Grant Marshall en un concierto en Ámsterdam. Grant Marshall en un concierto en Ámsterdam.

Massive Attack usa ADN e inteligencia artificial para hacer y almacenar música

La ya legendaria banda de 'trip hop' y música electrónica aprovechó el aniversario de su álbum ‘Mezzanine’ para convertirse en el primer grupo en almacenar un disco usando el código de la molécula de ADN.

2019/06/27

Por Nathalia Guerrero*

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"ONCE UPON A TIME DATA WAS GOING TO MAKE YOU FREE” (Hace mucho tiempo, los datos iban a hacerte libre). El letrero se lee grande, en la pantalla, al fondo del escenario. Debajo de ella, Grant Marshall y Robert del Naja, cabezas de la banda Massive Attack, lideran a los músicos que juntaron para la gira que conmemora los veintiún años del álbum Mezzanine, uno de los discos fundamentales de las últimas décadas, que para muchos seguidores representa el mejor trabajo de su carrera.

Los mensajes en las pantallas son de Adam Curtis, el famoso documentalista de la BBC, quien ya había trabajado con la banda emparejando lo sonoro con lo visual en un mismo marco siempre político y provocador. Antes de la gira, Curtis habló del espectáculo, que trataría de condensar más de dos décadas en una sola experiencia: “El show muestra la historia del extraño viaje en que hemos estado desde que se publicó Mezzanine, perseguidos por fantasmas del pasado, rodeados por máquinas que leen nuestros datos y predicen cada movimiento que hacemos”.

“Recupera el control”. “Eres el centro de todo”. “Baila este mundo en 2D; los muertos están entre nosotros”. “La utopía está mucho más cerca de lo que nadie se imagina”. Los mensajes se repitieron en toda Europa durante la gira, que empezó a finales de enero y que tuvo que interrumpirse por cuestiones de salud de uno de los miembros de la banda.Terminará, finalmente, en Norteamérica, a finales de este año.

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Pero además de los conciertos ya realizados y los que están por venir, este año Massive Attack decidió hacer algo mucho más radical para atesorar y expandir en el tiempo todos estos años de música: almacenar Mezzanine como datos en estructuras de ADN. Este es quizás el proyecto más ambicioso que haya emprendido una banda ya famosa por coquetear con la inteligencia artificial, las aplicaciones, los algoritmos y demás desarrollos tecnológicos.

“Cada vez que encuentras una nueva musa, ves las cosas de una nueva manera –le dijo hace unos meses Del Naja al portal Wired–. Si no la cambias constantemente, terminas haciendo las mismas cosas una y otra vez, construyendo rutinas cómodas en las que no hay tensión. Y cuando llegas a ese punto de comodidad, ya no hay mucho que explorar”.

Para un grupo cuyo lema era la experimentación, y cuyas obsesiones han sido los robots y el futuro, que su musa fuese ahora molecular era solo cuestión de tiempo.

Bristol, 1988

La ciudad inglesa, cuna de Massive Attack y Portishead, se define, en palabras de los integrantes de este segundo grupo, como una ciudad donde “la gente se toma su tiempo para pararse de la cama y un atardecer basta para perder la conciencia”. Su historia como un puerto importante en que se traficaban esclavos consolidó una numerosa población negra en el territorio. Esa influencia, el hecho de que es una ciudad universitaria y el ambiente bohemio que se respira en algunos de sus barrios han hecho de Bristol una metrópoli ecléctica y plural. Quizá esos factores responden a la pregunta que muchos nos hacemos: ¿por qué sale tan buena música de Bristol?

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Pero el sonido con que nació Massive Attack no se había escuchado antes allí, y quizá en ninguna otra parte. Un sonido oscuro, acompasado, lejano de la lógica del funcionalismo clubber y raver que apenas estallaba en aquella época. Un sonido bautizado por la prensa, de manera polémica entre los mismos artistas, como trip hop, etiqueta contra la que Del Naja ha despotricado durante décadas, sin poder zafarse de ella.

Diseñado más para escuchar con audífonos que para bailar en una pista de baile, el trip hop podría definirse como “hip hop deconstruido”: una cadencia que suena como un rap downtempo, pero con voz (y sin raperos), y con un aura oscura. Sobre esta base, que se resiste al sonido casi esquizofrénico de la época, confluyen el jazz, el dub y el soul, con arreglos electrónicos que terminan de consolidar la mezcla en un subgénero –uno que James Bradell, más conocido como el DJ y productor Funki Porcini, define como la combinación “entre computadores y droga”–.

En el panorama musical global hay un acuerdo tácito: cuando se habla de trip hop, se empieza por el comienzo, es decir, por Massive Attack. No hay otro camino posible. Luego de coincidir en 1988 en un grupo de DJ pioneros de la cultura sound system británica llamado The Wild Bunch, Andrew “Mushroom” Vowles y Grant “Daddy G” Marshall invitaron a Robert del Naja, también conocido como 3D –quien en ese entonces era un grafitero obsesionado por tener renombre en las calles de la ciudad inglesa–, para armar una banda.

Debutaron con el álbum Blue Lines (1991). Para su creación, el grupo utilizó dispositivos tecnológicos básicos: un sampler Akai S900 y un controlador Midi Akai MPC60. Construida con bases de samples, la línea sonora en la que se crean las canciones de Massive Attack sonaba a algo que en ese entonces no se podía describir, a una revelación.

Con esta misma tecnología, la banda se embarcó en su siguiente producción: Protection (1994). Con el reemplazo de Shara Nelson por Tracey Thorn, Craig Armstrong en los teclados y un flujo constante de colaboradores nuevos, el grupo logró un disco que, aunque tiene joyas como “Karmacoma” o la canción que le da el nombre al álbum, no recibió los mismos elogios que la crítica le dio a Blue Lines. Algunos medios musicales dijeron que el disco era de “música chill”, o incluso de “música para cenar”.

La banda, y sobre todo Del Naja, se rehusó, entonces, a sonar a música “tranquila”.

Un álbum de culto

Mezzanine fue el disco que, se decía, sentenciaría el final de la banda. La predicción, por fortuna, se deshizo con el tiempo. Luego de Protection, y de una colección de remixes de ese álbum hecha por Mad Professor, el grupo empezó a hacer reformas sonoras de fondo que parecían ir en otra vía: mientras Del Naja insistía en añadir percusiones y guitarras en vivo, y sonidos aún más oscuros –propios del pospunk, el dark o el new wave–, Vowles quería tambores ruidosos y arreglos con bajos muy profundos. La tensión en la banda durante el proceso creativo llegó a tal punto que, para poder continuar con la producción, decidieron no coincidir en el estudio: cada quien trabajaría solo, y el álbum se haría uniendo los pedazos.

Este proceso creativo fraccionado y caótico resultó en la obra que convirtió a Massive Attack en una banda de culto, y el principal referente del género. Apenas se publicó en 1998, Mezzanine llegó al primer lugar en las listas de los mejores álbumes del Reino Unido y fue certificado como disco platino ese mismo año. Pero el timonazo musical que Del Naja impuso y el público aclamaba, uno de mayor oscuridad y distorsión, hizo que Vowles dejara la banda. A esto le siguió la salida de Marshall en 2001.

No obstante, Del Naja siguió produciendo con Neil Davidge, con quien la banda venía trabajando desde 1995, y empezó a darles espacio a sus ideas sobre producción y a coquetear cada vez más con el uso de la tecnología para convertir sus presentaciones en vivo en experiencias más completas que dejaran un mensaje distinto. Así fue cuando, para la gira del cuarto disco, 100th Window (2010) –el mismo año de la invasión de Irak–, Del Naja buscó un software que hiciera un muestreo de los titulares relacionados con la guerra de Irak publicados en los medios locales de los países que iba a visitar durante la gira del álbum, y titulares de chismes de celebridades. O cuando en 2013, año en que regresó Marshall, contrataron a Andrew Melchior como el jefe técnico de la banda, y él los ató más y más a la obsesión de Del Naja por expandir los canales de comunicación a otros no convencionales, con nuevas formas de tecnología.

Así, Massive Attack se convirtió en la primera banda que se internó en los campos de la inteligencia artificial. “Si los artistas no tomamos el control del futuro de la música, volveríamos a ser impotentes”, le dijo Del Naja a Wired.

En 2016, la banda lanzó su aplicación de iPhone, Fantom, un reproductor de música que usa variables ambientales medibles por el celular como el clima, la ubicación y la cámara para remezclar y reproducir todo tipo de canciones. La aplicación se lanzó con un ep gratuito llamado Ritual Spirit.

El lenguaje molecular

En 2018, Mezzanine cumplió veinte años. Y para celebrar, la banda quería redistribuir el álbum a través de un canal diferente. Del Naja, siempre un paso más allá cuando se trata de hackear los formatos y los productos, decidió que una forma novedosa de replicar su obra cumbre era el uso de ADN sintético envasado en aerosol.

“Reusar tu propio material, volverlo ADN, ponerlo en una lata de aerosol y distribuirlo de otra forma: eso lo convierte en algo nuevo. Si guardas algo en un medio diferente, lo cambias, lo transformas a nivel molecular”, explica Del Naja.

¿Pero por qué ADN? Y más importante aún: ¿cómo? ¿Es acaso posible guardar en ácido desoxirribonucleico otra información que no sea genética? Y en caso de que sí, ¿cómo se logra y para qué sirve?

El doctor Ewan Birney, del Instituto Europeo de Bioinformática en Hinxton, Inglaterra, ha afirmado que quizá la mayor ventaja de utilizar ADN para almacenar información es que no se necesita usar electricidad y, según cree la comunidad científica, “siempre existirá la tecnología necesaria para leer ADN, siempre y cuando siga existiendo vida basada en adn en la Tierra”.

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Eso quiere decir que no hay problemas de compatibilidad, pues la molécula de la vida es el código universal del lugar que habitamos. Sin embargo, los datos que se guardan en ADN deben ser información que idealmente no deba consultarse a diario, pero que necesite ser conservada. Así, y sin necesidad de electricidad, el adn puede guardarse en una bóveda u otro lugar seguro.

Otras ventajas de ese tipo de almacenamiento molecular es que no necesita un mantenimiento constante, y el poco espacio que ocupa. “Un gramo de ADN tiene la capacidad de almacenar alrededor de dos petabytes de datos, el equivalente a tres millones de discos compactos”, señala Birney. El instituto ya lo había intentado hace más de seis años, y logró almacenar con éxito información como el famoso discurso de Martin Luther King, una foto de su institución en formato JPEG y la colección de Sonetos, de Shakespeare. El ADN que contenía los datos era menor que una mota de polvo. Microsoft también lo ha hecho, al guardar doscientos metabytes en una película con información variada sobre la empresa, que incluye documentos confidenciales.

Para anunciar el proceso, la banda publicó un documento escrito por el doctor Robert Grass, profesor en el Laboratorio de Materiales Funcionales de Zúrich. La publicación, casi inentendible para la mayoría de los seguidores de la banda en Facebook, habla de un procedimiento que incluyó decodificación, código binario y, por supuesto, los cuatro nucleótidos que forman los polímeros ARN y ADN: Adenina, Timina, Citosina y Guanina.

El proceso de guardar datos en ADN consiste en traducir la información a código binario, el lenguaje con que funcionan los objetos digitales, en las bases de nucleótidos que componen lo que se guarda en la estructura del ADN. Cuando esto se logra, los científicos tienen que sintetizar las moléculas de ADN para guardar perfectamente las secuencias de datos almacenados. Para copiar un archivo digital, el código binario debe ser traducido a “lenguaje molecular”, por decirlo de alguna manera. Luego, una máquina de síntesis de ADN produce la secuencia correspondiente. El resultado son varias secuencias fragmentadas y superpuestas, y cada fragmento tiene indicaciones de indexación que las ubica en un punto específico de la secuencia. El proceso genera varias copias del mismo fragmento para asegurar que, en caso de daño, no se pierdan los datos. La información almacenada puede leerse con el mismo equipo que se usa para leer ADN en los laboratorios.

En el caso de Mezzanine, los científicos recibieron el álbum como archivos mp3 de alta calidad, que ocupaban un espacio total de ciento cincuenta y tres megabytes. Los archivos fueron comprimidos con un códec llamado Opus y luego se les añadió la metadata (la información sobre los datos almacenados). El espacio de almacenamiento fue reducido hasta 15,3 megabytes.

Luego de pasar el código binario del álbum a lenguaje propio del ADN, se produjeron 901.065 secuencias de este, que luego fueron almacenadas en cinco mil nanopartículas de silicio, un material mucho más duradero que el componente tradicional de las estructuras hechas para ADN: esferas diminutas de vidrio. Eso convierte a Mezzanine en uno de los mayores archivos codificados de esta manera.

Cada lata de aerosol contendría exactamente esa cantidad de secuencias. El envase, la etiqueta MEZZANINE DNA. Según la revista Wallpaper, solo treinta latas están disponibles desde marzo, aunque todavía no están a la venta y su precio aún no ha sido revelado. Grass, sin embargo, ha dicho en repetidas ocasiones que el costo de este tipo de almacenamientos, por cerca de veinte megabytes de datos, es igual o superior a los seiscientos cincuenta mil dólares. Aun así, según el científico, luego de la primera transferencia, cada copia saldría prácticamente gratis.

“Dejé de sentir nostalgia porque me imagino mirando hacia atrás desde el futuro; mirando lo que realmente me asusta –confesó hace unos años Del Naja–. Tengo ese vértigo. No estoy pensando en el pasado; estoy pensando en el futuro, en cómo me sentiré dentro de diez años”. Quizás ese miedo movió a uno de los artistas más brillantes de las últimas décadas a inmortalizar su álbum, a garantizarles vida eterna a “Man Next Door”, “Dissolved Girl”, “Group Four” o “Teardrop”, todas canciones que merecen pervivir sobre la Tierra.

*Periodista. Exeditora en VICE Colombia. Actualmente trabaja en Connectas, una plataforma que promueve la producción, el intercambio, la capacitación y la difusión de información periodística.
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