Sigur Rós en concierto. Foto: Burak Cing / Redferns / Getty Images. Sigur Rós en concierto. Foto: Burak Cing / Redferns / Getty Images.

Los campos de lava fría de Sigur Rós

¿Cuál es la historia de esta banda islandesa que inventó un lenguaje, cuya voz parece más un sonido atmosférico que una expresión gutural? Este 2 de diciembre, en el marco del festival Sónar 2017, se presentará por primera vez en Bogotá.

2017/10/20

Por Juan Camilo Chaves* Bogotá

En un parqueadero del centro de Reikiavik, la capital de Islandia, una camioneta azul metalizado sale hacia la calle Efstaliti en medio de un vecindario residencial lleno de amplios jardines y coníferas. Es el solsticio de verano de 2016, son las 3:00 a.m. y ya está amaneciendo. El cielo está encapotado y las calles están completamente vacías. La camioneta está en camino de Hringvegur, o la Ruta 1, la carretera circular que recorre la mayoría de las zonas pobladas de Islandia a través de 1332 kilómetros. Durante las próximas 24 horas, en el día más largo del año, esta camioneta hará una transmisión en vivo por la televisión pública de Islandia, un recorrido en el que no hay nada más que hacer que ver pasar el paisaje. Potreros, campos de lava fría, turberas, glaciares, lagos, montañas, el mar. Este proyecto se llama Route One y es una producción de video 360 grados realizado por los integrantes de la agrupación islandesa Sigur Rós. Pero lo que se escucha en el recorrido no son los sonidos típicos del paisaje, lo que suena es una serie de remezclas de su sencillo Óveður (2016) generadas algorítmicamente, una reconstrucción aleatoria del último lanzamiento oficial de la banda. Óveður se puede traducir a español como “mal clima” o “tormentas” y su letra habla de un momento de transición, de quiebres, de desorientación, de lo inesperado.

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“Te perdí cuando entré en ese auto. Lo siento”, le dice David a Sofía, y agrega: “Pero recuerda lo que me dijiste una vez: “Cada minuto que pasa es otra oportunidad para cambiarlo todo alrededor’”. Sofía lo besa y le dice: “Te encontraré de nuevo”. David la mira, toma aliento y camina hacia el borde del edificio. Se desequilibra un poco, pero se incorpora. Gira su cabeza y ve por última vez a su amor, interpretada por Penélope Cruz, mientras el viento ondula perfectamente su pelo y el sol riega un manto dorado sobre él. Tom Cruise, como David, se lanza al vacío. Su vida pasa entera en una caída larguísima que termina con el momento justo antes de estrellarse contra el suelo. “Relájate, David. Abre los ojos”, le dice una voz femenina mientras despierta. Esta escena es uno de los finales más famosos de las películas de comienzo de siglo XXI. Vanilla Sky (2001), la adaptación hecha por el director estadounidense Cameron Crowe de la película española Abre los ojos (1997), termina con la canción Njosnavelin, de Sigur Rós. “Esto superaba cualquier línea del pop, incluso al OK Computer de Radiohead. Me parecía muy valiente y muy atrevido para este momento. Era la magia y la imaginación en su estado más puro”. Así define Álvaro González Villamarín, director de Radiónica, su primer encuentro con Sigur Rós en 2001. Los escuchó en la adaptación estadounidense de Crowe y luego, gracias a una serie de recopilaciones de música independiente europea que le llegaba a la entonces emisora 99.1. “En ese momento lo más de avanzada era el trip hop, con una profundidad nostálgica y oscura. Pero esto era un universo completamente nuevo”.

Sigur Rós nació en 1994 en Reikiavik. Surgió como la unión del vocalista y guitarrista Jón Þór Birgisson (Jónsi), el bajista Georg Hólm y el baterista Ágúst Ævar Gunnarsson. En el momento en que González recibió el compilado, Sigur Rós ya había lanzado dos discos, Von (1997) y Ágætis byrjun (1999), había firmado un contrato con el sello islandés Bad Taste (Smekkleysa) y era una banda con gran reconocimiento en Islandia.

En el otoño de 2002, tras la participación en la banda sonora de Vanilla Sky, Sigur Rós lanzó el disco que le permitió llegar de forma masiva al mercado no europeo, el () (2002) o Untitled, como se le conoce. “Es como una glosolalia particular que a mí como músico me pone el foco en lo tímbrico, en las sonoridades por encima de la letra”, asegura Santiago Lozano, compositor y profesor del Departamento de Música en la Universidad de los Andes. Lozano se refiere al vonlenska, una especie de ‘lenguaje’, sin vocabulario ni gramática, inventado por Jónsi. Se trata de un ejercicio vocal en el que Jónsi canta antes de que se le componga una letra a los vocales y la voz termina funcionando como otro instrumento. En los discos anteriores ya habían aparecido canciones como Von, de donde sale el nombre del lenguaje, pero es en el Untitled cuando por primera vez todas las canciones son cantadas en vonlenska.

Para González el lanzamiento de este disco es clave para la música de las siguientes décadas porque “en un momento en que la música estaba tan perdida, una banda pequeña saca un disco en Islandia, en vonlenska, sin cortes, absolutamente desnudo. Una apuesta total al arte”. El Untitled alcanzó la primera posición en los discos más vendidos de Islandia, disco de oro en el Reino Unido y se metió en el puesto 51 de los Billboard 200 en Estados Unidos.

Los siguientes diez años estuvieron llenos de éxito para la banda. Fueron cabezas de cartel de los principales festivales de música como Glastonbury o Coachella. Se sumaron los discos Takk… (2005), de donde salieron canciones como Glósóli, Hoppipolla y Sæglópur; Með suð í eyrum við spilum endalaust (2008) y Valtari (2012), que alcanzó el puesto siete en los Billboard. “Hay una estructura musical que para mí es muy efectiva”, afirma Lozano y agrega: “Muchas de sus canciones tienen una estructura en crescendo que empieza delicada, suave, sugestiva; y a través de superposición de capas, se va complicando mucho más y termina en una cosa gigantesca, grandilocuente y épica”. Es precisamente esta superposición de elementos, en la que hay instrumentos en vivo, samplers con sonidos diversos y una profundización en el trabajo vocal de Jónsi, la que produce atmósferas tan particulares que remiten a paisajes introspectivos, fríos e íntimos. “Es impresionante como Jónsi trabaja la voz y la banda crea con ella una atmósfera. Pueden partir de instrumentaciones muy básicas, pero la voz es probablemente de donde nacen las canciones de Sigur Rós”, asegura González.

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“Nos sentíamos casi obligados a recorrer el país y dar conciertos en ciudades pequeñas, para el público local”, dice Georg Hólm, bajista de Sigur Rós en el documental Heima (2007), que significa “hogar” en islandés. En el verano, Sigur Rós recorrió durante dos semanas 15 localidades remotas, haciendo 15 conciertos gratuitos sin anunciar. El documental retrata eso, y la vida cotidiana de la banda en esos días. Fue dirigido por Dean Deblois (Lilo & Stitch) e incluyó la participación de 40 músicos, la producción de un libro y un dvd. Heima llegó como un punto de cierre cuando la banda estaba en una especie de crisis por la fama, las extensas giras, el dinero y los productores. “Éramos muy escépticos con cosas como todas las entrevistas, las sesiones fotográficas en las que tienes que posar. Si te negabas a hacerlo la gente te decía ‘¿Por qué eres tan raro?’”, recuerda Jónsi en el documental. La banda necesitaba parar y esta gira de cierre tenía que ser un regreso a su hogar, uno de los ejes más importantes para su música.

Para entender a Sigur Rós es clave entender el contexto cultural de Islandia, un país de tan solo 338.000 habitantes, una población equivalente a Neiva, la vigésima ciudad más grande de Colombia. Islandia es un país en donde la cultura tiene un papel principal en la vida cotidiana de sus habitantes. Una de cada diez personas publicará un libro en la vida y, como muestran datos de 2008, se publicaron 5,2 libros por cada 1000 habitantes. Islandia es el país con más visitas anuales per cápita a cine y los islandeses asisten en promedio a cinco museos al año, mientras que otros países nórdicos como Dinamarca y Noruega apenas van a dos. En Islandia, un país con una población diez veces más pequeña que Canadá, se invierte, proporcionalmente, casi tres veces más en cultura. Pero para González hay otros elementos que son muy importantes en el entendimiento de una banda como Sigur Rós: “Para entender el porqué del arte que se crea en Islandia, lo primero es entender la soledad. Es una sociedad solitaria que vive en medio de unos paisajes exóticos. Son espacios de una soledad profunda. Yo creo que es importante el hecho de estar tan lejos, tan aislados y con tanta soledad. Esa es su esencia sonora. Allá la música es un acto de vida”.

Una de las aproximaciones más comunes a Sigur Rós es tratar de entender su música como una analogía de los paisajes y de la geografía de su natal Islandia. Una música que se siente fría, borrosa, distante y compleja. Esa relación se ha hecho con otros artistas islandeses como Björk y Of Monsters And Men, que frecuentemente usan las mitologías y las características del espacio físico para crear paisajes sonoros y narrativas en sus canciones. “Yo creo que hay un desarrollo lento en sus estructuras musicales. No es que sea más compleja que una canción de Ramones, que tiene entre dos y cuatro acordes, sino que esos mismos acordes suceden en un espacio de ocho minutos. Entonces, los espacios tan lentos permiten que uno se concentre en la sonoridades, que uno las pueda saborear un poquito”, asegura Lozano. Es precisamente esta percepción del tiempo la que ha hecho que se relacionen sus narrativas sonoras con los paisajes de Islandia, y también es lo que ha hecho que muchos críticos vean a Sigur Rós como una banda críptica, inaccesible y distante.

“A quienes no nos tocó The Dark Side Of The Moon de Pink Floyd, sí nos tocó el Takk... de Sigur Rós. Es una mezcla perfecta de poesía, vanguardia, post-rock, rock progresivo e incluso de indie, pero no se casó con el indie ni con el hipsterismo”, asegura González.

El último disco de Sigur Rós, Kveikur, fue lanzado en 2013 y desde ahí la estructura cambió a un formato minimalista que incluye solamente a los tres músicos de la banda, samplers y la voz de Jónsi como un cuarto instrumento. Este es el formato que llegará a Colombia en el marco del festival Sónar 2017, una apuesta inmensa por una banda que, como dice González, “te saca de la zona de confort y te deja más preguntas que respuestas”.

*Periodista y editor de Cerosetenta.

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