Diamela Eltit. Foto: Cortesía FILBO. Diamela Eltit. Foto: Cortesía FILBO.

‘Lumpérica’ de Diamela Eltit: uno de los trece libros más votados de la Lista Arcadia 2019

Una reseña de Giuseppe Caputo.

2019/12/04

Por Giuseppe Caputo*

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El abrazo a los desposeídos

“Una escritura que es capaz de espejear la calle y de catalizar las vibraciones de su época”, Nona Fernández. “Una artista integral que une su arte con las preocupaciones de los ciudadanos, con los desafíos de Chile, con los dolores de su historia”, Jorge Baradit. “Sus libros configuran, por sí mismos, tanto la demanda por una escritura de rupturas, innovación y agudeza como el diálogo con las vanguardias artísticas y políticas que recuperan la humanidad de los márgenes y cuestionan la violencia de los programas hegemónicos de dominación”, Julio Ortega.

En 2018, cuando Diamela Eltit (Santiago, 1947) recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile, muchos escritores y críticos –lectores en toda América Latina– celebraron el reconocimiento de su escritura radical.  Autora de obras como Lumpérica, El cuarto mundo, Vaca sagrada, Los vigilantes, Los trabajadores de la muerte, Mano de obra, Jamás el fuego nunca, Impuesto a la carne y Fuerzas especiales, Eltit ha dicho que la principal discriminación que experimentó cuando comenzó a publicar fue que sus libros “no se entendían”. Su estilo, dice, no se parece a lo que denomina “literatura dominante”. En Emergencias escribe: “Me ha interesado el divagar que permite la fragmentación, la pluralidad, la arista y el borde… La dispersión. Lo disperso será siempre aquello que se recorta como margen porque cuestiona los centros y su unidad”.

Marcados por la dictadura militar de Pinochet, sus libros contienen voces que imprecan contra el totalitarismo, el poder y la autoridad –voces delirantes y alienadas, lúcidas y marginales–. Así, en el centro de su propuesta estética y política, está la idea de que el cuerpo humano padece lo que la sociedad padece. El padre mío, por ejemplo, contiene la transcripción que hace Eltit de un hombre con esquizofrenia. “Chile entero y a pedazos en la enfermedad de este hombre”, explica. “Jirones de diario, fragmentos y exterminio, sílabas de muerte, pausas de mentira, frases comerciales, nombres de difuntos. Es una honda crisis del lenguaje, una infección en la memoria, una desarticulación de todas las ideologías”. 

Las protagonistas de sus libros son mujeres que se rebelan (o desean rebelarse) contra la represión (patriarcal y neoliberal). Tenemos, de esa forma, a la voz narradora de Los vigilantes, separada de su expareja, un funcionario de la dictadura: “Quiero convencerte de que tu saña ha motivado en mí una imagen admirable. Te mataré. Sí. Te mataré algún día por lo que me obligas a hacer y me impides realizar… Te mataré algún día para arrebatarte ese poder que no te mereces”. 

En ese paisaje literario –en esas atmósferas asfixiantes, injustas y dolorosas–, brillan conmovedoramente individuos y multitudes que buscan una reparación psíquica y colectiva. Como en El infarto del alma, obra en la que Eltit escribe sobre su viaje a un hospital psiquiátrico a las afueras de Santiago: “Me besan y me abrazan hombres y mujeres ante los cuales debo disimular la profunda conmoción que me provoca la precariedad de sus destinos”. O como en Sumar, libro que profetizó el actual alzamiento popular chileno (y latinoamericano) al narrar la marcha de vendedores ambulantes hacia “la moneda”: “Camino buscando la moneda en un día desfavorable, una moneda para mis hijos que están adentro organizando un frente público, alineados con sus bombos listos para iniciar una impecable y ruidosa batucada de protesta”. Junto con su consternación y preocupación, el abrazo de esta autora a los más desposeídos.

*Escritor y director de la Maestría en Escritura Creativa del Instituto Caro y Cuervo. Su novela Un mundo huérfano acaba de ser traducida y publicada en Inglaterra por Charco Press.

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