Idea Vilariño (Montevideo, 1920–2009). Idea Vilariño (Montevideo, 1920–2009).

‘Poesía completa’ de Idea Vilariño: uno de los trece libros más votados de la Lista Arcadia 2019

Una reseña de Felipe Sánchez Villarreal.

2019/12/04

Por Felipe Sánchez Villarreal*

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Su fuego susurrando

Las palabras de Idea Vilariño (Montevideo, 1920–2009) caen golpeando, dolorosas, terribles, repentinas, pausadas. Mejor: se le van cayendo una a una, se las arranca con dolor como la piel que le ablandaban y quitaban a jirones en una bañera, a raíz del eczema que la atormentaba, y que le dejaba el cuerpo en carne viva. El cuerpo de su obra es como su cuerpo: un tejido que se deshace y busca contenerse con dureza como un jazmín sediento. La anatomía de versos, desde su redondez, síntesis y caída, hablan de un agudo deseo de muerte, de la soledad como su consecuencia, del negro y la nada, y, derramándose sobre todo, de un amor llamado desde la sombra / desde el dolor.

Algunos críticos han visto los itinerarios de ida y vuelta de la poesía de la uruguaya como un hilo indeleble entre un cuerpo textual y un cuerpo biológico: un pasar de la piel a la página. Idea Vilariño, la sobreviviente de una familia de enfermos crónicos y muertos tempranos –como lo describió la periodista Leila Guerriero en su famoso perfil– puso esa entraña suya, que ardía tanto, al filo de la palabra. Leer el conjunto de su Poesía completa deja ver, como anticipaba desde sus poemas tempranos, el desmembramiento hacia su desnudez total, que al final de su vida dejó en dos líneas: Inútil decir más / Nombrar alcanza.

La de Idea Vilariño es una poesía en negación, en pérdida, que dice no más o no debiera escribirlo o no te amo o no llames que no hay nadie. Con los años, una escritura que aún jugaba desde la herencia subvertida de la veta modernista se volvió filosa, dura, implacable. En sus poemas supo quitarle brillo a la luz para hablar de sí misma: volverla opaca, fría. Hizo de las estrellas témpanos y con ello sublimó su soledad, su rigor, su tristeza, su estar siempre en ausencia. Yo estrella fría. Llama helada. Luz rechazada.

Idea, que firmó así sus primeros libros –sin su otro nombre, Elena, y sin su apellido–, es la poeta de la pérdida y la borradura. Depuró el verso a partículas minúsculas: Ser, No, Nada, Siempre, Supongo. Escribió, lo mismo al amor que a sus poemas: Aquí / lejos / te borro. / Estás borrado. Y en el fondo del pozo de su escritura, como condensación de su austeridad y su vida, lo ineludible pero añorado: la muerte. Muerte vivida y esperada, que desde sus veinticinco, cuando ya habían muerto su madre, su padre y su hermano mayor, no abandonó como el más feroz de los deseos: Quiero morir. No muero o Ven muerte ven que espero o Andar diciendo muerte o, al final, Me voy a morir.

Sucedió en 2009. Diez años después, sus lectores seguimos guardando las trescientas páginas de poemas que dejó como un ramo de flores oscuras en el pecho.

*Profesional en Estudios Literarios y editor digital de ARCADIA.

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