Paulo Monsalve Paulo Monsalve

¿El adiós de los tipógrafos?

En una encrucijada se encuentran unos trescientos trabajadores de uno de los oficios más tradicionales del centro de Bogotá. El Centro de Artes Gráficas Ayacucho, ubicado en un viejo cine del mismo nombre, será demolido para darle paso a un proyecto urbano que busca agrupar la sede del Gobierno Nacional en el centro histórico de la ciudad. ¿Quiénes son estas nuevas víctimas de la gentrificación?

2014/03/21

Por Lina Vargas*

Fidel Martínez conoció el Teatro Ayacucho hace sesenta años. Tenía doce y se escapaba del colegio para ver la película de las diez de la mañana. El Teatro había sido construido por la firma de arquitectos Cuéllar, Serrano y Gómez en la esquina de la carrera novena con calle séptima en Bogotá y abierto en 1945. Aún hoy, si uno se para en el andén del frente y se fija en la taquilla, las puertas con ventanas circulares, las esquinas de bordes redondeados y el techo semicircular, puede imaginar el edificio en todo su esplendor. En 1992, Martínez decidió comprar el Ayacucho. Durante años se había dedicado a la industria del pan y uno de sus mejores clientes, el dueño de la Cigarrería Valle, era vecino del teatro. Como había ocurrido con la mayoría de salas de cine del centro de Bogotá, el Ayacucho ya no funcionaba. El negocio del pan tampoco estaba dando ganancias, así que Martínez se asoció con su cliente y le hizo una oferta al propietario del teatro, que en ese momento era Cine Colombia aunque, en realidad, decenas de indigentes habían tomado posesión de él. Sin sillas, el teatro es una bodega inmensa de techo alto con vigas de madera que lo atraviesan, lámparas industriales y una escalera angosta hasta la antigua sala de proyección que es hoy la oficina de Martínez. Al comprarlo, Martínez lo arrendó a un vendedor de papel y en el 2000, tras la construcción del Parque Tercer Milenio, los tipógrafos y litógrafos de esa zona se trasladaron allí.

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