La escritora colombiana Adelaida Fernández Ochoa convirtió a un personaje de ‘María’, el libro de Jorge Isaacs, en la protagonista de su más reciente novela: una mujer afro perdida en una novela blanca. La invitamos a escribir al respecto. La escritora colombiana Adelaida Fernández Ochoa convirtió a un personaje de ‘María’, el libro de Jorge Isaacs, en la protagonista de su más reciente novela: una mujer afro perdida en una novela blanca. La invitamos a escribir al respecto.

La ausencia afro en la Lista Arcadia: sobre un personaje negro y mujer

La escritora colombiana Adelaida Fernández Ochoa convirtió a un personaje de ‘María’, el libro de Jorge Isaacs, en la protagonista de su más reciente novela: una mujer afro perdida en una novela blanca. La invitamos a escribir al respecto.

2019/12/04

Por Adelaida Fernández Ochoa*

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La identidad como clave de la creación

Porque en Colombia faltan libros escritos por mujeres, vale asumir el reto, sobreponerse a ese vacío de letras femeninas. La oralidad nos forma, discurrimos pobladas de palabras, pero, ¿y la escritura? En la tradición escribir ha sido cosa de hombres. Quizá haya disentimientos, porque la plana de mujeres escritoras en la actualidad es amplia, pero aun así está en proceso. Apenas se manifiesta su enfoque, su discurso, el tono en sintonía con su espíritu.

Que la palabra femenina reivindique sus canales es necesario, y que en nuestro país una mujer negra protagonice una novela apenas está sucediendo. Aunque se cuentan con los dedos de una mano, ya hay novelas en las que esa mujer se narra. En la novela colombiana la mujer negra no se narra, es narrada, es otredad y ausencia de sí, también alter ego que llora las lágrimas que la otra, blanca y también otredad, no puede llorar; esa mujer sirve y es objeto sexual. Tal es el panorama que ofrecen varias novelas, entre fundacionales, posteriores y recientes: María, Manuela, El alférez real, La marquesa de Yolombó, Risaralda, Del amor y otros demonios, Las estrellas son negras, Changó, el gran putas, La ceiba de la memoria, Rencor. Y entre estas, ninguna fue escrita por una mujer.

El escritor, sin embargo, dejó intersticios por donde se cuela la fuerza y todo cuanto ellas tienen para revelar. O es la magia de la palabra, que obra maravillas y se queda incubando los sentidos para que otros los develen. Eso fue lo que me sucedió con la novela María. Quizá Jorge Isaacs solo tenía la intención de trazar un rasgo que contribuyera a significar la bondad del hacendado, el padre de Efraín, cuando decide jugarse la mujer esclavizada y comprársela al gringo. ¿Calcularía el autor la fuerza manifiesta en las palabras de Nay cuando ella dijo: “Si no quieres que ahogue esta noche a mi hijo, cómprame”? ¿Escribir que la mujer esclavizada manejaba una hacienda lechera fue un dato que Isaacs deslizó por las líneas para que, siglo y medio después, significara lo que yo pude leer? ¿O fue otro dato en ese caudal narrativo que por momentos se independiza del autor para labrar su polisemia?

Esa mujer de María inspira a la Nay de mi novela Afuera crece un mundo. La lectura canónica la refirió siempre como la nana de la protagonista, para darle la justa consistencia colonial, desvanecida. Solo María le otorgaba patente para ingresar en el imaginario lector. También la llamaba con otro nombre, no el propio, sino uno cargado de ironía: Feliciana. Su aparición en la trama central resulta esporádica, pero con ocasión de su muerte, Efraín narra su historia. Traducciones en otras lenguas prescindieron de esos capítulos, seis en total. Ninguna de las ediciones que conozco, publicadas en Colombia, los excluye, pero la lectura canónica sí les decretó el anonimato atando el personaje a la protagonista y llamándola con el nombre que le puso la hacienda esclavista. Eso equivalió, durante siglo y medio, a desaparecer su memoria, su género y su negritud.

Esa fue la revelación que obtuve de Nay al cabo de mis lecturas y aguzando los sentidos, la identidad entre ellos. Pero no solo este personaje refleja tal proyección. Cada una de las mujeres negras que aparece en la novela colombiana, a pesar de su condición secundaria, tiene un potencial que no solo amplía las posibilidades de la creación literaria, sino que invita a seguir explorando. Sin embargo, no aparecen, y eso desemboca en una pregunta simple: ¿por qué?

Me atrevo a afirmar que mujeres negras como protagonistas tienden a coincidir con autoras negras: Mayra Santos Febres, Maryse Condé, Conceiçao Evaristo, Ana Maria Gonçalves, Toni Morrison; mujeres de otras latitudes que escribieron desde la identidad. En consonancia con lo anterior, puedo dar testimonio de que a Nay solo fue posible rescatarla desde la memoria de la carimba y las consecuentes infamias inscritas en mi ADN.

*Escritora, investigadora y profesora colombiana. Su libro más reciente es Afuera crece un mundo, novela ganadora del premio Casa de las Américas 2015.

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