Roberto Fernández Retamar dando un discurso en la Casa de las Américas. Foto: AFP. Roberto Fernández Retamar dando un discurso en la Casa de las Américas. Foto: AFP.

Adiós a Roberto Fernández Retamar: un homenaje y tres poemas

El poeta e intelectual cubano falleció este sábado en Cuba a los 89 años. Con tres de sus poemas nos unimos al luto por uno de los pensadores más importantes del continente.

2019/07/22

El poeta e intelectual cubano Roberto Fernández Retamar falleció este sábado en la isla a los 89 años, informó la Casa de las Américas, institución cultural con sede en La Habana que él presidió desde 1986.

"Hay luto en la casa de la intelectualidad latinoamericana, en Cuba y en nuestra América. Retamar ha muerto (...) Querido Roberto, gracias por dejarnos obra, lucidez y compromiso", escribió en Twitter el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel.

Nacido en La Habana un 9 de junio de 1930, Retamar, como se le conoce en Cuba, fue poeta, ensayista y promotor cultural. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1989, integró la Academia Cubana de la Lengua y fue miembro correspondiente de la Real Academia Española.

La obra de Fernández Retamar se ha traducido y publicado en muchos idiomas en América y Europa. Colaboró en las publicaciones francesas Les Lettres Nouvelles, Esprit, Europe, y Les Lettres Françaises. Bachiller en Ciencias y Letras del Instituto de La Víbora, en La Habana (1947), se doctoró en 1954 en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Tuvo cursos en La Sorbona (1955) y en la Universidad de Londres (1956). Fue doctor en Ciencias Filológicas, profesor honorario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Perú (1986) y doctor honoris causa de las Universidades de Sofía (1989), Buenos Aires (1993) y Universidad Central de Las Villas (2011).

La Casa de las Américas consideró su muerte como "una pérdida irreparable para la cultura cubana", y dijo que desde su aparición en la literatura en 1950 "fue abriendo cauces y marcando hitos en la poesía de lengua española", según un comunicado. Una de sus obras cumbres es el ensayo "Calibán" (1971), en el que reflexiona sobre la cultura y la identidad problemática de Latinoamérica y el Caribe, así como "Para una teoría de la literatura hispanoamericana".

Fernández Retamar fue también miembro activo de la revolución cubana de 1959. Entre 1998 y 2013 fue diputado de la Asamblea Nacional y miembro del Consejo de Estado. Tuvo una larga trayectoria docente y de editor. Asumió en 1965 la dirección de la Casa de las Américas, una institución cubana que divulga, investiga, auspicia y premia la labor literaria, musical y artística del continente. En 1986 se convirtió en su presidente.

Compartimos el luto y lo homenajeamos con tres de sus más bellos poemas:

Con las mismas manos

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela.
Llegué casi al amanecer, con las que pensé que serían ropas de trabajo,
Pero los hombres y los muchachos que en sus harapos esperaban
Todavía me dijeron señor.
                                                Están en un caserón a medio derruir,
Con unos cuantos catres y palos: allí pasan las noches
Ahora, en vez de dormir bajo los puentes o en los portales.
Uno sabe leer, y lo mandaron a buscar cuando supieron que yo tenía biblioteca.
(Es alto, luminoso, y usa una barbita en el insolente rostro mulato.)
Pasé por el que será el comedor escolar, hoy sólo señalado por una zapata
Sobre la cual mi amigo traza con su dedo en el aire ventanales y puertas.
Atrás estaban las piedras, y un grupo de muchachos
Las trasladaban en veloces carretillas. Yo pedí una
Y me eché a aprender el trabajo elemental de los hombres elementales.
Luego tuve mi primera pala y tomé el agua silvestre de los trabajadores,
Y, fatigado, pensé en ti, en aquella vez
Que estuviste recogiendo una cosecha hasta que la vista se te nublaba
Como ahora a mí.
                                 ¡Qué lejos estábamos de las cosas verdaderas, Amor, qué lejos —como uno de otro—!
La conversación y el almuerzo
Fueron merecidos, y la amistad del pastor.
Hasta hubo una pareja de enamorados
Que se ruborizaban cuando los señalábamos riendo,
Fumando, después del café.
                                                     No hay momento
En que no piense en ti.
                                          Hoy quizás más,
Y mientras ayude a construir esta escuela
Con las mismas manos de acariciarte.

El otro (enero 1, 1959)

Nosotros, los sobrevivientes,
¿a quiénes debemos la sobrevida?
¿quién se murió por mí en la ergástula,
quién recibió la bala mía,
la para mí, en su corazón?
¿sobre qué muerto estoy yo vivo,
sus huesos quedando en los míos,
los ojos que le arrancaron, viendo
por la mirada de mi cara,
y la mano que no es su mano, 
que no es ya tampoco la mía, 
escribiendo palabras rotas
donde él no está, en la sobrevida?

A mi amada

En el Día de los Enamorados, el domingo, he despedido a mi amada.
Subió al ómnibus de la mano de su compañero,
Que en la otra mano llevaba una guitarra remendada.
Se sentaron sonrientes en el primer asiento: ella ocultaba su tristeza con un giro 
          de sus bellos ojos,
Y él estaba ya proyectando aventuras, cacerías, veladas con música.
Los rodeaban nuevos amigos que aún ignoraban que lo eran:
Iban a empezar a conocerse en un largo viaje,
Cambiando de avión en Madrid, en Roma, hasta llegar a su destino,
Su destino de médicos durante dos años.
Fui a buscar una flor, o al menos una hoja de árbol,
Para dársela como hacía cuando ella regresaba cada domingo a su beca.
Pero el ómnibus empezó a ronronear, y tuve que regresar de prisa.
Mi amada había de4scendido y me esperaba en la calle.
Apenas nos abrazamos. No teníamos tiempo. Quizás tampoco teníamos fuerza.
Regreso a su asiento. Movimos nuestras manos en el aire del mediodía.
Sé que lleva en su maletín dos dólares y unos centavos y una novela alucinada.
Confío en que le duren los tres días del viaje.
Luego empezará su otra vida, su otra novela, de médica en África,
De médica en Zambia, adonde mi hija ha marchado,
En el Día de los Enamorados, de la mano de su gallardo compañero de barba 
          roja.
–Sé útil. Sé feliz. Este triste está orgulloso de ti–.
Te espero siempre, amada.

*

*Con información de AFP
¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en REVISTA ARCADIA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 169

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.