El joven Paul McCartney en Teddington Studios. Foto: David Redfern | GettyImages El joven Paul McCartney en Teddington Studios. Foto: David Redfern | GettyImages

El Paul McCartney de Philip Norman

Durante años, el bajista de The Beatles consideró a Philip Norman –biógrafo de John Lennon y cronista de la banda– su enemigo. Sin embargo, en 2013 le concedió el permiso de contar su vida y acceder a documentos hasta entonces vedados. El resultado: una biografía de 768 páginas. ¿Pero qué McCartney presenta Norman? ¿Cómo dejó consignado en ese libro al Beatle ya tantas veces narrado?

2018/07/24

Por Sandro Romero Rey*

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Para escribir sobre la vida de una celebridad se recurre a los principales procedimientos de una novela policíaca. En las casi 800 páginas que el escritor británico Philip Norman consagra a Paul McCartney, el lector “ya sabe” que el protagonista es, a su vez, el héroe y el villano, pero quiere descubrir, a como dé lugar, el secreto para salir siempre triunfante. “Un misterio dentro de otro misterio”, decía Churchill de Hitler.

Con The Beatles el asunto no parece muy distinto. Detrás de la máscara que su manager les construyó en los años sesenta, hay muchas sombras que solo ahora, con la paciencia de sus arqueólogos, comienzan a salir a la luz. Philip Norman había escrito el inmenso libro ‘Shout!‘ (¡Gritad!) en 1986. En él se afirmaba, no sin evidente arrogancia, que John Lennon había sido “las tres cuartas partes de The Beatles”. Años después, parecía querer confirmar esta frase imperdonable con un nuevo libro de 900 páginas: una biografía de John Lennon (Anagrama, 2008) mucho más amable y rigurosa. Norman fue lo más objetivo posible en su relato, pero no consiguió satisfacer a la viuda Yoko Ono, quien se sintió “utilizada” cuando leyó el texto final.

Aunque muchos especialistas han considerado a ‘Shout!‘ como el mejor libro escrito sobre el cuarteto, su autor no pareció quedar satisfecho con los resultados. Durante años escribió novelas y obras de teatro, otras biografías (de los Stones, Elton John, Bob Marley, Mick Jagger…), pero el tema beatle parecía saltarle a la yugular en sus insomnios. Pronto tuvo que aceptar que la historia no había sido contada en su totalidad, simplemente porque la historia no ha terminado. Y el principal responsable de la supervivencia del mito se llama Paul McCartney.

Norman se propuso lo imposible: redactar su propia versión de la vida del músico. Para que la tarea fuese aún más ardua, quiso hacerlo con la bendición de su protagonista. A primera vista, el escritor recibió un portazo en las narices ante la idea, pues la única opinión conocida de Paul sobre ‘Shout!‘ es que debió llamarse Shite! (¡Mierda!). Durante décadas, Lennon, Harrison y Ringo habían tenido “la buena prensa” beatle, mientras el compositor de “Let it Be” era considerado un traidor, vendido al establishment. A juicio de McCartney, buena parte de esa leyenda se le debía a Philip Norman. Pero los años pasan y el tiempo ha terminado dándole la razón al bajista. Norman lo ha aceptado, y McCartney, por su parte, sabe que los buenos escritores no se encuentran a la vuelta de la esquina. Así que ‘Paul McCartney: The Biography‘, por Philip Norman, terminó siendo un hecho en 2017.

Al parecer, al menos eso nos dice el autor (un mago no revela sus trucos), Mr. Norman nunca habló del tema con su biografiado, salvo “la bendición” escueta que recibió en 2012, a través de un correo escrito por una de sus secretarias: “Querido Philip: gracias por tu mensaje. Con gusto te doy mi aprobación tácita y tal vez Stuart Bell [su jefe de prensa] pueda ayudarte. Cordialmente”. Era el pistoletazo que necesitaba para la largada. Durante casi tres años se concentró en el proyecto. No solo pretendía desenterrar los secretos de McCartney, también se propuso convertirlo en la radiografía de una generación y escribir un elegante mea culpa para retractarse de sus opiniones sobre la figura el genio. Norman quería demostrar que, en “la novela” de McCartney, el héroe podía ser lo que quisiera, el asesino y la víctima, pero el autor se reservaba el derecho a ser el mejor de los detectives. Y lo ha conseguido.

Sin embargo, uno se pregunta antes de abrir sus páginas, ¿qué habrá de nuevo en su libro? ¿Por qué McCartney accedió a que “su enemigo” fuese su biógrafo? En las novelas policiacas, lo más atractivo sucede cuando descubrimos que el asesino no es el mayordomo, sino, por ejemplo, el narrador de la historia. Al llegar a la página 797, nos damos cuenta de que estuvimos en un “magical mystery tour” tan fascinante como el de las canciones que lo inspiraron. Si bien es cierto que los protagonistas de los tres libros (sí: estamos hablando de una gran trilogía beatle) son los mismos, de todas maneras las fuentes distan de ser iguales, y eso hace que cada relato se convierta en una nueva experiencia. El de McCartney ya ha afilado todas sus herramientas para asegurar que se trata de un rompecabezas que configura un nuevo paisaje.

Una vez que Norman se ha “liberado” de las explicaciones en su prólogo, pasamos a un efectivo primer capítulo escrito con recursos que satisfacen tanto a los lectores mayores como a los jóvenes beatleómanos que no habían nacido cuando la banda ya estaba muerta: el narrador se instala en un bus de aquellos que recorrían Liverpool siguiendo las señas de la banda, y poco a poco comienza a comparar la ciudad de hoy con la pequeña población de la posguerra en la que nació The Beatles. Hay allí de todo: las primeras 400 páginas se concentran en la prehistoria y en la epopeya de los Fab Four. Cuenta cientos de anécdotas, unas conocidas; la mayoría inéditas. Destaco solo una: cuando la histeria se instaló en Inglaterra a causa del éxito de “She Loves You”, el flemático Mr. McCartney le pidió a su hijo que cambiase los “muy americanos yeah yeah yeah” por los “más británicos yes yes yes”. Otra hubiera sido la historia sin este pequeño cambio. La pericia de Philip Norman consiste en saber tejer la colección de curiosidades, en un contexto mucho más profundo, con el conocimiento de la realidad británica y, por extensión, con lo que The Beatles significaron para el planeta.

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El autor se enfrenta al desafío de no contar con la voz de su protagonista. Sin embargo, recurre a las trampas felices de la novela, de tal suerte que su libro se convierte en un fresco à la manière de Dickens, donde la verosimilitud interna nos hace olvidar que estamos ante “una interpretación” de la vida de un artista. En la biografía de Norman, uno sigue enganchado porque él se las arregla para llevarnos por las carreteras de la vida de McCartney desde muchas miradas, no solamente las de “sus años como Beatle”, sino las de su producción entre 1970 y 2015, manteniéndonos en vilo con una premisa nunca citada: ¿por qué Paul McCartney nunca muere? Es sabido que, hacia 1967, corrió el rumor de un accidente de tráfico en el que el bajista desapareció entre las llamas, asunto que dio origen a la inolvidable obra maestra “A Day in the Life”, de Lennon/McCartney. La historia tiene muchos matices, y Norman se encarga de alimentar su verosimilitud al desmontarla con altura; quizás al seguir la premisa de Bill Wyman, el exbajista de The Rolling Stones, quien recomendaba: “Que la verdad nunca empañe una buena historia”. Para Norman, otra de las razones del triunfo de McCartney es que se trata de una especie de “muerto viviente”, obsesionado por el trabajo, necesitado de los escenarios como una manera de superar su inseguridad incurable, lleno de facetas oscuras (sus adicciones, sus amores, su visión de los negocios), pero triunfante gracias a una intuición sobrenatural para hacer de la música una sagrada herramienta que todo lo perdona.

Sobre la relación de Lennon con McCartney hay muchas aristas. El libro relata la historia desde el momento en que se conocieron, el 6 de julio de 1957, en la iglesia de Woolton, donde se encuentra la tumba de una tal Eleanor Rigby. Lennon era una suerte de teddy boy, atravesado y tropelero, mientras que McCartney, a pesar de su entusiasmo precoz por el skiffle y el rock and roll, siempre tuvo buenas maneras, tratando de no incomodar a su padre, quien lo educó para no traicionar a su difunta madre Mary (murió cuando Paul tenía trece años). Lennon, por el contrario, era un gamberro. O al menos eso quería aparentar, tanto entre los adultos como entre sus contemporáneos. Según afirma Norman, en las sesiones colectivas de masturbación de Lennon y sus secuaces, todos gritaban los nombres de sus actrices de cine predilectas y, en el momento de los orgasmos, el joven John aullaba “¡Winston Churchill!”, para que las carcajadas interrumpieran el entusiasmo.

Aunque con el correr de los tiempos el imaginario cliché bad John vs. handsome Paul (el malvado John vs. el apuesto Paul) terminó por imponerse, los calificativos no eran exactos. McCartney no solo fue el compositor de las dulces baladas por las que se le reconoce, sino el responsable de los más fieros himnos de The Beatles y posBeatles, tipo “Helter Skelter” o su reciente colaboración con los herederos de Nirvana. Esta dualidad, al parecer, se ha mantenido a lo largo de su vida. Cuando se fueron a Londres, cuando la histeria de la beatlemanía convirtió a Liverpool en un entorno demasiado estrecho, McCartney vivió casi todo el tiempo en la casa de los papás de su novia, Jane Asher, quienes lo apoyaron en su educación británica. Pronto el adorable Paul se interesó por el teatro, el ballet, el arte contemporáneo y la música aleatoria. Pero, al mismo tiempo, comenzaría su estrecho matrimonio con las drogas. Nadie imaginaría que fue el mismísimo McCartney quien en 1965 le dio a probar la marihuana al “sucio” Mick Jagger. La marihuana, por lo demás, fue una fiel compañera de viaje del dulce Paul hasta el desenlace siniestro en Japón, el 16 de enero de 1980, cuando le descubrieron 218 gramos de cannabis, lo que resultó en nueve días de prisión y le hizo replantear su vida como artista en solitario. En la biografía, Norman cuenta en detalle qué pasó durante su encierro en ese país, donde debió cantarle a un jefe de la Yakuza una versión a capela de “Yesterday” (y otras tres canciones) para mantenerse con vida.

Cada cierto tiempo, Norman reflexiona sobre el complicado dilema de Paul, quien debía elegir entre su vida de estrella solitaria (como miembro de la Lonely Hearts Club Band) y el trabajo en equipo. Tras la tortuosa separación de The Beatles en 1970, la biografía se concentra en las razones de fondo que obligaron a la caótica separación del cuarteto. La presencia de Linda Eastman, la nueva esposa de McCartney, fue determinante en dicho periodo. La aparición de su primer álbum solista, titulado a secas ‘McCartney‘ (1970), en el que el músico toca todos los instrumentos, fue el puntillazo final para el entierro de The Beatles (así como ‘McCartney II‘ marcó el fin de Wings en 1979). No obstante, la década de los setenta sería, una vez más, una época colectiva. Entre 1971 y 1979, con siete álbumes y grandes giras, los Wings tendrían bajo su peso el hecho de ser “la banda de Paul McCartney”, asunto que el guitarrista Denny Laine y el resto de integrantes aceptaron a regañadientes. Casi lo mismo ocurrió en sus inicios, cuando algún manager inspirado propuso que el grupo se llamara “Paul McCartney and The Beatles”, puesto que su talento y su belleza siempre sobresalían. En el libro se evidencia que, finalmente, el músico se ha visto obligado a ser el sol de su propia galaxia.

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FINAL FELIZ

Paul McCartney durante el festival Desert Trip. 8 de octubre de 2016. Indio, California. Foto: Kevin Mazur | GettyImages

Tras la muerte de Linda, McCartney ha tenido que reinventarse, y ha pagado con sangre y libras esterlinas ese esfuerzo. Eso lo sabe Norman, por lo que consagra buena parte de su libro a la desastrosa relación con Heather Mills entre 2002 y 2008: ochenta páginas llenas de desconcertantes episodios de melodrama, mitomanía y batallas legales, hasta el punto en que el lector se pregunta cómo diablos hizo el infalible McCartney para terminar metido en ese fracaso anunciado. En la biografía, la música pasa a un segundo plano y parecería que los álbumes y giras de aquella época hubiesen sido opacados por la pesadilla de su matrimonio. Pero “Macca” no se detuvo. En el nuevo milenio llegó a su concierto número 3000 en San Petersbugo; además, se lanzó el musical ‘Love‘ del Circo del Sol y aparecieron discos preciosos como ‘Chaos and Creation in the Backyard‘ y ‘Memory Almost Full‘. Cuando se tiene una obra de 25 álbumes de estudio, cuatro de música clásica, un ballet, siete experiencias de música electrónica, sin contar compilaciones, álbumes en directo o música para el cine, el derrotado biógrafo tiene que empezar a escoger sus prioridades.

La “novela” de McCartney, al menos por ahora, tiene un final feliz, tanto para su autor como para su protagonista. Quizás por ello, especula Norman al final de su aventura, McCartney aceptó su propuesta. Al músico siempre le ha interesado estar en el centro de las atenciones, desde los tiempos de The Quarrymen hasta su regreso glorioso a Liverpool, en 2015, momento en que Norman se encontró con sir Paul tras bambalinas, cuando el libro ya estaba terminado y a duras penas se saludaron con británica amabilidad. Tanto Norman como McCartney practican el escándalo como una de las bellas artes; la vida de Cristo es más interesante contada por el demonio que por San Pablo. McCartney ya sabe que está más allá del bien y del mal, que morirá sobre un escenario y que, mientras atraviesa el mundo o publica discos (su nuevo álbum, ‘Egypt Station‘, aparece en septiembre de 2018), hay que mantener ardiendo el fuego de la leyenda.

‘Paul McCartney: la biografía‘ ha aparecido en español en una cuidada edición de Malpaso. No es el único libro consagrado al compositor, pero sí es el más equilibrado con los tiempos que narra, y uno con tesoros propios: los testimonios de primera mano, conseguidos gracias a “la autorización tácita” de su héroe. Norman logra, a pesar de todos los obstáculos, construir un fresco totalizante sobre su generación, con un texto que va más allá de la antología (Anthology) producida por los mismos The Beatles, y que pretende, a su manera, acercarse a lo que Martin Scorsese hizo con ‘Living In The Material World‘, su extenso documental de 2011 sobre George Harrison. Más allá del periodismo gonzo que a veces se le ha criticado (donde el escritor termina siendo más importante que su protagonista), la biografía de Paul McCartney por Philip Norman es una inmersión fascinante que nos invita a incorporarlo, sin complejos, en los estantes de la gran literatura.

* Escritor, docente y realizador. Autor de Género y destino (U. Distrital, 2017)

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