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Nacimiento, muerte, resurreción

Las agrupaciones que en los años ochenta se reunían en bares capitalinos como Metro y Nix dieron los primeros acordes del postpunk colombiano, pero su influencia empezó a sentirse casi tres décadas después. Durante mucho tiempo este sonido estuvo en las sombras.

2018/01/23

Por Juan Sebastián Barriga Ossa* Bogotá

Es viernes por la noche en Bogotá, y en el segundo piso de una casa, en la esquina de la Caracas con calle 40, decenas de personas bailan al ritmo del new wave, el dark wave, el rock gótico y demás géneros que engloba el postpunk. Estos amantes de la noche y los sonidos siniestros se mueven de forma errática entre las luces que rebotan contra el techo, pintado como un tablero de ajedrez. Entre el público hay de todo: gente vestida con mallas y cuero, travestis, seres andróginos, punkeros, metaleros, vampiros de atuendos góticos. Es una noche normal en Asilo, uno de los puntos más emblemáticos del postpunk colombiano.

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