Carátulas: 'Vean vé, mis nanas negras' (izquierda) y 'Los últimos días del hambre' (derecha). Carátulas: 'Vean vé, mis nanas negras' (izquierda) y 'Los últimos días del hambre' (derecha).

ARCADIA recomienda: 'Vean vé, mis nanas negras' y 'Los últimos días del hambre'

Dos recomendados editoriales para este mes.

2018/08/03

Vean vé, mis nanas negras

Amalia Lú

Posso Figueroa

Ediciones Brevedad

196 páginas

Amalia Lú Posso Figueroa es una escritora del Pacífico colombiano. Las historias que oyó y vio en su ciudad natal, Quibdó, se convirtieron en 2001 en este libro, una colección de cuentos que llega a su novena edición. Las protagonistas son las nanas negras que tuvo en la infancia; y sobre todo, el ritmo de sus cuerpos. Cada narración habla de cómo ese ritmo nace, vive, salta, explota, seduce y coloniza el mundo. En cada nana, el ritmo habita en diferentes partes: las tetas, el pensar, los hombros, la lengua, el ombligo, el mirar, el corazón, el sentar, las axilas. La nana Mina “tenía el ritmo en el clítoris”, se lee en una de las historias. Y este salió y viajó “río arriba, río abajo, por el Baudó, el Buchadó, el Ogodó, el Ocaldó (...) dejó sus jugos en las aguas de muchos ríos”. Esta imagen del ritmo que sale del clítoris e inunda muchos cauces es precisa para hablar de una obra que, como la poesía de Jattin o Memoria por correspondencia, se ha vuelto un clásico por el efecto del voz a voz, la recomendación de un lector emocionado a otro. Por el ritmo más bello y elemental que provoca la lectura: compartir lo leído.

Juan de Frono

Los últimos días del hambre

Juliana Muñoz Toro

Planeta

175 páginas

“Comer, comer, comer es un dolor exquisito”. La más reciente novela de la escritora bogotana Juliana Muñoz Toro sigue los pasos de una joven comedora compulsiva que, tras un ultimátum de su médica, debe pasar cien días bajo una estricta dieta con la cual pretende recuperar el control de su insaciable cuerpo, diagnosticado con bulimia crónica. En capítulos cortos (las entradas del diario de su hambre), la protagonista elabora un relato escueto y desgarrado de la lucha contra su imparable pulsión por el alimento: la aridez de su ausencia, el vómito, la culpa, su imagen distorsionada. En ese vaivén entre la restricción y el despliegue de su voluntad devoradora, la narradora engulle desde todas las aristas los significados de su propia necesidad y nos los devuelve a manera de confesión.

Felipe Sánchez

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