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El ocaso del sandinismo

El poeta vivo más reconocido de Nicaragua, Ernesto Cardenal, vivía en su apacible retiro cuando lo pusieron en la picota pública debido a una condena judicial en su contra. El hecho se interpretó como una represalia del presidente Daniel Ortega. La cuerda entre los intelectuales nicaragüenses y el presidente se tensó tanto que acabó por romperse...

2010/06/30

Por Moisés Martínez

El pasado 25 de agosto era un viernes de rutina en la sede del Centro Nicaragüense de Escritores. Luz Marina Acosta se encontraba despachando algunas diligencias del miembro de la junta directiva de ese centro, el padre Ernesto Cardenal. Acosta es desde hace muchos años la asistente personal del sacerdote trapense, y fue a quien ese día le entregaron la notificación en la que se indicaba que Cardenal debía pagar una multa de 20.000 córdobas (un poco más de mil dólares). Según decía la cédula judicial, era culpable del delito de injuria en contra de un ciudadano alemán, casado con una ex funcionaria del gobierno del presidente Daniel Ortega y ferviente activista política a su favor, llamada Nubia Arcia.

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