'Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)'. 441 páginas. Vasto Roto Ediciones. 'Pájaros de sombra. Diecisiete poetas colombianas (1989-1964)'. 441 páginas. Vasto Roto Ediciones.

17 poemas de 17 poetas colombianas

ARCADIA comparte un poema de cada una de las poetas reunidas en la antología ‘Pájaros de sombra, diecisiete poetas colombianas’, publicada por el sello español Vaso Roto y realizada por la poeta y profesora de literatura Andrea Cote Botero. Las 17 mujeres, nacidas en diferentes regiones de Colombia entre 1989 y 1964, muestran el interesante y múltiple presente de nuestra literatura.

2019/07/19

La luz inútil

María Gómez Lara (Bogotá)

La soledad es estar ahora entero

Arturo Carrera

qué extraña completud

ya sin relojes
ni calles cerradas

qué extraña completud el aire abierto

la sola luz
la luz inútil

al fin sin nudo ciego

para qué ver si nada que alumbrar
de este equilibrio hueco

ningún nombre
ningún árbol

ningún edificio torpe que vaya a derrumbarse

para qué el estupor suspendido
si no hay dónde caer

Cada latido…

Yenny León (Medellín)

Cada latido
es un autoataque:
el corazón golpea contra el corazón

con el árbol
ocurre algo distinto

su corazón 
por encima del agua corrompida
es fuego meditativo 
hambre congelada. 

Podría leer...

Tania Ganitsky (Bogotá)

Podría leer una hora más sobre Emily Dickinson, o quizá uno de sus poemas. Mejor trataré de olvidar uno para asombrarme de nuevo y hacerle miles de preguntas. ¿En qué aguas pescas las palabras? Mientras esperas a que muerdan el anzuelo, ¿te distraen las medusas que flotan alrededor? ¿Las muerdes tu primero? Empecé a escribir este poema para olvidar uno tuyo y el oleaje nos aproximó. Mira lo cerca que estamos: el barco averiado en que saliste a pensar se hunde justo aquí y no sé si nos salvamos. 

Tarde de domingo en el Museo de Historia Natural 

Gloria Susana Esquivel (Bogotá)

Vi elefantes marinos meditando,
                      suspendidos sobre el vidrio como monjas místicas

Contemplé sus vientres como si de ellos se descolgara el cielo

Vi mariposas convirtiéndose en orejas,
libaban partículas tóxicas

Mientras descamaban el contorno de sus alas
un hombre cantaba:

                                                                  las mariposas
                                                                  
son peligrosas
                                                                  
no te confundas
                                                                  
con su belleza

Vi al sol morir por dentro,
en esa explosión fui supernova extinta
                                         
    Descreí ser 14% polvo de estrellas.

Una anémona se extendió sobre las cabezas
Sus tentáculos, los noodles que comimos en un restaurante thai cerca del museo

            El cielo, querido Frank, seguía despejado

Mudanza

Bibiana Bernal (Calarcá)

De este lado
no se oyen sollozos
ni pasos en la habitación.
Por la ventana no entran ramas.
En la pared no se estampan siluetas.
A ninguna hora viene un perro a saludar.
En esta cama no duerme un abismo.
La luz no se apaga en mi rostro.
Aquí, como allá, nadie dice mi nombre.

del porno y las babosas

Fátima Vélez (Manizales)

no hay porno capaz de igualar
el apareamiento de las babosas

una afirmación sustentada
en no tener babas suficientes
para hacerle saber al otro
a los otros
las ganas que tenemos de que nos muerdan una oreja
que nos metan la punta de la lengua
en orificios donde no cabría
ni el más extraviado de los hongos

las babosas en cambio
ah, las babosas
sus falos
translúcidos nórdicos azules
aprietan retuercen
giran blandos fecundos
saboreándose como la luz en el color
se lanzan al vacío
en un salto tal vez mortal
tal vez amortiguado
por los ángeles protectores
del porno y las babosas

Trazas el paisaje...

Luz Andrea Castillo (San Andrés)

Trazas el paisaje
henchida haces la faz
pero la noche
la que te hace ilegible
sin una extremidad
sin agua en qué llorar
pero la noche
la que te coge las manos
y te borra

unos papás...

María Paz Guerrero (Bogotá)

unos papás le dan a su hija de 9 años una canasta con 120 huevos. esa hija la lleva en la silla de atrás y la aprieta con fuerza. esa hija tiene ganas de orinar. no soporta más. le quema. esos papás paran el carro. esa niña hace un movimiento brusco al salir y la canasta se resbala.

120 huevos desparramados por el piso.

un mazacote de cáscaras yemas y polvo. así son las ideas. 

Salta del níspero...

Carolina Dávila (Bogotá)

Salta del nísper
al matorral

observa desde abajo
-con sus siete años y sus grandes ojos-
el fruto luminoso y redondo

antes de caer
de estrellarse
y no ser más
que
cáscara          y           pulpa
            desparramada 

A una sombra

Lucía Estrada (Medellín)

Sueño teñido por la locura: noticias de barcos perdiéndose en la lejanía, dolor de sal que habla a través de las bocas de las mujeres. En las manos de alguien leo su desamparo. Noticias ahora fragmentadas como antes lo estuvieron sus cuerpos.

Reaparecen, nos miran. Todas las posibilidades del horror reunidas en el espasmo de saberlos vivos en algún lugar respirando un aire de ceniza que los lleva lejos, más lejos que la muerte.

Alguien grita sus nombres, pero es a nosotros a quienes llaman. 


Patria

Camila Charry Noriega (Bogotá)

El niño recoge espigas de sol.
Vuelve sereno y cantando por el campo.
Revienta sobre su cuerpo el fusil del asesino;
lo embiste la noche.
Vuelan por el aire sus ropas como banderas
de una patria con cualquier nombre. 

Una palabra brilla en mitad de la noche

Catalina González Restrepo (Medellín)

Después de tanta oscuridad en el mundo
e imponentes rutinas diarias,
algo nos llama.

Más allá del laberinto escalonado,
del recorrido incesante,
nos espera la palabra. 

Carta

Sandra Uribe Pérez (Bogotá)

Por medio de la presente
yo Dios
certifico que:

Como pescado
No hago las tareas
No manejo despacio
Duermo cinco horas
Me gusta Bach
No tengo buena ortografía
Soy hateo

La libertad

Beatriz Vanegas Athías (Majagual)

¿Qué ocurre al llegar la noche
y la sorda se acuesta boca arriba
y con la luz trocada en oscuridad
mira hacia el techo renegrido?

¿Es el vacío?
¿Es la nada?
¿Es el infinito?
¿Es la libertad?

Pequeña canción coreana

María Clemencia Sánchez (Itagüí)

Seguirá el corazón
La senda infinita de la alegría,
La brisa que trae el rumor
De la paz y el vuelo de la flor.
Los campos, verdes y frescos,
Verdes y nuevos,
Alientan el rojo sol de mis pasos.
Seguirá el corazón
La senda infinita de la alegría
La senda infinita de la mañana. 

Abisag

Gloria Posada (Medellín)

Mis dedos se deslizan
por mis cabellos
como solían hacerlo en el agua

Solo faltan en el cielo
los pájaros del mar

En los labios de la noche

Yirama Castaño (Socorro)

Hay algo ahí
          en los labios de la noche
en la estela de sus horas
en lo profundo de su cráter
                                  que me llama

Hay algo que se acerca
          en la larga espera,
                             una luz a la deriva
aparece en la montaña

Hay algo ahí que yo no veo
          un poema
                    un soplido
                    
una hebra de vida
                    
una pestaña.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en REVISTA ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 167

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.