Idan Raichel fusiona 'jazz', baladas, electrónica y música tradicional etíope y sefardí. Foto cortesía Eldad Rafaeli. Idan Raichel fusiona 'jazz', baladas, electrónica y música tradicional etíope y sefardí. Foto cortesía Eldad Rafaeli.

Idan Raichel, peligrosamente político

Este reconocido representante de los nuevos sonidos de Israel se ha pronunciado varias veces sobre los conflictos de su región, sin ser claro, sin embargo, sobre su postura ante la delicada problemática entre Israel y Palestina. Su mensaje, el de una unidad posible a través de la música, no ha sido ajeno a la controversia.

2018/06/26

Por Juan Pablo Conto* Bogotá

En 2008, en un aeropuerto en Alemania, un músico judío con un turbante negro, del que caían rastas hasta la mitad de la espalda, se acercó a un musulmán de África Occidental para decirle que estaba dispuesto a abandonar su banda si lo aceptaba como tecladista en la de él, sin recibir dinero a cambio. El encuentro fue entre el israelí Idan Raichel y el músico maliense Vieux Farka Touré, que, con un sonido más rockero, sigue el linaje de su padre Ali Farka Touré, gran guitarrista y una de las figuras más representativas de la música africana. Para Vieux ese fue un encuentro con “un hippie loco que, sin embargo, proyectaba mucha seguridad”.

Ya en 2010, cuando Raichel era curador de una serie dedicada a la denominada “world music” en la Casa de la Ópera en Tel Aviv, Israel, Vieux y su banda fueron invitados a tocar. Los dos artistas intercambiaron riffs en el escenario y luego se metieron en un pequeño estudio a improvisar y a grabar. Ahí estuvo también el bajista y productor isrealí Yossi Fine, exlíder del grupo de reggae y funk Ex-Centric Sound System, quien además ha colaborado, grabado o producido a artistas como Lou Reed, Rubén Blades, David Bowie y Brian Eno. El resultado, con mínima planeación y mucha improvisación, fue la primera sesión de Touré-Raichel Collective, una agrupación que hoy recibe buenas críticas de varios medios especializados, tanto por sus sonidos como por el simbolismo de que un musulmán y un judío trabajen juntos.

Idan Raichel nació en 1977 en Kfar Saba, una ciudad del Distrito Central de Israel ubicada al lado de la Línea Verde, que la separa de la ciudad palestina de Kalkilia; por ese solo hecho, ha sido un blanco frecuente de ataques. Viene de una familia con raíces en Europa Oriental. Su abuelo tocaba la mandolina; su madre, el acordeón, y su padre llegaba todas las semanas con vinilos a su hogar: de música brasileña a folk norteamericano y los éxitos israelíes del momento. Los sonidos gitanos y el tango fueron sus dos primeras pasiones y el acordeón, siguiendo los pasos de su madre, su primer instrumento. Más tarde, cuando empezó a estudiar jazz, lo dejó por los teclados.

En 2002, luego de participar en proyectos de otros artistas, como el del cantautor de música popular isrealí Ivri Lider, grabó su primer sencillo en el sótano de sus padres y lo envió a Helicon Records, un relevante sello discográfico de Israel que lo puso a sonar en la radio comercial. “Si ponías atención, en el demo podías oír puertas cerrándose y hasta perros ladrando”, recordaría Raichel tiempo después en una entrevista con la cadena de televisión Al Jazeera.

Esto derivó en el primer álbum (homónimo), The Idan Raichel Project (2002), que contó con la participación de 70 amigos y colegas de Israel. En él, Raichel integró sonidos tradicionales árabes de Etiopía, en África, y Yemen, en Oriente Medio. El público de su tierra natal lo abrazó inmediatamente, y con el tiempo también la comunidad judía esparcida por el mundo. Con sencillos como “Boi”, “Im telech” y “Medabrim Besheket”, Idan Raichel llegó al mainstream y se convirtió en la cara de los nuevos sonidos de Israel.Pero con su fama también vino la controversia. En 2009, durante una entrevista en Tel Aviv en el Canal 24, Raichel criticó a los artistas y personas que, para oponerse al servicio militar obligatorio, mentían en los exámenes médicos. Varios colegas lo criticaron. Tiempo después, en otra entrevista publicada en The New York Times señalaría que en la búsqueda por ese objetivo, más que mentir, deberían trabajar por cambiar la ley.

Idan Raichel prestó servicio militar a los 18 años. Se unió entonces a la banda de rock del ejército, fue de gira por bases militares y ganó mucha experiencia en producción de espectáculos (hoy es famosa la alta calidad de sus conciertos). Y fue después de estos tres años que por un asunto estético se dejó crecer los dreadlocks que por mucho tiempo lo caracterizaron.Después de prestar servicio militar, fue consejero en un internado de jóvenes inmigrantes donde empezó su acercamiento con las tradiciones etíopes. Intercambiaba cassettes de canciones de Mahmoud Ahmed, Aster Aweke y Gigi, todos músicos de ese país. Esto lo llevó a frecuentar bares que pusieran ese tipo de música y a viajar posteriormente a Ruanda y Etiopía con Save a Child’s Heart, una organización israelí que trata problemas cardíacos en pacientes jóvenes de países en vías de desarrollo.

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En 2006, el documentalista Tomer Heymann lo siguió en su gira de conciertos por Etiopía para grabar el documental Black Over White, una pieza que explora la ambivalencia cultural y el racismo en Israel.El propio Idan Raichel, que viene de una familia secular pero creció rodeado de comunidades ortodoxas que dice respetar profundamente, ha cuestionado dichas tensiones culturales y la manera como la juventud que emigra a Israel, en el afán de mimetizarse en la sociedad, pierde sus tradiciones. El racismo lo ve como una reacción humana que responde a la ignorancia y juzga tajantemente a quienes lo “enseñan”.

Tocar donde se quiere

La ambigüedad de sus posturas lo ha envuelto en más de una polémica. Aquí va otra de ellas.En octubre de 1986, un avión isrealí lanzó una bomba en la ciudad de Sidón, en el Líbano, que presuntamente explotó antes de tiempo, obligando a los dos tripulantes a salir. Uno de ellos, Ron Arad, fue capturado por el movimiento chií libanés Amal, que más tarde lo entregó a Hezbollah, la organización islámica musulmana chií con un brazo político y otro armado.

Luego, en 1994, Mustafa Dirani, quien fue jefe de seguridad del movimiento Amal, más tarde expulsado y posteriormente fundador del movimiento Resistencia de los Creyentes, fue capturado por el ejército israelí, que lo usó como moneda de cambio. Al creer que él tenía información del paradero de Ron Arad, fue interrogado, sodomizado y torturado por un coronel que usaba el seudónimo Captain George. En 2004, Doron Zahavi declaró públicamente ser Capitán George y, aunque negó haber sodomizado a Dirani, pidió comprender que “era un hombre en una misión” y que por orden del Estado “todo estaba permitido”. Idan Raichel salió en su defensa acusando al gobierno israelí de convertir a Zahavi en un chivo expiatorio. “No me importa cómo obtuvo la información George (…). En lugar de recibir una medalla por su valor, se ve obligado a defender su nombre”. Luego declaró en una entrevista: “Si usted tiene una hija y alguien la secuestra, interrogará teniendo en cuenta que su vida está en riesgo (...) Haría lo que fuese necesario para saber dónde está y para obtener la información que le salve la vida sin importar si esa persona es musulmana, judía o cristiana”.

En 2007, Raichal se presentó en la celebración del aniversario número 40 de Gush Etzion, un grupo de asentamientos en el sur de Cisjordania que restringe el acceso de los palestinos a recursos agrícolas y culturales, cosa que, para varios sectores de la Comunidad Internacional, es ilegal a la luz del Derecho Internacional. Raichel respondió que el hecho de presentarse no significaba que estuviera a favor o en contra de lo que allí ocurría, y que los músicos deben poder tocar donde quieran.

Episodios como el anterior han puesto al artista en el ojo del huracán. Sin embargo, Raichel siempre ha buscado escapar de ello señalando que su interés es mostrar el crisol de culturas que convergen en Israel y que además el proyecto musical que dirige es más grande que él. Por sus filas han pasado alrededor de 150 músicos y colaboradores: la portuguesa Ana Moura, la cantante palestina-israelí Mira Awad, el contratenor alemán Andreas Scholl, la colombiana Marta Gómez, la italiana Ornella Vanoni, Cabra Casay de Sudán, Daby Touré de la República Islámica de Mauritania, y ha tocado incluso con Dave Matthews y Alicia Keys. Además, participó en el programa United Pianos en el que tocó una pieza a 22 manos con músicos de diferentes países.Los artistas con los que ha colaborado, dice Raichel, tienen posiciones políticas que van de derecha a izquierda, y aun así han logrado tender puentes entre culturas y pueblos precisamente mediante la música. “Nunca nadie ha abandonado el grupo por eso”, dice. Sus canciones, dedicadas al amor y la cotidianidad, tienen elementos litúrgicos judíos, un riquísimo repertorio lingüístico, versiones actuales de los sonidos tradicionales etíopes y una cadencia nostálgica que es el hilo conductor de toda su música.

En una columna de 2014 publicada en The Jerusalem Post, Raichel se declaró un embajador cultural de su tierra, agregando que en estos encuentros multiculturales “ve un Israel con el que se siente contento”. Con ese mensaje de unidad Raichel ha edificado su carrera artística. A la fecha cuenta con cuatro álbumes de estudio y una colección de tres discos de presentaciones en vivo. Como solista tiene dos producciones y el proyecto The Touré-Raichel Collective que, además de la de Tel Aviv, tuvo una segunda grabación en París en 2014. Su música se ha presentado en grandes escenarios del mundo y ha sido festejada por medios como Billboard Magazine.

Sin embargo, sus declaraciones han molestado a varios grupos activistas como el Movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), que desde 2005, inspirándose en la época del apartheid en Sudáfrica, busca boicotear las instituciones culturales y académicas de Israel y las personas vinculadas. Ellos perciben en el discurso de Raichel una conexión directa con la campaña lanzada en 2006 desde el ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, que busca apoyar artistas y músicos para mostrar una cara amable del Estado, distinta a la de la guerra. Incluso el cónsul general Andy David declaró en su momento que Idan era “el mejor embajador de Israel a través de su música y su discurso incluyente”.Esto, para muchos activistas, es una forma de distracción, y por eso han hecho plantones en varias de sus presentaciones, como ocurrió por ejemplo en Nueva York o en la Sala Caracol en Madrid. Incluso la colombiana Marta Gómez recibió algunas críticas por su colaboración con el artista.

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Raichel no niega que puede haber intereses políticos que recaen en él, pero insiste en que esa no es su agenda y reitera su invitación a crear un diálogo. Tras su regreso a España, en una entrevista para El Mundo, argumentó que al silenciar las voces de los artistas no es posible dialogar, y aunque entiende las protestas de los activistas, no está de acuerdo con el boicot.

Él dice comprender la causa palestina, pero también afirma que hay que tener mucho cuidado “con cruzar la línea que enardece el ambiente” y lo lleva al odio. “El conflicto es muy largo, tiene más de 100 años y no se puede entender solo con las noticias”, le dijo a ARCADIA. Por eso invita a la gente a Jerusalén, a hablar con judíos y palestinos, a cruzar la frontera de Siria y también de Irán. Solo así, según él, se puede tener un panorama más aterrizado.Quizás lo que muchos quisieran oír de él es una posición política concreta alrededor del conflicto árabe-israelí, que sin embargo es siempre escurridiza. “Mis posiciones políticas me las reservo”, le dijo a esta revista. También contó que vive a 45 minutos de Ali Amr, un colaborador palestino que hace parte del proyecto y con quien debe encontrarse en Nueva York por no poder cruzar las fronteras.

Ahora, con la cabeza rapada, dice estar ansioso por presentarse en Bogotá el 11 de julio y por encontrar lo que siempre busca en sus viajes: lo genuino y auténtico de una cultura, que para él es la cura de la guerra.

*Historiador y periodista dedicado a temas de cultura y conflicto en Colombia

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