trap, que publicaba en SoundCloud. Hoy es el artista latino más oído en Spotify, y el quinto cantante más oído en el mundo. Como se presenta en una de sus canciones, es “Benito Antonio Martínez Ocasio, directamente del espacio”.

Se hizo famoso cuando Hear This Music, el sello de los productores DJ Luian y Mambo Kingz, empezó a impulsar sus sencillos y le concertó colaboraciones con artistas conocidos. Aun bajo el manto de esta disquera, y a pesar de su vínculo con unos de los productores más aclamados de la escena del género urbano, siguió produciendo él mismo sus propias pistas en temas como “Diles”, “Tú no metes cabra”, “Tú no vives así”, “Soy peor” y “Si tu novio te deja sola”.

La corta carrera de Bad Bunny puede leerse como una lucha por la independencia. No mucho después de que el DJ Luian publicara un video en que afirmaba que era el dueño del cantante, y que este hacía lo que él quisiera, Bad Bunny se separó de Hear This Music, la compañía de Luian, porque no le permitía dar el siguiente paso en su desarrollo artístico: publicar, ya no sencillos, sino un álbum. Por eso, hacia finales de 2018, de manera independiente, lanzó al mercado X 100pre, su primer disco de estudio.

X 100pre, galardonado con el Latin Grammy a mejor álbum urbano, marcó un quiebre en la carrera de Bad Bunny, no solo en términos de su éxito sino de su crecimiento estilístico. Aunque muchos se refieren a él como “un reguetonero”, sería más preciso definirlo como un cantante de trap latino. Pero con respecto a su género, X 100pre opera una transformación que es plenamente intencional y consciente: hay una sección del álbum, conformada por “Si estuviésemos juntos”, “Solo de mí” y “Cuando perriabas”, en la que se hace una transición al reguetón. Al final de “Solo de mí” –que, con su video, es una denuncia contra la violencia de género– el ritmo se convierte en reguetón y, cuando la pista se acaba, se oye a una mujer exclamar: “Mira, puñeta, no me quiten el perreo”, después de lo cual empieza el perreo (palabra que en Puerto Rico se usa no solo para el baile sino para el ritmo más típico del reguetón) duro y contundente de “Cuando perriabas”.

En una entrevista, que, junto a J Balvin, Bad Bunny le concedió a Complex, dice que una de las razones que lo llevó a crear trap fue que con ese género podía hacer que la gente extrañara el reguetón. Y desde X 100pre, Bad Bunny tiende cada vez más hacia el perreo: “Callaíta”, “Vete” e “Ignorantes”, los sencillos más sonados que ha publicado desde su álbum anterior, son todos reguetón.

Pero el trap y el reguetón no son los únicos géneros por los que Bad Bunny se mueve de manera fluida y natural: en X 100pre hay también una canción de pop punk (“Tenemos que hablar”), una de synth pop (“Otra noche en Miami”) y un auténtico tour de force que combina el trap con el dembow dominicano (“La Romana”). En una escena caracterizada por la publicación de sencillos sueltos, o bien de álbumes que no son más que colecciones de sencillos, X 100pre sobresale por su exploración de distintas posibilidades expresivas y por su unidad conceptual.

La vocación de cruzar y difuminar los límites entre distintos géneros musicales quizás esté relacionada con el interés por poner en cuestión los límites y los estereotipos de la expresión de género. Bad Bunny es famoso por pintarse las uñas de colores, y también por aparecer en sus videos como una figura femenina (tanto en “Caro” como en “Solo de mí” es una mujer la que aparece cantando con la voz de Bad Bunny). Quizás a eso se refiere en “Caro” cuando dice “las reglas yo las rompo / y las reparo, eh”. Dos de las parejas que protagonizan el video de “Ignorantes” son del mismo género.

Por sus incursiones en distintos estilos y formas de expresión, por su timidez enigmática, por su estilo excéntrico e histriónico –características todas que sobrepasan las barreras que el lugar común les ha impuesto a los reguetoneros–, muchos han tratado de definir a Bad Bunny con analogías y comparaciones con músicos aparentemente muy lejanos al género urbano. Algunos críticos han señalado que tiene algo de David Bowie y de Prince. Residente, su amigo, lo llama “el Thom Yorke del trap”. Su voz cálida y melancólica lo hace ser también algo así como un Robert Smith del perreo, o quizás el Morrissey del reguetón. Con su voz, su música y sus personajes, Bad Bunny parece estar mostrándonos que entre distintas expresiones de la música popular hay una unidad y una familiaridad que nuestros más enconados prejuicios nos llevan a desconocer.

También es notable que, en una escena musical tradicionalmente ajena a la política, Bad Bunny se ha involucrado activamente en distintos movimientos. En septiembre de 2018, un año después de que el huracán María azotara Puerto Rico, cantó “Estamos bien”, uno de los sencillos más exitosos de X 100pre, en el show de Jimmy Fallon. En su debut en la televisión estadounidense, resignificó su canción con imágenes y mensajes de la desolación en la isla a un año del desastre. La pieza sobre la plenitud y la abundancia del éxito se convirtió en protesta contra las políticas estadounidenses en la isla, y un comentario sobre la fuerza revolucionaria de la solidaridad y de la amistad en medio de la carencia (“No te preocupes, estamos bien. / Con o sin billetes de cien, ey. / [...] Todos los míos están bien, estamos bien, ey”).

Luego, a mediados del año pasado, junto con Residente y Ricky Martin, lideró las protestas que llevaron a la renuncia de Ricardo Rosselló, el exgobernador de la isla, envuelto en escándalos de corrupción. En medio de las manifestaciones, publicó con los hermanos Residente e iLe el rap “Afilando los cuchillos”, una invectiva contra Rosselló, en la que Bad Bunny canta versos políticos brillantes; muestra su capacidad de hacer rimas que expanden el significado de las palabras (“Ya no nos coges de pendejos, / eres un corrupto que de corruptos coge consejo”), de reivindicar la protesta social ante las acusaciones de los partidarios de un orden corrupto (“Y no es vandalismo, / vandalismo es que nos tiremos nosotros mismos / por defender a los que nos llevaron al abismo, / vandalismo es que siempre voten por los mismos”), y de aclarar que el problema no es decir groserías –la indignación se disparó por los insultos que lanzaba Rosselló en un chat privado– sino atentar contra los bienes públicos (“Y no se trata de hablar malo en las conversaciones, / malo hablo yo en mi casa y en todas mis canciones. / Se trata de que le has mentido al pueblo con cojones, / de que escondiste las muertes con todo y los vagones”).

En el resto de sus canciones, Bad Bunny comparte con la larga tradición de reguetoneros la costumbre de afirmar y exagerar sus proezas –musicales, económicas y sexuales–, pero le ha dado un giro distintivo (“la nueva religión, yo soy la nueva era, / el responsable de que ustedes se cayeran”, dice en “Tú no metes cabra”). También tiene varias coplas pícaras e ingeniosas que se han convertido en estribillos de las fiestas de toda una generación de hispanohablantes (“Baby, la vida es un ciclo, / y lo que no sirve yo no lo reciclo”, “Si las miradas mataran, la tuya me hizo el amor”).

Sin embargo, quizás los temas más frecuentes en las letras de Bad Bunny, en especial en sus canciones más recientes, son el abandono, el despecho y el desamor. Esto caracteriza las mejores canciones de Oasis, el álbum que publicó con J Balvin en 2019. Los dos sencillos que han salido hasta ahora de YHLQMDLG (siglas de “yo hago lo que me da la gana”), el próximo álbum –que no había sido publicado completo al cierre de esta edición–, “Vete” e “Ignorantes”, son sobre relaciones fallidas y comparten, aparentemente, una historia común (en una dice “Quédate con el perro pa que de mí te acuerdes”, y en la otra, “Espero que el perrito los jevos te espante”). Esto nos lleva al punto con que comenzó este artículo, pues para el despecho y el desamor, su voz, por su timbre y su gestualidad, es especialmente apropiada. Su ye, ye, ye, ye, ye, su eh y su ey, tan característicos, son gemidos de lamentación, que a la vez reconfortan con su melancolía y con su extraña familiaridad. El eh y el ey operan como signos de puntuación entre sus versos, o como conjunciones.

También es particular la prosodia de Bad Bunny. Aunque el arte de todos los raperos –como de los rapsodas de la antigüedad– es el de manipular la cantidad y los acentos de las sílabas, en la forma como Bad Bunny extiende, confunde y acorta las que componen sus versos hay un virtuosismo innegable. Por ejemplo, en “Infeliz”, la canción de Arcángel en la que él figura, óigase, en la copla “Hoy me levanté sonámbulo, / soñando que estaba azotándote ese culo”, la forma como se acentúan las sílabas del segundo verso para que “ese culo” rime con “sonámbulo”, un auténtico prodigio para el escucha atento y desprejuiciado.

*Ganitsky es filósofo y profesor. Actualmente es estudiante doctoral en Teachers College, Columbia University.
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